miércoles, 28 de enero de 2009

La nueva EPS del viejo país

Por Juan Antonio Ruiz Romero

El 30 de julio del año pasado, el presidente de la República Álvaro Uribe Vélez recibió un carné gigante, a través del cual se convirtió en el primer afiliado a la Nueva EPS.

En esa ocasión, el jefe del Estado aseguró: “Aquí va a tener el país un gran experimento para observar. Qué bueno, pues, que nazca esta EPS, y nos van a exigir mucho. Nace una EPS con cero integración vertical. O sea que no va a tener una sola clínica de su propiedad, no va a tener un solo centro de atención básico de su propiedad. Todo será contratado con terceros. Esperemos que esa independencia, frente a los centros de atención básica, frente a las clínicas, con las cuales va a contratar, le dé toda la autoridad, todo el músculo, toda la palanca, para exigirles la mejor calidad, la más pronta atención y las mejores tarifas”.

Al cumplirse los primeros cinco meses de operación, el usuario percibe aciertos en la nueva estructura de operación y deseos de mejorar; pero, a la vez, deficiencias en la prestación del servicio, incomodidad locativa en la sede de la Avenida 30 de agosto y, sobre todo, largas colas para solicitar exámenes o citas con el especialista.

Pero tal vez, el problema más crítico ha sido el manejo de la base de datos. Aunque en los elementos promociponales de la Nueva EPS se hablaba de “tecnología de última generación, a través del centro de cómputo, que estará conectado en línea y en tiempo real”, tanta belleza se quedó solo en los textos publicitarios.

Recientemente en Pereira, un pensionado y su esposa sufrieron la indecible para ser atendidos por Urgencias y tuvieron que pagar de su bolsillo los gastos del servicio, ya que “no aparecen en el Sistema”. Luego de tocar muchas puertas y buscar en numerosas pantallas se encontraron con qué aparecían registrados en Comfenalco Antioquia, aunque esas personas nunca vivieron ni trabajaron en ese departamento. Mediante una tutela, un juez obligó a la Nueva EPS a resolver “el viejo problema” y pagar el 100 por ciento de los costos.

El problema es tan grave que el mismo presidente de la Nueva Eps Héctor Cadena lo reconoció en su balance de diciembre: “La actualización de datos de afiliados ha sido el proceso más complicado que hemos afrontado. Sin embargo, ya se ha logrado una depuración de dobles afiliaciones. Se espera que a enero de 2009 se tenga actualizada la base de datos en un 94 por ciento”. Pero no aprenden.

A mediados del año pasado, el Superintendente Nacional de Salud, Mario Mejía Cardona indicó que "Si la gente se duerme y no se cambia de EPS, no le pasa absolutamente nada porque nadie quedará desprotegido ni un solo minuto y todos seguirán recibiendo sus servicios. Nosotros vigilamos por eso", dijo.

Pues esperemos que vigilen y actúen. Esta semana, varias empresas están recibiendo la llamada desde un Call center ubicado en Bogotá, en donde les comunican, en forma perentoria, que a sus empleados afiliados a la Nueva EPS les quedó suspendida la atención en salud, porque el Seguro Social No reportó oportunamente el pago de los aportes en agosto de 2008. O sea, la responsabilidad de unos la terminan pagando otros y, lo que es peor, el más débil del eslabón: el paciente, a quién le violan su derecho fundamental a la salud.

Ojalá que el primer afiliado de la Nueva EPS y el locuaz Ministro de Protección Social conocieran de primera mano las arbitrariedades que se cometen con los afiliados que no están recibiendo la oferta misional de “una atención oportuna, pertinente, integral, humanizada y respetuosa”. Porque algunos afiliados, en tono socarrón, ya están diciendo que Nueva EPS quiere decir: Empresa Peor que el Seguro.

Despilfarrando la vida

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 8 de enero de 2009

En medio de los abrazos, las uvas, el brindis y los buenos deseos, uno termina creyéndose, de verdad, que en el nuevo año el panorama va a ser diferente. Por ello, a pesar de los estragos del licor y el trasnocho, en la mayoría de rostros hay generosas sonrisas y los corazones se encuentran radiantes de esperanza.

Sin embargo, apenas transcurrida la primera semana de 2009, uno observa cómo, poco a poco, se desinflan las sonrisas y vuelven a rondar la angustia, la desazón y el desespero. Así usted sea muy optimista, no puede dejar de dolerse por la muerte de centenares de seres humanos, entre ellos decenas de niños, cuyo único delito fue nacer palestinos.

Y si esas muertes que bordean las 700 en solo 10 días nos llaman la atención, hay otras, menos notorias, más cotidianas, más cercanas, que se nos convirtieron en parte del paisaje: 753 homicidios, en 2008, en el departamento de Risaralda.

Fueron 753 personas, con historias de vida, necesidades, temores, ilusiones, para quienes se acabó el tiempo. En esos 753 casos, poco importa si fueron ajustes de cuentas, venganzas personales, actividades ilícitas, balas perdidas, equivocaciones, accidentes o “casos de intolerancia”, como han dado en llamarlos las autoridades.

Con esas 753 víctimas de las muertes violentas en Risaralda podríamos llenar el teatro municipal Santiago Londoño. El inconveniente es que sería una función silenciosa, adolorida, llena de porqués.

Esas 753 familias no olvidarán 2008, porque -como muchas otras a lo largo de la historia- quedaron marcadas por la tragedia nuestra de cada día.

En Guatemala, como resultado de las pandillas, “las maras” y el narcotráfico, se registraron 6.234 muertes violentas el año pasado y el gobierno formuló una estrategia para reducir dicha cifra.

En México, que vive la guerra entre y contra los carteles de la droga, estaban indignados porque la cifra de homicidios del año pasado fue de 5.600.

En Colombia, el director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses Pedro Franco entregó esta semana la cifra global de homicidios: 15.215 personas, un 6,8% menos de las 16.318 muertes violentas de 2007. O sea que por cada asesinato en México hubo tres en Colombia.

Y aquí no pasa nada. Es una noticia menor y repetitiva, como el inconformismo con el salario mínimo; el alza de los peajes o los anuncios del gobierno de que este año si va a controlar los precios de matrículas y pensiones.

El hecho es que nos seguimos matando como si fuera un juego de video, en el cual nos quedaran varias vidas. La única diferencia es que en los juegos no hay lágrimas, ni viudas, ni huérfanos, ni sueños truncados y cuando quieran, lo pueden apagar.

Decisiones de alcoba

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Aunque su marido Bill reconoció que mantuvo una “relación inapropiada” con la becaria de la Casa Blanca Mónica Lewinsky, la entonces Primera Dama Hillary Clinton lo perdonó. Esa decisión -difícil, controvertida y de cara a la opinión pública- catapultó políticamente a la señora Clinton que se convirtió, sin mayor esfuerzo, en senadora por el Estado de Nueva York y luego, en precandidata presidencial del Partido Demócrata. Si no fuera por los errores estratégicos de su campaña y la aplastante figura de Barack Obama, de seguro que la esposa de William Jefferson sería la primera presidenta gringa y no la futura Secretaria de Estado.

En Argentina, a pesar de que el entonces mandatario Néstor Kirchner contaba con un importante índice de favorabilidad decidió no postularse a la reelección y cederle la candidatura presidencial a su esposa, la senadora Cristina Fernández, quién ganó con amplitud.

En Colombia, también tenemos casos similares de matrimonios por amor, por el poder o por conveniencia política. Cabe recordar, en el siglo XIX, a La Libertadora del Libertador, Manuelita Sáenz y a Soledad Román, la furtiva compañera de aventuras y después reconocida como la influyente esposa de Rafael Núñez.

Luego, durante el segundo gobierno del Frente Nacional, son recordadas las andanzas nocturnas del presidente Guillermo León Valencia, que cuando no estaba cazando patos, era asiduo visitante de la reputada casa de citas de Blanca Barón. Unos años más tarde, otro presidente, Julio César Turbay Ayala -a quién le encantaba apretujar y tocarle las nalgas a las señoras en las fiestas- consiguió que El Vaticano le anulara el matrimonio con Nydia Quintero, para poder oficializar su unión marital con Amparo Canal.

En Risaralda, tenemos varios casos de familias unidas alrededor del poder. Una de las más notorias, la del senador Habib Merheg y su actual esposa, la diputada y, hasta el 31 de diciembre, presidenta de la Asamblea departamental Juliana Enciso.

Como buen equipo que se respete, ya tiene sus divisiones inferiores preparándose: “Samy Merheg al Senado” y distribuidos los cargos de elección y representación que aspiran a ocupar en los próximos años “con el favor de los electores”.

Cuándo la política invade la órbita familiar hay una gran ventaja y es que no se necesitan las agobiantes sesiones de los directorios municipales y departamentales, con tantos intereses “non sanctos” y deseos de figuración, sino que usted arma las listas, las candidaturas y hasta los partidos, movimientos y alianzas en la mesa del comedor. O, en la comodidad del dormitorio, mientras sintonizan Cable Unión.

Pero hay más ejemplos de parejas que comparten su pasión por la política. Una, la del doblemente revocado ex congresista y ex presidente del Acueducto de Tribunas, Octavio Carmona y su esposa, la concejal Vivián López, posible candidata a la Cámara.

Y que decir del “Primer Damo” del municipio de Dosquebradas, el ingeniero Ricardo Valencia, considerado por algunos el verdadero poder detrás del trono de su esposa, la alcaldesa Luz Ensueño Betancourt, y quién, según, los oráculos políticos, después de lidiar un año como “Gestor Social” de madres cabeza de hogar, niños desnutridos, pandillas juveniles, ancianos abandonados y personas desempleadas, está predestinado a ser candidato a la Cámara de Representantes, por voluntad del senador amigo.

Ese debe el encanto de la política trasladada a las relaciones familiares. En la finca, en el avión, en el coctel o en la alcoba, te conviertes en candidato, “como resultado de los favores recibidos”. Así de sencillo: sin varita mágica y sin espíritu santo.

La diversidad es nuestra fuerza

Por Juan Antonio Ruiz Romero, diciembre 6 de 2008

Dos hechos ocurridos esta semana, me llevaron a escoger como tema central de esta columna el fenómeno migratorio. El primero de ellos fue el Foro “Hablemos sobre el Presente y el Futuro de Pereira”, convocado por el proyecto del sesquicentenario de la ciudad.

El segundo, la celebración, ayer miércoles, del Seminario sobre Migraciones Internacionales y Retorno, organizado por la alcaldía municipal y la organización no gubernamental Asociación América, España, Solidaridad y Cooperación, AESCO, y en donde se buscaba un acercamiento a la realidad de miles de inmigrantes colombianos, residentes en el exterior, y que por la situación de recesión económica en el hemisferio norte, muy seguramente, se verán obligados a regresar al país, en los próximos años.

En el foro del lunes, algunos de los asistentes se quejaron porque, en su concepto, buena parte de los problemas que nos afectan: desempleo, inseguridad, pobreza, dificultades de movilidad, se debían a la llegada de “una gran cantidad de migrantes”.

Alguno de ellos, dándose golpes de pecho, se atrevió a decir que era una lástima que el 50 por ciento de los habitantes de Pereira no eran nacidos en esta ciudad. De hecho, si de cifras hablamos, el reciente Registro único de Vendedores informales del centro de Pereira y Cuba, efectuado por la Universidad Católica Popular de Risaralda, en convenio con la administración municipal, reveló que solo el 41% de las personas que derivan su sustento de las ventas callejeras son oriundos de Pereira y los municipios del departamento.

Aquí es bueno puntualizar algunos aspectos. Dubai, el “nuevo paraíso” del capitalismo, los rascacielos y el turismo, que se construye con los petrodólares en los desiertos de los Emiratos Árabes, solo tiene un 21 por ciento de población dubaití. El resto, ocho de cada diez personas, son inmigrantes de Asia, África, Europa y América que llegaron allí en busca de trabajo e ingresos.

Canadá, una de las siete economías más grandes del mundo, solo cuenta con el 30 por ciento de población nacida en sus extensos y gélidos territorios. Los demás son personas de los más diversos orígenes étnicos, geográficos, religiosos y culturales que han encontrado en esa nación la oportunidad de emprender una nueva vida. De hecho, el lema de la ciudad de Toronto, es un sencillo pero diciente catálogo de principios éticos y de convivencia social:
“Diversity our strength: Equity, Respect, Harmony, Prosperity. “Nuestra fuerza es la Diversidad: Equidad, respeto, armonía, prosperidad”.

Puede ser que en Italia, de la mano del controvertido primer ministro Silvio Berlusconi se ataque a los inmigrantes a los que acusan como origen de todos los males. Puede ser que el desprestigiado presidente de Francia Nicolás Sarkozy, quiera cerrar las puertas de la Unión Europea a la mano de obra que llega de África, América y Asia. Puede ser que en España, el Partido Popular de Aznar y Rajoy crean que los inmigrantes son una nueva versión del demonio, solo comparado a la banda separatista ETA.

Pero lo que no podemos permitir es que aquí, en Pereira, Risaralda y el Eje cafetero, que tenemos cientos de miles de paisanos en España, Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, el Reino Unido, Japón, Costa Rica, Argentina, Ecuador y Venezuela, entre otros países, seamos tan miopes para pensar que podemos construir, en estos tiempos globales, una ciudad solo de pereiranos y para pereiranos.

Tomemos el ejemplo de Toronto. Los intrincados nudos de interacción social, la multiculturalidad, la diferencia deben ser bienvenidos en una ciudad que es cruce de caminos y sueña con una renta por su ubicación geográfica.

La diversidad, más que una carga o una debilidad, ha sido, a lo largo de nuestros 145años de historia, una de nuestras más grandes fortalezas y como tal debemos reconocerla y cultivarla. La furia y las declaraciones anti-inmigrantes dejémoselas a los países “más desarrollados.”

Paracaidista a la vista

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Ante la inminente disolución del partido Colombia Viva, debido a que la inmensa mayoría de sus integrantes están presos por el escándalo de la parapolítica, el senador risaraldense Habib Merheg ya diseñó la estrategia con la que espera permanecer vigente en el escenario público, en el corto y en el mediano plazo.

Vale la pena recordar que en sus inicios en la política, cuando era presentador de un espacio de entrevistas en Cable Unión de Occidente, Merheg, que empezó siendo liberal, adhirió públicamente a la candidatura presidencial de Horacio Serpa Uribe. Algunas semanas más tarde, en el mismo espacio televisivo, decidió brindar su apoyo al entonces candidato independiente Álvaro Uribe Vélez.

A pesar de dicho respaldo y de formar parte de la bancada uribista durante el primer mandato, en el proceso electoral de 2006, Merheg fue repudiado por el partido de La U y terminó proscrito en el movimiento Colombia Viva, al lado de Dieb Maloof, Vicente Blel y Jorge Castro Pacheco, que hoy están tras las rejas por nexos con el Bloque Caribe de las AUC.

Con las cabezas de su partido en La Picota, Merheg sabe que su supervivencia política en el 2010 depende de su habilidad para jugar en alianza o coalición con otras fuerzas. Luego de la reciente experiencia con Alternativa Liberal, en donde avaló sus candidatos y terminó peleado con el ex congresista Carmona, los espacios de negociación son bastante limitados. En el Partido Liberal no lo quieren. En el de La U. lo vetaron. Por eso, su horizonte cercano se perfila bastante azulado.

El Partido conservador, que también es uribista, sacó un millón y medio de votos en la reciente consulta interna. De esos, 32 mil en Risaralda, o sea, más que la cuota inicial para un senador, que puede ser elegido con unos 40 mil votos. De ahí, que el avezado congresista haya puesto sus ojos en las huestes de Caro y Ospina, ofreciendo recursos, líderes y sobre todo, mucha televisión.

Los planes de Habib Merheg son sencillos. No se va a postular para el Senado en 2010, sino va a presentar a su hermano Sammy como candidato a esa corporación. El aspirante no tiene ninguna trayectoria política ni pública. Su único mérito es ser el hermano del hoy senador.

Sin embargo, es una brillante jugada, ante la posible inhabilidad que establece la Reforma Política a quienes hoy sean diputados y concejales, lo cual dejaría por fuera a la actual esposa de Habib, Juliana Enciso. Además, Merheg la quiere guardar como reserva, para que lo acompañe en la campaña a la alcaldía de Pereira del 2011, convencido de que sería una Primera Dama diligente y con aceptación popular.

Más allá de las jugarretas e intenciones políticas familiares, el Partido Conservador, que se precia de su intenso proceso de renovación y del cumplimiento de sus estatutos, deberá definir si abre las puertas a los paracaidistas, que ofrecen el oro y el moro y hasta financiar las campañas. Porque paracaidista es paracaidista, aunque llegue vestido de azul.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

De mafias, legalidad y pirámides

Por Juan Antonio Ruiz Romero, noviembre 19 de 2008

Apoyados en los conceptos del investigador Luis Jorge Garay y del ensayista Bernardo Pérez Salazar, el jueves 18 de octubre de 2007, publicamos en esta misma columna, un texto titulado: “Nuestra cultura mafiosa”.

En esa ocasión, retomamos la explicación de Pérez sobre muchos de los comportamientos sociales que marcan las relaciones en Colombia: “Dos nuevos mandamientos de convivencia entre nosotros, que evocan la facilidad de cosechar el fruto ajeno: el ‘décimoprimero’ – no dar ‘papaya’ –, y el ‘décimosegundo’ – no dejar pasar la ‘papaya’.

En esos postulados, algunos juiciosos analistas han centrado su diagnóstico sobre la vida, pasión y muerte de “las pirámides” de captación masiva de dinero. En un excelente texto denominado “Claves para armar la pirámide nacional”, el profesor universitario de la UTP, Carlos Alfonso Victoria, esboza razones como el derrumbe ético, la cultura del “vivo al baile y el muerto al hoyo”; a los años del engaño que “se remontan a la misma invasión española, cuando los ibéricos tramaban a los aborígenes con espejitos"; a las promesas incumplidas de políticos, especuladores y gobiernos; a un pueblo ingenuo y supersticioso; a la ausencia de un estado regulador del mercado financiero y a que “la narcocultura ha potenciado el poder real del dinero como factor de distinción, supremacía, y jerarquía en todos los ámbitos de la vida”.

Incluso, el presidente Uribe, en una de sus interminables alocuciones de esta semana, expresó el propósito del gobierno y de las medidas de Emergencia Social: "Queremos erradicar esa permisividad con la cultura mafiosa, con la idea del dinero fácil".

En los últimos meses, se han desarrollado en Pereira varios talleres sobre la Cultura de la Legalidad, que buscan construir nuevos paradigmas de comportamiento social frente a las realidades cotidianas. Cumplir las normas de tránsito, no por el temor de la multa, sino porque pueden representar la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. Eso significa trascender aquel concepto de que “no hay guarda a la vista” o de que “el concejal amigo me ayuda a que me quiten el comparendo”.

La Cultura de la legalidad implica seguir los buenos ejemplos de líderes sociales, que tienen representatividad, dignidad y trayectoria pulcra. Y, a la vez, significa rechazar comportamientos impropios de quienes ostentan el poder y se aprovechan del mismo para beneficio particular. Buena parte del auge de “las pirámides” se dio porque desde senadores, funcionarios del gobierno nacional, la Policía, la Fiscalía, empleados de departamentos y municipios, empresarios, dirigentes deportivos y hasta equipos de fútbol, entregaron sus dineros a las firmas captadoras, confiados en los altos intereses ofrecidos.

Además, aunque el presidente Uribe asumiera con valor su responsabilidad por la posible omisión del gobierno en el crecimiento de las pirámides, la verdad es difícil explicarle al ciudadano que hasta la semana pasada DMG y D.R.F.E. eran legales, reconocidas y hasta contaran con vigilancia policial de sus oficinas y desde el domingo pasado, se convirtieran en objeto de intervención del estado colombiano.

Y como agravante, las medidas del gobierno, aunque sean bien intencionadas, llegaron tarde, ya que los nuevos delitos creados bajo la emergencia social no podrán aplicarse hacia atrás- de manera retroactiva como dicen los juristas- sino a partir del momento de expedición de los decretos, con fuerza de ley.

En este caso, como puntualiza Carlos Alfonso Victoria: “No podrán decir que gracias a la seguridad democrática se impidió la defraudación de más colombianos”.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

¿El menos malo de los dos?

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Según los pactos políticos suscritos a principios de este año, al Partido Liberal le corresponderá la presidencia del Concejo municipal de Pereira durante 2009. De acuerdo con las versiones de prensa, el liberalismo, que es la bancada mayoritaria en esa corporación, postuló para esa dignidad a los concejales Hernando Arcila y Peterson Lopera.

De inmediato, me acordé como, por estas calendas, hace dos años, se daba como un hecho la elección en la presidencia del Cabildo pereirano, de una concejala que tenía detenido a su esposo por posesión ilegal de armas de fuego y cuyo proceso penal derivó en una condena de 30 meses de cárcel a dicho ciudadano.

Si bien era cierto que la concejala en mención no estuvo vinculada con la investigación, era evidente que para “la junta directiva del municipio”, no era de buena presentación que ella apareciera como cabeza visible de la entidad coadministradora.

Ahora, aunque la situación es diferente, porque no hay procesos penales de por medio, uno como pereirano del montón se pregunta, quién de los dos postulados por el liberalismo es la persona más adecuada para ocupar la presidencia de la corporación.

El concejal Hernando Arcila, de quién ya perdimos la cuenta del número de años que lleva en la corporación, ha sido una figura fantasmagórica e invisible. Su curul está intacta, sin siquiera un rayón. Y no porque sea en extremo cuidadoso, sino porque casi nunca está. Durante algún tiempo, fue el campeón del ausentismo en el Concejo, al cual solo asistía para responder a lista y, al menor descuido, se fugaba del recinto. Cuándo la directiva del momento y varios concejales le llamaron la atención, en lugar de un acto de contrición y enmienda; se dedicó, con ánimo vengativo, a llevar un cuidadoso registro de cada movimiento de sus compañeros, sus horas de llegada y el tiempo de permanencia en comisión o en plenaria. Luego lo hizo público, para que dejaran de meterse con él. Ahora, como toman lista al inicio y al cierre de la sesión, el candidato uno a presidente del Concejo se da sus mañas para aparecer a tiempo y lograr que le paguen la sesión.

En la última década, el único debate que promovió el concejal Arcila fue contra la creación de la empresa Biorgánicos del Otún, pero la gasolina, quizás por el alto precio de los combustibles, se le acabó prontico. Por lo demás, es gobiernista por convicción y a cambio de su participación burocrática, no pregunta, no debate, no dice nada. Solo vota positivo, para complacencia de la administración.

El otro postulado a la presidencia del Concejo siempre lo llamaban sus amigos de barrio y colegio Peterson, pero desde que, en 2003, fue elegido “el concejal de Juan Manuel”, sus asesores decidieron que mejor se llamaría “Piterson”, que es mucho más internacional y hasta con sabor a marca de Cholao, de esos que venden en el sector de La Rebeca y anuncian en la televisión.

Peterson o Piterson, es contador público, andaba con guayaberas y bluyines y desde que el año pasado lo convencieron que podría ser precandidato a la alcaldía, anda con elegantes trajes de marca, corbata a la moda y zapatos importados.
Sin embargo, el problema es que durante sus cinco años de concejal NUNCA ha hecho un debate importante ni presentado un proyecto de acuerdo a favor de la ciudad. Un par de intervenciones para contrastar con el silencio sepulcral de Arcila hacen la diferencia.

Pero la bancada liberal nunca fue capaz de explicar ni disculparse con los ciudadanos por la reunión que Lopera y su padre tuvieron con la gerente del Aeropuerto, a quién le pidieron que les entregara a título personal y a dedo, el manejo del parqueadero del terminal aéreo. ¿Tan aviones, cierto?

Creo, como otras personas, que la presidencia del Concejo de Pereira debe ser para alguien con méritos, formación, estatura moral e inteligencia, o por lo menos, deseo de servicio. La opción de hoy es escoger entre un mediocre y un avivato. ¿Será que no hay nadie más y qué como decía algún concejal tocará escoger entre el menos malo de los dos? En mi concepto, ni la ciudad ni el Concejo se merecen a ninguno de ellos.