miércoles, 7 de mayo de 2008

“Esculpiendo su joven historia”

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En los Estados Unidos, los estudiantes de cuarto y quinto grado de primaria tienen dentro de su pénsum académico una visita obligatoria a Washington, la capital de la Unión Americana. No importa que vivan en la Florida, en California, en Texas o en Nevada, niños y niñas de 9 y 10 años conocen el Acta de la Independencia, visitan el Museo de la Historia Americana, el Capitolio y la Casa Blanca, recorren los principales monumentos en memoria de sus personajes más ilustres y se acercan a las raíces de su cultura e identidad. Un viaje al interior de una democracia, que está más allá de personajes polémicos como Richard Nixon o George W. Bush y que trasmite a los visitantes la esencia de una nacionalidad y un estilo de vida, bueno o malo, pero propio.

Aquí, a duras penas nuestros niños, niñas y jóvenes saben como se llaman el gobernador o el alcalde municipal, y eso porque les tocó responder el cuestionario para alguna tarea. Con muy pocas excepciones, no conocemos quiénes han formado parte de nuestra historia local. En la Emisora Cultural de Pereira, algunos oyentes, y no sólo los más jóvenes, pensaban que “Remigio Antonio Cañarte” era el gerente de la estación radial.

Para los más avispados, “Gonzalo Vallejo Restrepo” es el nombre del auditorio de la Gobernación de Risaralda; “Oscar Vélez Marulanda” se llama el recinto de sesiones de la Asamblea departamental y “Jaime Salazar Robledo” será el nombre del colegio de la Ciudadela Tokio. Pero nadie sabe quiénes fueron esos señores y la importancia que tuvieron para la creación del departamento de Risaralda.

Estamos en deuda con la historia. Si seguimos así, “Emiliano Isaza” va a ser un plan de vivienda; “César Gaviria”, un puente atirantado; “Alberto Mesa Abadía”, un edificio patrimonial; “Jorge Roa”, un auditorio y “Enrique Millán Rubio”, una escuelita.

Y los hechos, las gestiones, las angustias, los discursos, los sueños frustrados y las esperanzas de esos seres humanos quedarán, víctimas del terremoto del olvido, reemplazados por un ladrillo, una placa, un aula, un par de libros de entrevistas y un recuerdo incompleto.

La identidad de un pueblo, de una comunidad, de un territorio, exige el reconocimiento de sí mismo, de sus razones, sus motivos profundos y la apropiación de la memoria histórica, del camino recorrido, de sus logros y derrotas, las alegrías y deudas.

Transcurridas cuatro décadas desde la creación del departamento de Risaralda y aprovechando que aún están vivas muchas de las viudas, familiares y allegados de quiénes lideraron la gesta cívica, es tiempo de pensar en el Museo de la Historia y la Política risaraldense. Un gran espacio abierto, interactivo y de innovación, en donde los estudiantes, los visitantes, los ciudadanos puedan reconocerse y enterarse de los hechos, protagonistas, intereses, antagonismos y circunstancias que rodearon la separación de los departamentos de Quindío y Risaralda, del Gran Caldas.

Más que el concepto de museo con olor a alcanfor, se debe crear un espacio vivo, de interacción con la historia y esas personas que fueron capaces de forjarla.

Por estas fechas en que se encuentran discutiendo el Plan de Desarrollo del departamento para los próximos cuatro años, vale la pena recordar que en muchos países del mundo, incluyendo varios de América Latina como México, Perú, Costa Rica y Brasil, se considera la identidad cultural como un elemento potenciador del desarrollo territorial.
Más que una vía, un puesto comunal, un andén o una sala de computadores, una sociedad trasciende, en la medida, en que los ciudadanos se sienten parte de una historia común, un origen compartido, una razón de ser. Es tiempo de establecer ese espacio colectivo, motivo de orgullo, “en jornada tenaz sin fatiga, y en función permanente de Patria”.
Un golazo a las palabras

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Parecería insólito, pero el producto más vendido en la actual Feria Internacional del Libro que se cumple en Bogotá no es una autobiografía, ni una novela histórica, ni una selección de poemas eróticos. Ni siquiera uno de los acostumbrados “best sellers” de las editoriales sobre los narcos, paracos, secuestrados, prepagos o corruptos de moda.

No. El producto impreso que se vende como pan caliente, en el pabellón infantil y juvenil de la feria, es la colección de afiches, a todo color, de los más destacados jugadores de fútbol del mundo. Para leer solo trae el nombre del futbolista y vale únicamente 200 pesos.

Las filas de niños, niñas y jóvenes compradores eran tan largas, que a los demás expositores se les notaba la incomodidad y la molestia. Al fin y al cabo, a cualquiera, criado entre los épicos poemas de Homero, los textos de Lope de Vega, las novelas de Hemingway, los ensayos de Saramago, el realismo garciamarquiano y los reportajes de Germán Castro Caicedo, no le cabe en la cabeza que Kaká, Cristiano Ronaldo, Ronaldinho, Lionel Messi, Samuel Eto´o, Carlos Tévez, Thierry Henry, Andriy Shevchenko, Ruud van Nistelrooy e incluso, Ronaldo, sin los tres travestis que se llevó de rumba, fueran a ser más taquilleros que los Premios Nobel de Literatura.

Aquí se evidencian dos problemas: uno económico y el otro cultural. Aunque nos digan a los cuatro vientos que es necesario aumentar los índices de lectura en Colombia, ese objetivo, encomiable por lo demás, es difícil de cumplir si se analizan los precios de los libros. Una familia que reciba dos salarios mínimos al mes, difícilmente puede comprar un libro de cuarenta o 50 mil pesos, así sean muy interesantes, bien escritos y estén exentos de Iva. El problema es que cuando a una persona le toca escoger entre comprar el mercado y adquirir un libro, no le importa que la carátula sea en pasta dura y las hojas en papel de arroz.

El otro aspecto es el cultural. Por falta de identidad, desconocimiento de nuestros propios valores y un poco de esnobismo, desde tiempo atrás, nos parece que todo lo que llega de afuera es valioso, llamativo, digno de mérito y reconocimiento, mientras que a lo nuestro lo hacemos a un lado.

Y el fútbol no es la excepción. Mientras la globalización permite que los partidos de la Liga de Campeones de Europa y los goles del Real Madrid, el Manchester, el Milán, el Barcelona y el Chelsea se vean en directo y en los noticieros, los juegos de la Copa Colombia y los de la Primera B, ni siquiera merecen mención en los medios informativos nacionales. Como quién dice es más fácil saber la tabla de clasificación en la Liga Premier inglesa y la diferencia de puntos entre el Valencia y el Valladolid, que las anotaciones y las afugias del Real Cartagena, el Unión Magdalena o el Centauros. Por eso el temor de volverse invisibles, si el Deportivo Pereira desciende a la Primera B.

Algunos dirían que la diferencia radica en la calidad futbolística y la alta cotización internacional de los jugadores y clubes más renombrados de Europa. Otros mencionan que si la mayoría de equipos colombianos de la Primera A son tan irregulares en sus campañas, ni siquiera vale la pena mirar a los que vienen detrás. Eso sin recordar, las menciones reiteradas a los capitales oscuros y ilícitos que han circulado con abundancia en el fútbol profesional y aficionado en Colombia.

En medio de ese panorama, se entiende que nuestros niños y niñas conozcan más fácil a Fernando Torres, Marco Materazzi o Didier Drogba, que a la Ministra de Educación, al escritor Héctor Abad Faciolince o a Policarpa Salavarrieta. O que muchos piensen que la ministra de Cultura Paula Marcela Moreno es levantadora de pesas o corredora de cien metros planos.

Después no nos quejemos por el periodista que le preguntó al escritor bogotano Álvaro Mutis si esa era su primera visita a Colombia.

lunes, 21 de abril de 2008

Una ración de música
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Jueves 17de Abril
El viernes pasado, la alcaldesa de Dosquebradas, que todavía ni es luz ni ensueño para sus ciudadanos, suscribió un convenio con el Ministerio de Cultura para crear la Banda Orquesta Municipal, que busca ofrecerles a los jóvenes, la música como una opción de vida, diferente a la droga y al delito.
Esa misma semana, una concejala de Pereira decía, con absoluta propiedad, que era partidaria de liquidar la Banda Sinfónica municipal, para que esos recursos se destinen a la compra de raciones alimenticias para los sectores más pobres. ¿Sensibilidad social o populismo? ¿Solidaridad o politiquería? Creo que un poquito de todo, incluyendo oportunismo y desconocimiento de la cita bíblica: “No solo de pan vive el hombre”.
Para algunos dirigentes, es más fácil pasarle cuenta de cobro a la comunidad por los almuerzos gratis o los complementos alimenticios. Para ellos, una orquesta, un violinista, un saxofonista, un virtuoso del oboe, no son rentables, no dan votos en el paupérrimo mercado de las minucias electorales.
Al fin y al cabo, no pueden regalarle “a sus líderes” dos docenas de sonatas para piano, seis kilos de música colombiana o tres litros de jazz latino. “Además a los músicos no los maneja nadie; de pronto, ni siquiera pagan la cuota mensual para sostener el directorio o, quizás, ni puedan ayudar con los trabajos de la finca” diría la concejala del movimiento “De corazón por Pereira”.
Sin embargo, más allá de esas percepciones personales y políticas, que respetamos así no estemos de acuerdo, existen referencias concretas de que la música es mucho más que los temas trillados que repiten la radio y los canales de televisión.
Experiencias como la Red de Escuelas de Música de las comunas de Medellín, que opera mediante convenio entre la alcaldía municipal y la Universidad de Antioquia, han demostrado que a través de la música –no solo la clásica o docta, sino la popular y la contemporánea- se pueden construir valores para la vida en comunidad, prevenir la violencia, promover la convivencia pacífica e integrar socialmente a sectores que habían sido excluidos política, histórica y culturalmente, de los procesos ciudadanos.
Veintiséis escuelas de música en las comunas de Medellín, con 4.200 alumnos entre los 7 y los 18 años han demostrado su impacto en las familias, en el entorno social y cultural y con resultados medibles en confianza, uso creativo del tiempo libre perseverancia, disciplina, inclusión, resolución pacífica de conflictos y construcción de capital social.
Pero ese no es el único experimento exitoso. La Corporación Andina de Fomento (CAF), la misma que asesora a Megabús para ser reconocido como mecanismo de Desarrollo Limpio ante Naciones Unidas y el protocolo de Kyoto, patrocina el programa “Acción Social por la Música, que promueve, patrocina y estimula esta disciplina entre los niños y los jóvenes menos favorecidos alrededor de los países andinos”.
En concepto de sicólogos y terapeutas: quien se acostumbra a tocar un instrumento musical, difícilmente empuñará un arma contra otro ser humano.
¿Será que la salida más viable es liquidar la Banda Sinfónica de Pereira y repartir “ese ahorro” para el municipio en leche saborizada y galletas? ¿O será que más bien construimos una política pública de cultura para la convivencia y el respeto, en donde la música, la lúdica, la pintura y las distintas manifestaciones artísticas, nos permitan identificarnos y reconocernos como sociedad?
Hace 5 mil años, los sumerios optaron por la segunda opción.

miércoles, 9 de abril de 2008

“Corazón partío”

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Esta semana, el periódico italiano “La Repubblica” informó que con el acelerado proceso de beatificación del papa Juan Pablo II, “la Iglesia polaca confía en que recibirá el corazón del pontífice, para que los fieles puedan venerar esa reliquia en la catedral de Cracovia”. La noticia me quedó sonando, porque yo pensaba -en mi ignorancia- que Colombia era el único sitio en dónde se partían las personas en pedacitos.

Me puse a averiguar y me enteré de que hace 20 siglos, antes de que se pusieran de moda las estrategias de mercadeo, de fidelización de clientes y el reconocimiento de marca, la entonces naciente Iglesia católica declaró los cuerpos de los mártires y de los santos como objeto de veneración. El recuerdo de esa persona que entregó su vida por la fe, fomentaba la devoción y el aumento de fieles. Las más importantes basílicas y templos se construyeron en el sitio del martirio o encima de las tumbas de esas figuras memorables de la cristiandad.

Lo que pasa es que se les fue la mano en la autorización y reconocimiento de esas reliquias. El auge progresivo de esa costumbre, llevó a que en la segunda mitad del siglo IV empezara la práctica de fragmentar los cuerpos de los santos para repartirlos. Y es que según destacados teólogos de la época, así fuera un fragmento del cuerpo del santo conservaba sus virtudes y facultades milagrosas.

Por eso, entre las más particulares reliquias de la iglesia católica, que se guardan celosamente en catedrales, monasterios y museos aparecen la oreja de san Pedro, el brazo, el cabello, el hígado, el corazón, la lengua, la lágrimas y la leche materna de la Virgen María y una que no se la creen ni quienes se la inventaron: las plumas de las alas de los arcángeles Miguel y Gabriel.

En el caso de san Juan Bautista, no solo perdió la cabeza por orden de Herodes Antipas y para darle gusto a la vengativa Salomé, sino que a lo largo del tiempo y en distintos sitios, se le rinden culto a sus dedos. El problema es que son más de 60 los dedos del insigne predicador que se convirtieron en reliquia.

Con Jesús, el tema toma dimensiones sorprendentes. Aparecen guardadas en relicarios, las pajas del pesebre de Belén, los pañales del Niño Dios, y créanme, el Cuchillo con el que se circuncidó a Jesús y 14 versiones del Santo Prepucio… Cómo dirían las abuelitas: “¡Sagrado Rostro!”

Pero además, dentro de la oleada de reliquias católicas se promociona la cola del asno que cargó a Jesús a su entrada a Jerusalén el Domingo de Ramos, el Manto sagrado, las espinas de la Corona de Cristo, las astillas de la Cruz, que incluso sirvieron para que el teólogo protestante Juan Calvino dijera, en su habitual tono crítico a la jerarquía eclesiástica católica, que “con todas las astillas que habían aparecido de la Cruz se podría construir una flotilla de barcos”.

A los objetos reverenciados se suman varias mesas y manteles de la Última Cena y la toalla del lavatorio de pies, aunque no dicen si conserva su aroma original.

Llama la atención que el mismo San Agustín, en su momento, denunció a impostores vestidos como monjes que vendían reliquias falsas y el mismo Papa San Gregorio prohibió comerciar y falsificar esos elementos, al considerar que se utilizaban sólo para explotar a los ingenuos.

Nadie niega el buen corazón del papa Juan Pablo II, ni su amor profundo por los polacos. Pero, ¿acaso no serán suficientes los videos, fotografías, discursos, encíclicas y testimonio de vida? Dejen descansar tranquilo a Juan Pablo. Lo contrario sería un hecho descorazonador.

jueves, 3 de abril de 2008

Yo también tengo un sueño

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Mañana se cumplirán 40 años del asesinato del reverendo Martín Luther King, líder de los derechos civiles en los Estados Unidos. La semana próxima se cumplirán los 60 años de la muerte violenta del dirigente liberal colombiano Jorge Eliécer Gaitán. Hace unas semanas, se conmemoraron las seis décadas del crimen del padre de la independencia de la India, Mahatma Gandhi. Tres vidas brillantes, contradictorias, sorprendentes, exterminadas por la violencia.

Como la memoria es efímera, vale la pena recordar que en 1964, King, con solo 34 años, ganó el Premio Nobel de la Paz por su resistencia no violenta en contra de los prejuicios raciales en Estados Unidos.

Un año antes del galardón, el 28 de agosto de 1963, Martín Luther King pronunció su famoso discurso: “Yo tengo un sueño”, desde la escalinata del monumento a Abraham Lincoln, en donde hizo una defensa ferviente de los derechos inalienables de "Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad", consagrados en el Acta de Independencia de 1776, pero que no regían ni tenían vigencia para los afroamericanos.

Yo tengo un sueño: que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Yo tengo un sueño: que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo un sueño: que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”.

Además de la claridad conceptual, el manifiesto del reverendo King se convierte en toda una invitación a soñar, con los más altos ideales, una sociedad, un país, una ciudad.

Yo tengo un sueño de país incluyente, en donde todos los seres humanos merezcan atención, respeto y protección, y no solo a través de acciones de tutela. Un país donde superar la pobreza sea un reto de toda la sociedad y no solo la oportunidad de repartir mercados, subsidios y palmaditas en la espalda, para que todo siga igual.

Yo tengo un sueño de país, en donde las utilidades económicas no sean solo para los grandes capitales y los monopolios empresariales, sino que se redistribuyan en inversión social, oportunidades de empleo y desarrollo humano.

Yo tengo un sueño de país que le apuesta a la educación para transformar sus estructuras políticas, sociales, productivas, tecnológicas, ambientales y de innovación.

Yo tengo un sueño hoy: que el servicio público sea una oportunidad de aprender y crecer como persona y no una estación para el enriquecimiento ilícito y que en el sector privado primen la ética empresarial y las buenas prácticas.

Yo tengo un sueño hoy: un país en donde podamos vivir, trabajar, debatir, disentir y entender que la grandeza se construye con tolerancia y aceptación a la diversidad. Un país, en donde no se necesite más artillería que la inteligencia y los argumentos y en donde el secuestro, la desaparición y los asesinatos dejen de ser un arma política.

Porqué cómo decía Martin Luther King: “No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma”.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Opiniones desbordadas

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En el ánimo constructivo de escuchar las voces de los lectores y aprovechando las ventajas de comunicación instantánea y global que ofrece internet, los periódicos y revistas establecieron secciones para que los ciudadanos comenten las noticias, artículos y columnas de cada edición.

Y es que durante décadas solo existió una comunicación unilateral, con las pocas excepciones de las “Cartas de los Lectores”, que en muchos casos eran los mensajes de personas cercanas al medio. Allí, el Editor, se daba gusto seleccionando, extractando u omitiendo las comunicaciones recibidas.

Por ello, lo que pareció en su momento como un ejercicio liberador de opinión y de democracia, aún no logra consolidarse. Tanto es así que el columnista Daniel Samper optó por eliminar los comentarios a sus artículos, cansado de las groserías, el tono ofensivo y las actitudes viscerales que recogían sus textos.

Para dar una idea a los lectores, de lo que se encuentra en la mayoría de los casos al final de los informes periodísticos y de las columnas, vamos a reproducir algunos apartes. Digamos que el artículo central habla del calentamiento global y la necesidad del compromiso de los países con la protección ambiental.

Comentarios:
Azulprofundo: “Los culpables de la corrupción y de todos los problemas que tiene la ciudad son culpa de una camarilla de políticos ineptos que han gobernado solo para ayudarle a sus amigos”.

KRIS65: “No hay duda que solo con la seguridad democrática es posible el cambio climático. Los guerrilleros de las FARC son responsables de la tala de bosques y de la siembra de cultivos ilícitos…”

JAMES: “El fin del mundo está cerca. Las guerras y las epidemias son señales del final de los tiempos. Jesucristo es la única salvación…”

ILONA08: “Los que tanto cuestionan a los políticos son los que no están en la rosca. Todos viven de los contratos y de los favores que la gente les pide…”

YULIAN: “Este columnista comenzó muy berraco y muy valiente denunciando las componendas de la alianza de gobierno, pero quién sabe cuánto le pagaron para comprar su silencio…”

PENÉLOPE: “La senadora Piedad Córdoba es una mezcla de Hillary Clinton y Barack Obama de la política colombiana…”

JAMES: “Para los ojos de Dios no hay nada oculto… Aún es tiempo de arrepentirse de los pecados…”

ARIADNA: “Uribe es el único culpable de todo lo que pasa en Colombia. Su gobierno guerrerista y facho cerró cualquier posibilidad a la paz…”

ELI-NOCENTE: “Mano dura y corazón grande. No podemos bajar la guardia. Debemos preservar la dignidad de la patria. Adelante, presidente… vamos por una nueva reelección…”

JAMES: “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Señor Jesús: Tú eres el único y verdadero Señor y Redentor”…”

Esperamos sus comentarios.

miércoles, 19 de marzo de 2008


“A tomar el control…”

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Con buen criterio, la Comisión Nacional de Televisión emprendió en las últimas semanas una campaña invitando a los televidentes a “tomar el control” en la selección, revisión y análisis de los contenidos que reciben cada día a través de la pantalla chica.

Y es qué situaciones recientes como la ocurrida con la pregunta estúpida sobre las mujeres de Pereira en el concurso El Poder del 10, nos demuestran que todavía hay mucho por construir y evolucionar en cuánto a los contenidos y a la responsabilidad social de los medios de comunicación en nuestro país.

Más que fábricas de dinero, las empresas comunicativas asumen la corresponsabilidad de mantener o modificar los imaginarios de una sociedad. Hasta hace algunos años, toda la publicidad relacionada con bebés estaba protagonizada y dirigida a las madres. ¡Cómo si los padres sólo fueran accesorios! Por fortuna, en este tema, la mente de los publicistas se abrió y ya es común ver distintos productos, en donde se valida el rol paterno en la atención y la crianza de los niños y niñas.

En dónde todavía estamos en pañales -así los cambien los padres- es en la visión sexista de la mujer. Allí se han centrado dos estereotipos. El primero, la chica modelo: etérea, flotando en un aire perfumado, medidas perfectas, silicona en abundancia y que sirve para anunciar carros, cervezas, cigarrillos, computadores, cremas dentales y demás. El impacto social de ese estereotipado referente femenino se refleja en el acelerado crecimiento de enfermedades como la anorexia y la bulimia; la fuerte presión social que excluye a las gorditas o feitas y el sueño de muchas de compensar con cirugías lo que les falta de autoestima.

Y mientras reitera una idea vacua de mujer, a la vez fortalece el machismo y la creencia de que la felicidad depende del número de mujeres conquistadas. Ya sea con desodorante Axe, champú Ego, gaseosa Seven Up o con la moto Auteco, de la cual “no se quieren bajar” ni siquiera en la cama, un tipo y tres mujeres en tanga.

El otro estereotipo en las cuñas publicitarias y de algunos dramatizados es sobre los “escenarios naturales e históricos” de la mujer: la cocina, el patio de ropas o al lado de la lavadora. Los únicos hombres que aparecen en televisión en la cocina son chef o periodistas y ninguno, por ahora, en la cotidiana tarea de separar la ropa blanca de la de color, echar detergente y suavizante en la lavadora y colgar las prendas después de los ciclos de lavado y enjuague.

Lo que si encuentra el televidente, es una propaganda de Clorox color, en donde varias personas, hombres y mujeres, que resultan con la ropa salpicada por un vehículo, se la quitan y la arrojan al piso, quedando debajo con vestidos relucientes. Bien por la analogía de limpieza, pero mal, muy mal, para los intentos de crear cultura ciudadana y el propósito de no arrojar ninguna basura o desecho a la calle, sino a la caneca.
Lo mismo podría decirse de los fumadores, especie admirada y recreada en el cine y la televisión en los años 50 y 60, gracias a la estrategia comercial de las grandes tabacaleras, y quienes, debido al cáncer de pulmón y los enfisemas, entraron en desgracia en los años recientes. El problema de muchos fumadores es creer que las calles son un gran cenicero, en donde pueden arrojar las colillas.

Lo curioso es que para evadir los controles de los horarios publicitarios y las restricciones en radio y televisión, las marcas de cigarrillos y de bebidas alcohólicas terminan patrocinando eventos deportivos: la Copa Mustang de fútbol; la Copa Premier del Ascenso, las vacaciones de verano Belmont, los Conciertos Kool y las Fiestas electrónicas Green. Cerveza Águila financia a la Selección Colombia, al Júnior de Barranquilla, al Cúcuta y al Tolima; el Aguardiente Blanco del Valle al América y al Cali; Aguardiente Cristal al Once Caldas y al Deportivo Pereira. Y cómo el Aguardiente Antioqueño es “pa´ las que sea” hasta terminó patrocinando la edición del programa de la Semana Santa en Pereira.

Pero volviendo a la televisión, en estos días se conoció una encuesta en España, según la cual, una de cuatro peleas domésticas es por el control remoto. En nuestro caso, no importa quién lo tenga. Lo fundamental es saber manejarlo bien, con criterio y capacidad crítica. Para escoger, cambiar de canal o apagar el televisor.