Por Juan Antonio Ruiz Romero
El Informe de Naciones Unidas sobre La Democracia en América Latina, advertía desde 2002, que un 54,7 % de los latinoamericanos preferiría un “régimen autoritario” a uno democrático, si le “resolviera” sus problemas económicos.
Recientes encuestas en diferentes países confirman esa tesis. Las nuevas generaciones, a las cuales no les tocaron las dictaduras militares de la segunda mitad del siglo XX, se muestran abiertas a otro tipo de gobiernos, sin importar que sean autoritarios, si con ellos se lograrán reducir los niveles de pobreza, desigualdades y corrupción. Eso quiere decir que la democracia está en peligro, porque la relegamos a un simple acto de sufragar, cada cierto tiempo, por unos partidos y dirigentes desprestigiados.
Y en ese panorama de democracia en riesgo, países como Perú, Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, modificaron las Constituciones para permitir la reelección de sus gobernantes. Primero Fujimori, luego Chávez, Uribe, Correa, Morales e incluso Néstor Kirchner en Argentina han aprovechado los mecanismos que ofrece el sistema democrático para consolidarse en el poder, en detrimento de otros liderazgos, de otras fuerzas, de otras voces. Lo mismo que trataba de hacer Manuel Zelaya en Honduras.
Según un estudio de la Universidad de Los Andes, la “seguridad democrática” que defiende con tanto ahínco el presidente Uribe, y la cual establece como prioridad a quien quiera ser su sucesor, recoge ese sentir colectivo de “seguridad y orden”. Preocupa que los encuestados estarían de acuerdo con la restricción de algunas libertades e incluso hasta con el cierre del Congreso y de las Cortes, si estorban el propósito fundamental. El problema es que las “chuzadas telefónicas” a magistrados, políticos de la oposición y periodistas; los “falsos positivos”; el reiterado enfrentamiento del ejecutivo con las Cortes; las embajadas, notarías y otras prebendas burocráticas ofrecidas a los congresistas se volvieron parte de nuestra democracia. O mejor, en nuevos riesgos, para la estabilidad y la continuidad del sistema democrático.
Dentro de ese panorama, no debe sorprender la decisión de la alcaldesa de Dosquebradas, que ni es Luz ni Ensueño para sus conciudadanos, de entregar a patrullas motorizadas del Batallón San Mateo, las labores de vigilancia y control de la seguridad en las comunas de su municipio. Con un concepto, quizás bien intencionado, pero errado, la administración municipal piensa que los problemas de pobreza, de descomposición social, de falta de opciones de vida, de pandillas juveniles al servicio del narcotráfico; se soluciona con la compra de una camioneta Toyota Hilux, un camión MPR y 10 motos para que los soldados recorran las calles y barrios dosquebradenses.
Además de desnudar la imposibilidad de la Policía para atender las tareas de seguridad, la medida de la alcaldesa busca un impacto positivo, coyuntural, entre la gente, pero ineficiente en el fondo. Similar a la ubicación de tanquetas el año pasado en San Judas.
Ojalá que con la militarización de las comunas de Dosquebradas, el Ejército demuestre su profesionalismo y respeto por los derechos humanos y no se cometan arbitrariedades y excesos, que tanto daño le han causado a la institución.
Y también esperemos que con las patrullas militares y la excusa de la Seguridad democrática, no se quiera “motorizar” la campaña al Congreso del esposo de la mandataria, el ingeniero Ricardo Valencia.
miércoles, 8 de julio de 2009
miércoles, 1 de julio de 2009
Dicen…y dicen…y dicen…
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En la última semana, el nombre más mencionado en internet, en los buscadores de noticias, en los medios de comunicación y en las charlas de esquina ha sido el de Michael Jackson.
Dicen que odiaba a su padre. Que se creía Peter Pan, que nunca maduró, que no lo dejaron ser niño. Dicen que sus matrimonios fueron por conveniencia, golpes publicitarios o por apariencia. Que sus hijos nacieron por inseminación artificial, que alquiló los vientres de las madres y que compró, a cambio de millones de dólares, la custodia de los niños. Que si la madre de los niños llegara a morir, le había pedido a la cantante Diana Ross que se hiciera cargo de ellos.
Dicen que fue el Rey del Pop, un ícono, una leyenda, el cantante más grande de los últimos años. Que rompió la historia de la música en dos y vendió, hasta el día de su muerte, 750 millones de copias de sus discos. Que era un bailarín inolvidable y perfeccionista. Que fue el resultado de un meticuloso proceso de mercadeo mediático, a través de la música y la imagen. Que fue el primer artista negro a quién transmitieron sus videos en el canal MTV.
Dicen que fue un brillante y estratégico empresario, que logró con su carrera activos personales que superan los mil millones de dólares, incluyendo los derechos de la mayoría de las canciones de Los Beatles. (Mil millones de dólares fueron más o menos lo que se invirtió en Colombia durante el proceso de la reconstrucción del Eje Cafetero colombiano, que incluyó la recuperación de 100 mil viviendas, nueva infraestructura educativa, vial, institucional, de salud, de servicios públicos y cultura, en 28 municipios de los departamentos de Quindío, Risaralda, Valle, Tolima y Caldas.)
Dicen que le encantaba comprar propiedades lujosas, objetos exclusivos y que coleccionaba animales exóticos para su zoológico particular, entre ellos el pequeño chimpancé Bubbles, al cual vestían con los mismos trajes del excéntrico personaje.
Dicen que Michael Jackson sentía una atracción sexual primaria hacia los niños, a los cuales invitaba a pesar largas temporadas en su rancho Neverland. Que pagó 24 millones de dólares a la familia de uno de ellos para que retirara los cargos por actos abusivos. Y dicen que logró ser declarado “no culpable”, en 2005, en la corte de Santa María, California, por los presuntos delitos de conspiración, extorsión, secuestro y dar bebidas embriagantes a un menor para cometer abuso sexual.
Dicen que exageraba en el consumo de analgésicos y en los medicamentos para el insomnio. Que en el momento de su muerte pesaba solo 51 kilos y que tenía varias costillas fracturadas por el desesperado intento de reanimación cardiaca. Dicen que, como Elvis Presley, murió de una sobredosis, solo y en su propia casa.
Dicen tantas cosas. Unas ciertas, otras meras especulaciones. Entrevistas exclusivas. Rumores, chismes, teléfono roto, opiniones, condenas, absoluciones y cuestionamientos. Dicen de todo. O bueno, casi de todo. Porque lo único que no sabemos, ni nadie nos lo ha dicho es si Michael Jackson era una persona feliz.
En la última semana, el nombre más mencionado en internet, en los buscadores de noticias, en los medios de comunicación y en las charlas de esquina ha sido el de Michael Jackson.
Dicen que odiaba a su padre. Que se creía Peter Pan, que nunca maduró, que no lo dejaron ser niño. Dicen que sus matrimonios fueron por conveniencia, golpes publicitarios o por apariencia. Que sus hijos nacieron por inseminación artificial, que alquiló los vientres de las madres y que compró, a cambio de millones de dólares, la custodia de los niños. Que si la madre de los niños llegara a morir, le había pedido a la cantante Diana Ross que se hiciera cargo de ellos.
Dicen que fue el Rey del Pop, un ícono, una leyenda, el cantante más grande de los últimos años. Que rompió la historia de la música en dos y vendió, hasta el día de su muerte, 750 millones de copias de sus discos. Que era un bailarín inolvidable y perfeccionista. Que fue el resultado de un meticuloso proceso de mercadeo mediático, a través de la música y la imagen. Que fue el primer artista negro a quién transmitieron sus videos en el canal MTV.
Dicen que fue un brillante y estratégico empresario, que logró con su carrera activos personales que superan los mil millones de dólares, incluyendo los derechos de la mayoría de las canciones de Los Beatles. (Mil millones de dólares fueron más o menos lo que se invirtió en Colombia durante el proceso de la reconstrucción del Eje Cafetero colombiano, que incluyó la recuperación de 100 mil viviendas, nueva infraestructura educativa, vial, institucional, de salud, de servicios públicos y cultura, en 28 municipios de los departamentos de Quindío, Risaralda, Valle, Tolima y Caldas.)
Dicen que le encantaba comprar propiedades lujosas, objetos exclusivos y que coleccionaba animales exóticos para su zoológico particular, entre ellos el pequeño chimpancé Bubbles, al cual vestían con los mismos trajes del excéntrico personaje.
Dicen que Michael Jackson sentía una atracción sexual primaria hacia los niños, a los cuales invitaba a pesar largas temporadas en su rancho Neverland. Que pagó 24 millones de dólares a la familia de uno de ellos para que retirara los cargos por actos abusivos. Y dicen que logró ser declarado “no culpable”, en 2005, en la corte de Santa María, California, por los presuntos delitos de conspiración, extorsión, secuestro y dar bebidas embriagantes a un menor para cometer abuso sexual.
Dicen que exageraba en el consumo de analgésicos y en los medicamentos para el insomnio. Que en el momento de su muerte pesaba solo 51 kilos y que tenía varias costillas fracturadas por el desesperado intento de reanimación cardiaca. Dicen que, como Elvis Presley, murió de una sobredosis, solo y en su propia casa.
Dicen tantas cosas. Unas ciertas, otras meras especulaciones. Entrevistas exclusivas. Rumores, chismes, teléfono roto, opiniones, condenas, absoluciones y cuestionamientos. Dicen de todo. O bueno, casi de todo. Porque lo único que no sabemos, ni nadie nos lo ha dicho es si Michael Jackson era una persona feliz.
miércoles, 24 de junio de 2009
Las víctimas, según el ministro
Por Juan Antonio Ruiz Romero
A mediados de los años setenta, en el cancionero popular colombiano apareció un estribillo retador, despechado y herido: “Tú no vales un plomo que yo dispare para matarte”, el cual años más tarde, grabaron también Los Betos, a ritmo vallenato.
Y de acuerdo con las recientes decisiones del gobierno nacional y del Congreso, esa podría ser la banda sonora para la Ley de Víctimas del conflicto armado, que las mayorías uribistas terminaron hundiendo en la Comisión de Conciliación.
Sorprende eso sí, que tres días antes del naufragio de la ley, el propio ministro del Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossio afirmara textualmente que “con la aprobación de la ley se logra el equilibrio entre el respeto a los estándares internacionales y la Constitución y las leyes colombianas, dentro del marco de la viabilidad fiscal y la responsabilidad política".
En un país con más de medio siglo de violencia política, crímenes de lesa humanidad, desplazamiento forzado, grupos armados ilegales de izquierda y de derecha, por lo menos 220 mil familias esperan algún tipo de reparación económica, a cambio del dolor, el desarraigo y la muerte de sus seres queridos.
No fueron suficientes los desgarradores testimonios divulgados en Medellín, en el Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, al cual asistieron los Príncipes de Asturias, el presidente Uribe, el ministro del Interior y varios de nuestros legisladores. Más allá de los compromisos presupuestales, lo que el gobierno no pudo aceptar es que al lado de las infamias cometidas por la guerrilla y los paramilitares, se incluyeran los crímenes cometidos por miembros de la fuerza pública, denominados con el sutil nombre de “falsos positivos”, pero, no por ello, menos homicidios.
Parecería casualidad, pero el hundimiento de la Ley de Víctimas se produjo el mismo día en que el relator especial de Naciones Unidas para ejecuciones extrajudiciales Philip Alston reveló que los civiles presentados como guerrilleros muertos en combate son una práctica "más o menos sistemática" en el Ejército colombiano. Y ahí fue Troya.
Aunque el gobierno nacional anuncia una nueva ley de Víctimas para la próxima legislatura, las familias afectadas, algunos dirigentes de la política, sectores académicos y medios de comunicación nos preguntamos si valieron la pena las promesas, el desgaste de más de dos años, las audiencias públicas y las 10 mil cartas que fueron enviadas al Congreso, porque, en últimas, las personas sienten que todo el proceso fue “una botadera de corriente”, en donde les “salieron con un chorro de babas”.
Y la pregunta que surge de inmediato es: ¿Cuál es la idea de víctima que tiene el señor ministro del Interior? Porque, de acuerdo con los hechos, las víctimas no son los campesinos despojados, las madres cabezas de hogar y los huérfanos de la violencia.
No. Para el excelso ministro, las víctimas son los “honorables congresistas” y padres de la patria, que, en medio de su indefensión legal, jurídica y económica, sufren las persecuciones con investigaciones penales de la Corte Suprema de Justicia y procesos de pérdida de investidura por parte del Consejo de Estado. Por ello, el diligente hermano de Guillermo León, propondrá revivir la inmunidad parlamentaria.
Al paso que vamos, los congresistas procesados y condenados por la “parapolítica”, van a ser los oradores centrales del próximo Congreso de víctimas del terrorismo.
A mediados de los años setenta, en el cancionero popular colombiano apareció un estribillo retador, despechado y herido: “Tú no vales un plomo que yo dispare para matarte”, el cual años más tarde, grabaron también Los Betos, a ritmo vallenato.
Y de acuerdo con las recientes decisiones del gobierno nacional y del Congreso, esa podría ser la banda sonora para la Ley de Víctimas del conflicto armado, que las mayorías uribistas terminaron hundiendo en la Comisión de Conciliación.
Sorprende eso sí, que tres días antes del naufragio de la ley, el propio ministro del Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossio afirmara textualmente que “con la aprobación de la ley se logra el equilibrio entre el respeto a los estándares internacionales y la Constitución y las leyes colombianas, dentro del marco de la viabilidad fiscal y la responsabilidad política".
En un país con más de medio siglo de violencia política, crímenes de lesa humanidad, desplazamiento forzado, grupos armados ilegales de izquierda y de derecha, por lo menos 220 mil familias esperan algún tipo de reparación económica, a cambio del dolor, el desarraigo y la muerte de sus seres queridos.
No fueron suficientes los desgarradores testimonios divulgados en Medellín, en el Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, al cual asistieron los Príncipes de Asturias, el presidente Uribe, el ministro del Interior y varios de nuestros legisladores. Más allá de los compromisos presupuestales, lo que el gobierno no pudo aceptar es que al lado de las infamias cometidas por la guerrilla y los paramilitares, se incluyeran los crímenes cometidos por miembros de la fuerza pública, denominados con el sutil nombre de “falsos positivos”, pero, no por ello, menos homicidios.
Parecería casualidad, pero el hundimiento de la Ley de Víctimas se produjo el mismo día en que el relator especial de Naciones Unidas para ejecuciones extrajudiciales Philip Alston reveló que los civiles presentados como guerrilleros muertos en combate son una práctica "más o menos sistemática" en el Ejército colombiano. Y ahí fue Troya.
Aunque el gobierno nacional anuncia una nueva ley de Víctimas para la próxima legislatura, las familias afectadas, algunos dirigentes de la política, sectores académicos y medios de comunicación nos preguntamos si valieron la pena las promesas, el desgaste de más de dos años, las audiencias públicas y las 10 mil cartas que fueron enviadas al Congreso, porque, en últimas, las personas sienten que todo el proceso fue “una botadera de corriente”, en donde les “salieron con un chorro de babas”.
Y la pregunta que surge de inmediato es: ¿Cuál es la idea de víctima que tiene el señor ministro del Interior? Porque, de acuerdo con los hechos, las víctimas no son los campesinos despojados, las madres cabezas de hogar y los huérfanos de la violencia.
No. Para el excelso ministro, las víctimas son los “honorables congresistas” y padres de la patria, que, en medio de su indefensión legal, jurídica y económica, sufren las persecuciones con investigaciones penales de la Corte Suprema de Justicia y procesos de pérdida de investidura por parte del Consejo de Estado. Por ello, el diligente hermano de Guillermo León, propondrá revivir la inmunidad parlamentaria.
Al paso que vamos, los congresistas procesados y condenados por la “parapolítica”, van a ser los oradores centrales del próximo Congreso de víctimas del terrorismo.
miércoles, 17 de junio de 2009
Tan parecidos y tan distintos
Por Juan Antonio Ruiz Romero
El reciente lanzamiento en Pereira del canal Región Colombia Internacional; el tercer triunfo consecutivo conseguido por una empresa de Parquesoft Pereira en la Competencia Talento e Innovación, TIC de las Américas; la jornada cívica de Pereira sin basuras y la apertura del centro comercial Unicentro nos invitan a una reflexión sobre cuál es la ciudad que tenemos y la que quisiéramos tener.
Por iniciativa y capacidad de gestión del profesional risaraldense Jorge Alberto Marín, tanto dentro del país como en el exterior ya se recibe la señal de Región Colombia Internacional, un canal que emite una selección de las mejores producciones de los ocho canales regionales del país y que se convierte, a través del satélite, en un contacto directo para los miles de andariegos nuestros que están viviendo en Norteamérica y Europa occidental.
“Es el medio para ver lo que somos como cultura, como sociedad y a la vez, un ancla con el país para los que se fueron” asegura el ex gerente de Telecafé. Sin dudas una apuesta televisiva audaz que podría ser, de carambola, la primera acción concreta de política pública frente al fenómeno migratorio.
Y mientras uno piensa en el sombrero “vueltiao”, el cuadro del Sagrado Corazón, los cultivos de café, la “chiva” y aquellas imágenes de nuestra identidad nacional, descubre, sin mayor esfuerzo, que los deportistas de alto rendimiento, los artistas, los empresarios talentosos e innovadores como Duto Ingeniería, MLC Tecnología Educativa e Íkono, los investigadores, los científicos, nuestros verdaderos doctores, tienen que convertirse en esa imagen sólida, vital y que habla por si sola de la región y del país.
En el mismo sentido, el tan referenciado civismo de los pereiranos, no puede quedarse en el nostálgico recuerdo de los abuelos y en la manida disculpa de todas las obras que construimos solidarios, en convites, sin necesidad de la ayuda de los poderes central y de Caldas. El comportamiento cívico y amoroso con la ciudad debe ser la impronta de los hijos de Pereira y compartirlo en generosas transfusiones a todos los que llegan y se asientan en nuestro territorio.
Por ello es tan importante que con las grandes superficies: Carrefour, Éxito, La 14, Al Kosto, Home Center, Makro y la explosión desmesurada de centros comerciales: Bolívar Plaza, Victoria Centro Comercial, Pereira Plaza, Cómplex Circunvalar, Alameda y Unicentro redefinamos nuestro perfil de ciudad. Sin dudas hay una fuerte e innegable vocación comercial, pero uno se pregunta si eso es suficiente para dinamizar la economía. Y aunque los centros comerciales ofrecen, como en el caso de Unicentro generosas áreas para caminar y para el encuentro, esa responsabilidad no se la podemos entregar solo a los particulares, sino le corresponde a las administraciones públicas garantizar espacios públicos para el disfrute colectivo de los ciudadanos.
Lo primero que dice un recién llegado a Pereira es cómo está la ciudad de grande, de desarrollada, con tantos proyectos inmobiliarios y comerciales. Y tienen razón. Sin embargo, debemos buscar que esos proyectos respondan a esa incipiente identidad que tratamos de rescatar, para que no seamos solo un rincón más del planeta, con centros comerciales clonados y grandes superficies calcadas, en donde cada góndola, cada estantería y cada producto se encuentran en el mismo sitio.
¡Qué bueno que seamos globales, pero sin perder la esencia que nos hace diferentes!
El reciente lanzamiento en Pereira del canal Región Colombia Internacional; el tercer triunfo consecutivo conseguido por una empresa de Parquesoft Pereira en la Competencia Talento e Innovación, TIC de las Américas; la jornada cívica de Pereira sin basuras y la apertura del centro comercial Unicentro nos invitan a una reflexión sobre cuál es la ciudad que tenemos y la que quisiéramos tener.
Por iniciativa y capacidad de gestión del profesional risaraldense Jorge Alberto Marín, tanto dentro del país como en el exterior ya se recibe la señal de Región Colombia Internacional, un canal que emite una selección de las mejores producciones de los ocho canales regionales del país y que se convierte, a través del satélite, en un contacto directo para los miles de andariegos nuestros que están viviendo en Norteamérica y Europa occidental.
“Es el medio para ver lo que somos como cultura, como sociedad y a la vez, un ancla con el país para los que se fueron” asegura el ex gerente de Telecafé. Sin dudas una apuesta televisiva audaz que podría ser, de carambola, la primera acción concreta de política pública frente al fenómeno migratorio.
Y mientras uno piensa en el sombrero “vueltiao”, el cuadro del Sagrado Corazón, los cultivos de café, la “chiva” y aquellas imágenes de nuestra identidad nacional, descubre, sin mayor esfuerzo, que los deportistas de alto rendimiento, los artistas, los empresarios talentosos e innovadores como Duto Ingeniería, MLC Tecnología Educativa e Íkono, los investigadores, los científicos, nuestros verdaderos doctores, tienen que convertirse en esa imagen sólida, vital y que habla por si sola de la región y del país.
En el mismo sentido, el tan referenciado civismo de los pereiranos, no puede quedarse en el nostálgico recuerdo de los abuelos y en la manida disculpa de todas las obras que construimos solidarios, en convites, sin necesidad de la ayuda de los poderes central y de Caldas. El comportamiento cívico y amoroso con la ciudad debe ser la impronta de los hijos de Pereira y compartirlo en generosas transfusiones a todos los que llegan y se asientan en nuestro territorio.
Por ello es tan importante que con las grandes superficies: Carrefour, Éxito, La 14, Al Kosto, Home Center, Makro y la explosión desmesurada de centros comerciales: Bolívar Plaza, Victoria Centro Comercial, Pereira Plaza, Cómplex Circunvalar, Alameda y Unicentro redefinamos nuestro perfil de ciudad. Sin dudas hay una fuerte e innegable vocación comercial, pero uno se pregunta si eso es suficiente para dinamizar la economía. Y aunque los centros comerciales ofrecen, como en el caso de Unicentro generosas áreas para caminar y para el encuentro, esa responsabilidad no se la podemos entregar solo a los particulares, sino le corresponde a las administraciones públicas garantizar espacios públicos para el disfrute colectivo de los ciudadanos.
Lo primero que dice un recién llegado a Pereira es cómo está la ciudad de grande, de desarrollada, con tantos proyectos inmobiliarios y comerciales. Y tienen razón. Sin embargo, debemos buscar que esos proyectos respondan a esa incipiente identidad que tratamos de rescatar, para que no seamos solo un rincón más del planeta, con centros comerciales clonados y grandes superficies calcadas, en donde cada góndola, cada estantería y cada producto se encuentran en el mismo sitio.
¡Qué bueno que seamos globales, pero sin perder la esencia que nos hace diferentes!
Nosotros, los informales
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 11 de junio
Tal vez por las mismas razones en que dividimos el mundo en buenos y malos, en ricos y pobres, en grandes y pequeños, hace algún tiempo se acuñó en el lenguaje coloquial la diferenciación entre formales e informales.
Al principio, a uno le decían en la escuela que los formales eran los niños que se quedaban sentados juiciosos en clase, no se movían, no preguntaban, no hablaban con el vecino y copiaban todo lo que les dictaba la profesora. Poco a poco, uno se va dando cuenta que la formalidad tiene otras acepciones. -¡Qué señor tan formal!, dicen como sinónimo de una persona atenta, caballerosa y honorable, así no tenga registro mercantil.
Después nos enteramos que el 95 por ciento de las actividades económicas de nuestra región son consideradas informales porque, dado su tamaño, permanencia en el mercado o composición organizacional, no cumplen con una serie de requisitos para ser considerados parte de la economía formal.
Y dentro de ese sector productivo, reconocido, legal y formalizado, uno se encuentra con sorpresa, con varias empresas en donde lo primero que le preguntan a quien solicita un bien o un servicio, es si necesitan o no factura, por aquello de la contabilidad paralela. ¿Al fin qué, formales o informales? ¿Legales o ilegales?
De otro lado, y a pesar del discurso según el cual, “de eso tan bueno no dan tanto”, personas de distintos estratos llevaron su dinero a captadoras ilegales que ofrecían jugosos rendimientos. Muchos pensaban sólo en D.R.F.E. y D.M.G. Pero, la reciente intervención de las firmas Su inversión y Gran Valor en Pereira que habían captado alrededor de 20 mil millones de pesos, “de personas de alto perfil económico y social”, a quienes se les había olvidado, tal vez por descuido, declarar esos recursos y más bien colocarlos en un mercado extrabancario, nos demuestra la informalidad de la economía, en donde solo un 7,5% de colombianos tiene acceso al sector bancario tradicional.
Ahora, las reacciones, entre preocupadas y destempladas, que generó en Pereira, el reciente informe del DANE sobre desempleo en las Áreas Metropolitanas del país, nos puso de nuevo a analizar las características del empleo que se busca, se ofrece y se ejerce en nuestros municipios y la calidad del mismo.
A la tasa del 19,7% de la desocupación formal que se registra en Pereira, se debe agregar el porcentaje de empleo informal o subempleo, que supera el 30% y representa a los colombianos que se sienten insatisfechos con las condiciones laborales actuales o que laboran en una actividad que consideran temporal, mientras consiguen una mejor o más acorde con su capacitación y sus expectativas.
Así que entre los desocupados formales y los empleados en la informalidad, superamos la mitad de la denominada Población Económicamente Activa del país. Como quién dice, uno de cada dos colombianos, en edad de trabajar, está desempleado o forma parte de la denominada economía informal.
Luego de revisar esos datos, me da la impresión que hemos sido demasiado formales en el manejo de una cantidad de hechos, comportamientos y realidades que nos demuestran el grado de informalidad en que vivimos.
Tal vez por las mismas razones en que dividimos el mundo en buenos y malos, en ricos y pobres, en grandes y pequeños, hace algún tiempo se acuñó en el lenguaje coloquial la diferenciación entre formales e informales.
Al principio, a uno le decían en la escuela que los formales eran los niños que se quedaban sentados juiciosos en clase, no se movían, no preguntaban, no hablaban con el vecino y copiaban todo lo que les dictaba la profesora. Poco a poco, uno se va dando cuenta que la formalidad tiene otras acepciones. -¡Qué señor tan formal!, dicen como sinónimo de una persona atenta, caballerosa y honorable, así no tenga registro mercantil.
Después nos enteramos que el 95 por ciento de las actividades económicas de nuestra región son consideradas informales porque, dado su tamaño, permanencia en el mercado o composición organizacional, no cumplen con una serie de requisitos para ser considerados parte de la economía formal.
Y dentro de ese sector productivo, reconocido, legal y formalizado, uno se encuentra con sorpresa, con varias empresas en donde lo primero que le preguntan a quien solicita un bien o un servicio, es si necesitan o no factura, por aquello de la contabilidad paralela. ¿Al fin qué, formales o informales? ¿Legales o ilegales?
De otro lado, y a pesar del discurso según el cual, “de eso tan bueno no dan tanto”, personas de distintos estratos llevaron su dinero a captadoras ilegales que ofrecían jugosos rendimientos. Muchos pensaban sólo en D.R.F.E. y D.M.G. Pero, la reciente intervención de las firmas Su inversión y Gran Valor en Pereira que habían captado alrededor de 20 mil millones de pesos, “de personas de alto perfil económico y social”, a quienes se les había olvidado, tal vez por descuido, declarar esos recursos y más bien colocarlos en un mercado extrabancario, nos demuestra la informalidad de la economía, en donde solo un 7,5% de colombianos tiene acceso al sector bancario tradicional.
Ahora, las reacciones, entre preocupadas y destempladas, que generó en Pereira, el reciente informe del DANE sobre desempleo en las Áreas Metropolitanas del país, nos puso de nuevo a analizar las características del empleo que se busca, se ofrece y se ejerce en nuestros municipios y la calidad del mismo.
A la tasa del 19,7% de la desocupación formal que se registra en Pereira, se debe agregar el porcentaje de empleo informal o subempleo, que supera el 30% y representa a los colombianos que se sienten insatisfechos con las condiciones laborales actuales o que laboran en una actividad que consideran temporal, mientras consiguen una mejor o más acorde con su capacitación y sus expectativas.
Así que entre los desocupados formales y los empleados en la informalidad, superamos la mitad de la denominada Población Económicamente Activa del país. Como quién dice, uno de cada dos colombianos, en edad de trabajar, está desempleado o forma parte de la denominada economía informal.
Luego de revisar esos datos, me da la impresión que hemos sido demasiado formales en el manejo de una cantidad de hechos, comportamientos y realidades que nos demuestran el grado de informalidad en que vivimos.
miércoles, 3 de junio de 2009
Lógicas inversas o ilógicas
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Hay situaciones tan curiosas en la vida diaria, que lo llevan a uno a concluir que definitivamente cada ser humano, de acuerdo con sus condiciones, su experiencia, sus perspectivas, construye- a pesar de lo que crean los demás- sus propias lógicas.
Luego de varios meses de negociación, con discusiones intensas y acaloradas, la alcaldía de Pereira, los comerciantes formales, los informales y la Universidad Católica Popular de Risaralda suscribieron el Pacto Cívico para la reorganización del espacio público del centro de la ciudad. El proceso está en su etapa inicial y exige, además de buenas dosis de paciencia y voluntad, un seguimiento permanente alrededor de los acuerdos.
Tal vez uno de los aspectos de mayor consenso de todos los participantes en el Pacto fue la necesidad de esforzarse por mantener unas calles (áreas de trabajo) limpias, como una elemental muestra de respeto con la ciudad y como parte de la idea de ofrecer un entorno más amable, tanto para el vendedor como para el comprador.
Sin embargo, cuando algunas personas que trabajan en la calle fueron requeridas para que no arrojaran basuras al piso, respondieron, sin la menor sombra de duda, que en la actual situación económica no podían dejar sin trabajo a los escobitas de Atesa. Y lo peor es que se lo creen. Cuestiones de las lógicas inversas-diría uno.
A nosotros como colombianos y ciudadanos, nos repiten las autoridades, con cierta periodicidad, que se debe denunciar la comisión de cualquier delito, ya que no podemos ser cómplices de la impunidad. Lamentablemente, tal vez por aquello de las lógicas, “una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando”. En la sede de la Fiscalía y de algunos despachos judiciales, más que servidores públicos parece es que existieran funcionarios dedicados a devolver a las personas a sus casas. “-Ese caso no prospera. -Le toca conseguirse un abogado.-No se ponga a perder tiempo con eso. –Usted que le va a poder sacar un peso a ese tipo que no tiene dónde caerse muerto. –Es mejor que concilien. Es preferible un mal arreglo que un buen pleito”. Y uno pensando que la función de ellos es recibir las denuncias, darles trámite y velar porque se haga justicia.
Pero hay más. Hace unos días un joven y destacado profesional pereirano fue operado de un tumor cancerígeno en la tiroides. El oncólogo ordenó una terapia complementaria de yodo radiactivo para garantizar el tratamiento. La EPS Salud Total, en una de esas lógicas incomprensibles, no solo mandó al paciente, en recuperación, a buscar cotizaciones, tanto en Pereira como en Manizales, para saber en donde era más barato, sino que se negó a asumir los costos del servicio. Un juez, ese si bastante lógico, le dio razón al paciente, frente a la EPS, cuyo nombre debería ser “Salud Total… a medias.”
Todos estos hechos sorprendentes y paradójicos, me llevaron a recordar lo sucedido en la India, en la década de los 70, cuando debido a la superpoblación, la Primera ministra Indira Gandhi emprendió una campaña masiva de planificación familiar, con la cual, en solo 5 meses, se esterilizaron 4 millones de indios. Esa decisión política, que buscaba aumentar la esperanza de vida de 27 a 45 años, reducir la mortalidad infantil y evitar las hambrunas, le costó la más aplastante derrota de su vida.
Los indios más pobres, excluidos y sin hogar, nunca le perdonaron que les quitara la posibilidad de tener hijos, que eran, con su trabajo desde niños, la principal fuente de recursos de las familias. Así Naciones Unidas y la Organización Internacional del Trabajo dijeran lo contario. En resumen, todo es cuestión de lógicas.
Hay situaciones tan curiosas en la vida diaria, que lo llevan a uno a concluir que definitivamente cada ser humano, de acuerdo con sus condiciones, su experiencia, sus perspectivas, construye- a pesar de lo que crean los demás- sus propias lógicas.
Luego de varios meses de negociación, con discusiones intensas y acaloradas, la alcaldía de Pereira, los comerciantes formales, los informales y la Universidad Católica Popular de Risaralda suscribieron el Pacto Cívico para la reorganización del espacio público del centro de la ciudad. El proceso está en su etapa inicial y exige, además de buenas dosis de paciencia y voluntad, un seguimiento permanente alrededor de los acuerdos.
Tal vez uno de los aspectos de mayor consenso de todos los participantes en el Pacto fue la necesidad de esforzarse por mantener unas calles (áreas de trabajo) limpias, como una elemental muestra de respeto con la ciudad y como parte de la idea de ofrecer un entorno más amable, tanto para el vendedor como para el comprador.
Sin embargo, cuando algunas personas que trabajan en la calle fueron requeridas para que no arrojaran basuras al piso, respondieron, sin la menor sombra de duda, que en la actual situación económica no podían dejar sin trabajo a los escobitas de Atesa. Y lo peor es que se lo creen. Cuestiones de las lógicas inversas-diría uno.
A nosotros como colombianos y ciudadanos, nos repiten las autoridades, con cierta periodicidad, que se debe denunciar la comisión de cualquier delito, ya que no podemos ser cómplices de la impunidad. Lamentablemente, tal vez por aquello de las lógicas, “una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando”. En la sede de la Fiscalía y de algunos despachos judiciales, más que servidores públicos parece es que existieran funcionarios dedicados a devolver a las personas a sus casas. “-Ese caso no prospera. -Le toca conseguirse un abogado.-No se ponga a perder tiempo con eso. –Usted que le va a poder sacar un peso a ese tipo que no tiene dónde caerse muerto. –Es mejor que concilien. Es preferible un mal arreglo que un buen pleito”. Y uno pensando que la función de ellos es recibir las denuncias, darles trámite y velar porque se haga justicia.
Pero hay más. Hace unos días un joven y destacado profesional pereirano fue operado de un tumor cancerígeno en la tiroides. El oncólogo ordenó una terapia complementaria de yodo radiactivo para garantizar el tratamiento. La EPS Salud Total, en una de esas lógicas incomprensibles, no solo mandó al paciente, en recuperación, a buscar cotizaciones, tanto en Pereira como en Manizales, para saber en donde era más barato, sino que se negó a asumir los costos del servicio. Un juez, ese si bastante lógico, le dio razón al paciente, frente a la EPS, cuyo nombre debería ser “Salud Total… a medias.”
Todos estos hechos sorprendentes y paradójicos, me llevaron a recordar lo sucedido en la India, en la década de los 70, cuando debido a la superpoblación, la Primera ministra Indira Gandhi emprendió una campaña masiva de planificación familiar, con la cual, en solo 5 meses, se esterilizaron 4 millones de indios. Esa decisión política, que buscaba aumentar la esperanza de vida de 27 a 45 años, reducir la mortalidad infantil y evitar las hambrunas, le costó la más aplastante derrota de su vida.
Los indios más pobres, excluidos y sin hogar, nunca le perdonaron que les quitara la posibilidad de tener hijos, que eran, con su trabajo desde niños, la principal fuente de recursos de las familias. Así Naciones Unidas y la Organización Internacional del Trabajo dijeran lo contario. En resumen, todo es cuestión de lógicas.
Tamaño mayo de este año
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Los acontecimientos cotidianos en Colombia son como una escalera eléctrica, en donde si usted no se sube, se queda rezagado.
Para quienes dicen que aquí no pasa nada y todo sigue igual, les traigo una corta relación de algunos de los hechos ocurridos durante el último mes.
Lo que nosotros llamábamos “una gripita”, se convirtió en los últimos treinta días en epidemia mundial, y el virus de la influenza AH1N1 se volvió un enemigo más peligroso y temible que las armas de destrucción masiva que sirvieron de excusa para invadir a Iraq.
En el mayo que termina se produjo una nueva avalancha de renuncias de congresistas por cuenta del proceso de la parapolítica que compromete a reconocidos dirigentes de la bancada de gobierno, entre ellos al hoy renunciado ex senador risaraldense Habib Merheg.
Fue tal el impacto de la seguidilla de renuncias de sus aliados en el Capitolio que el ex comisionado de paz y actual presidente del partido de La U. Luis Carlos Restrepo tuvo el infortunado desliz de proponer de nuevo “la inmunidad parlamentaria”, para que no se pueda encarcelar a los “padres de la Patria” que tenían la misión de “refundar el país”.
En el mes que acaba de transcurrir, el Partido Liberal en Risaralda se quedó sin candidato al Senado, luego de que el ex alcalde Juan Manuel Arango declinara su aspiración con el cuento de que quería estar más tiempo con su familia y que el ejercicio de la política se había encarecido demasiado, cómo si él mismo no hubiera participado en las subastas electorales, al mejor postor.
Fue en el agónico quinto mes de 2009, cuando el conservatismo se rebeló contra la posibilidad de que “el primer damo de Dosquebradas” fuera a llegar, con un paracaídas azul y los bolsillos llenos, a postularse a la lista a la Cámara de Representantes, de un partido del que nunca ha hecho parte.
En las últimas cuatro semanas se nos fueron, uno tras otro, el ex senador liberal Oscar Vélez Marulanda; el abogado y académico Alberto Vega; el maestro Rafael Escalona y el poeta uruguayo Mario Benedetti.
En ese mismo lapso, la cotización internacional del café colombiano, que durante los últimos años fue de un dólar con 50 centavos en promedio, hoy, ante la caída en la producción que nos llevará a importar el grano de Ecuador y Centroamérica, alcanza la cifra histórica, en diez años, de dos dólares con 22 centavos la libra.
Durante el último mes, las mayorías uribistas aprobaron a pupitrazo el referendo y tratan de sacar adelante una controvertida, restringida y sospechosa reforma política. Al mismo tiempo, renunció al Ministerio de Defensa el más firme aspirante a suceder a Uribe, si Uribe deja que lo sucedan.
Revisando con detenimiento todos los hechos ocurridos en mayo, uno no deja de pensar que es cierta la irónica frase del escritor siciliano Giuseppe Tomasi, Príncipe de Lampedusa: “Hay que cambiar las cosas para que todo siga igual”.
Los acontecimientos cotidianos en Colombia son como una escalera eléctrica, en donde si usted no se sube, se queda rezagado.
Para quienes dicen que aquí no pasa nada y todo sigue igual, les traigo una corta relación de algunos de los hechos ocurridos durante el último mes.
Lo que nosotros llamábamos “una gripita”, se convirtió en los últimos treinta días en epidemia mundial, y el virus de la influenza AH1N1 se volvió un enemigo más peligroso y temible que las armas de destrucción masiva que sirvieron de excusa para invadir a Iraq.
En el mayo que termina se produjo una nueva avalancha de renuncias de congresistas por cuenta del proceso de la parapolítica que compromete a reconocidos dirigentes de la bancada de gobierno, entre ellos al hoy renunciado ex senador risaraldense Habib Merheg.
Fue tal el impacto de la seguidilla de renuncias de sus aliados en el Capitolio que el ex comisionado de paz y actual presidente del partido de La U. Luis Carlos Restrepo tuvo el infortunado desliz de proponer de nuevo “la inmunidad parlamentaria”, para que no se pueda encarcelar a los “padres de la Patria” que tenían la misión de “refundar el país”.
En el mes que acaba de transcurrir, el Partido Liberal en Risaralda se quedó sin candidato al Senado, luego de que el ex alcalde Juan Manuel Arango declinara su aspiración con el cuento de que quería estar más tiempo con su familia y que el ejercicio de la política se había encarecido demasiado, cómo si él mismo no hubiera participado en las subastas electorales, al mejor postor.
Fue en el agónico quinto mes de 2009, cuando el conservatismo se rebeló contra la posibilidad de que “el primer damo de Dosquebradas” fuera a llegar, con un paracaídas azul y los bolsillos llenos, a postularse a la lista a la Cámara de Representantes, de un partido del que nunca ha hecho parte.
En las últimas cuatro semanas se nos fueron, uno tras otro, el ex senador liberal Oscar Vélez Marulanda; el abogado y académico Alberto Vega; el maestro Rafael Escalona y el poeta uruguayo Mario Benedetti.
En ese mismo lapso, la cotización internacional del café colombiano, que durante los últimos años fue de un dólar con 50 centavos en promedio, hoy, ante la caída en la producción que nos llevará a importar el grano de Ecuador y Centroamérica, alcanza la cifra histórica, en diez años, de dos dólares con 22 centavos la libra.
Durante el último mes, las mayorías uribistas aprobaron a pupitrazo el referendo y tratan de sacar adelante una controvertida, restringida y sospechosa reforma política. Al mismo tiempo, renunció al Ministerio de Defensa el más firme aspirante a suceder a Uribe, si Uribe deja que lo sucedan.
Revisando con detenimiento todos los hechos ocurridos en mayo, uno no deja de pensar que es cierta la irónica frase del escritor siciliano Giuseppe Tomasi, Príncipe de Lampedusa: “Hay que cambiar las cosas para que todo siga igual”.
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