miércoles, 28 de enero de 2009

Despilfarrando la vida

Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 8 de enero de 2009

En medio de los abrazos, las uvas, el brindis y los buenos deseos, uno termina creyéndose, de verdad, que en el nuevo año el panorama va a ser diferente. Por ello, a pesar de los estragos del licor y el trasnocho, en la mayoría de rostros hay generosas sonrisas y los corazones se encuentran radiantes de esperanza.

Sin embargo, apenas transcurrida la primera semana de 2009, uno observa cómo, poco a poco, se desinflan las sonrisas y vuelven a rondar la angustia, la desazón y el desespero. Así usted sea muy optimista, no puede dejar de dolerse por la muerte de centenares de seres humanos, entre ellos decenas de niños, cuyo único delito fue nacer palestinos.

Y si esas muertes que bordean las 700 en solo 10 días nos llaman la atención, hay otras, menos notorias, más cotidianas, más cercanas, que se nos convirtieron en parte del paisaje: 753 homicidios, en 2008, en el departamento de Risaralda.

Fueron 753 personas, con historias de vida, necesidades, temores, ilusiones, para quienes se acabó el tiempo. En esos 753 casos, poco importa si fueron ajustes de cuentas, venganzas personales, actividades ilícitas, balas perdidas, equivocaciones, accidentes o “casos de intolerancia”, como han dado en llamarlos las autoridades.

Con esas 753 víctimas de las muertes violentas en Risaralda podríamos llenar el teatro municipal Santiago Londoño. El inconveniente es que sería una función silenciosa, adolorida, llena de porqués.

Esas 753 familias no olvidarán 2008, porque -como muchas otras a lo largo de la historia- quedaron marcadas por la tragedia nuestra de cada día.

En Guatemala, como resultado de las pandillas, “las maras” y el narcotráfico, se registraron 6.234 muertes violentas el año pasado y el gobierno formuló una estrategia para reducir dicha cifra.

En México, que vive la guerra entre y contra los carteles de la droga, estaban indignados porque la cifra de homicidios del año pasado fue de 5.600.

En Colombia, el director del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses Pedro Franco entregó esta semana la cifra global de homicidios: 15.215 personas, un 6,8% menos de las 16.318 muertes violentas de 2007. O sea que por cada asesinato en México hubo tres en Colombia.

Y aquí no pasa nada. Es una noticia menor y repetitiva, como el inconformismo con el salario mínimo; el alza de los peajes o los anuncios del gobierno de que este año si va a controlar los precios de matrículas y pensiones.

El hecho es que nos seguimos matando como si fuera un juego de video, en el cual nos quedaran varias vidas. La única diferencia es que en los juegos no hay lágrimas, ni viudas, ni huérfanos, ni sueños truncados y cuando quieran, lo pueden apagar.

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