Por Juan Antonio Ruiz Romero
El 30 de julio del año pasado, el presidente de la República Álvaro Uribe Vélez recibió un carné gigante, a través del cual se convirtió en el primer afiliado a la Nueva EPS.
En esa ocasión, el jefe del Estado aseguró: “Aquí va a tener el país un gran experimento para observar. Qué bueno, pues, que nazca esta EPS, y nos van a exigir mucho. Nace una EPS con cero integración vertical. O sea que no va a tener una sola clínica de su propiedad, no va a tener un solo centro de atención básico de su propiedad. Todo será contratado con terceros. Esperemos que esa independencia, frente a los centros de atención básica, frente a las clínicas, con las cuales va a contratar, le dé toda la autoridad, todo el músculo, toda la palanca, para exigirles la mejor calidad, la más pronta atención y las mejores tarifas”.
Al cumplirse los primeros cinco meses de operación, el usuario percibe aciertos en la nueva estructura de operación y deseos de mejorar; pero, a la vez, deficiencias en la prestación del servicio, incomodidad locativa en la sede de la Avenida 30 de agosto y, sobre todo, largas colas para solicitar exámenes o citas con el especialista.
Pero tal vez, el problema más crítico ha sido el manejo de la base de datos. Aunque en los elementos promociponales de la Nueva EPS se hablaba de “tecnología de última generación, a través del centro de cómputo, que estará conectado en línea y en tiempo real”, tanta belleza se quedó solo en los textos publicitarios.
Recientemente en Pereira, un pensionado y su esposa sufrieron la indecible para ser atendidos por Urgencias y tuvieron que pagar de su bolsillo los gastos del servicio, ya que “no aparecen en el Sistema”. Luego de tocar muchas puertas y buscar en numerosas pantallas se encontraron con qué aparecían registrados en Comfenalco Antioquia, aunque esas personas nunca vivieron ni trabajaron en ese departamento. Mediante una tutela, un juez obligó a la Nueva EPS a resolver “el viejo problema” y pagar el 100 por ciento de los costos.
El problema es tan grave que el mismo presidente de la Nueva Eps Héctor Cadena lo reconoció en su balance de diciembre: “La actualización de datos de afiliados ha sido el proceso más complicado que hemos afrontado. Sin embargo, ya se ha logrado una depuración de dobles afiliaciones. Se espera que a enero de 2009 se tenga actualizada la base de datos en un 94 por ciento”. Pero no aprenden.
A mediados del año pasado, el Superintendente Nacional de Salud, Mario Mejía Cardona indicó que "Si la gente se duerme y no se cambia de EPS, no le pasa absolutamente nada porque nadie quedará desprotegido ni un solo minuto y todos seguirán recibiendo sus servicios. Nosotros vigilamos por eso", dijo.
Pues esperemos que vigilen y actúen. Esta semana, varias empresas están recibiendo la llamada desde un Call center ubicado en Bogotá, en donde les comunican, en forma perentoria, que a sus empleados afiliados a la Nueva EPS les quedó suspendida la atención en salud, porque el Seguro Social No reportó oportunamente el pago de los aportes en agosto de 2008. O sea, la responsabilidad de unos la terminan pagando otros y, lo que es peor, el más débil del eslabón: el paciente, a quién le violan su derecho fundamental a la salud.
Ojalá que el primer afiliado de la Nueva EPS y el locuaz Ministro de Protección Social conocieran de primera mano las arbitrariedades que se cometen con los afiliados que no están recibiendo la oferta misional de “una atención oportuna, pertinente, integral, humanizada y respetuosa”. Porque algunos afiliados, en tono socarrón, ya están diciendo que Nueva EPS quiere decir: Empresa Peor que el Seguro.
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