Por Juan Antonio Ruiz Romero
Según los pactos políticos suscritos a principios de este año, al Partido Liberal le corresponderá la presidencia del Concejo municipal de Pereira durante 2009. De acuerdo con las versiones de prensa, el liberalismo, que es la bancada mayoritaria en esa corporación, postuló para esa dignidad a los concejales Hernando Arcila y Peterson Lopera.
De inmediato, me acordé como, por estas calendas, hace dos años, se daba como un hecho la elección en la presidencia del Cabildo pereirano, de una concejala que tenía detenido a su esposo por posesión ilegal de armas de fuego y cuyo proceso penal derivó en una condena de 30 meses de cárcel a dicho ciudadano.
Si bien era cierto que la concejala en mención no estuvo vinculada con la investigación, era evidente que para “la junta directiva del municipio”, no era de buena presentación que ella apareciera como cabeza visible de la entidad coadministradora.
Ahora, aunque la situación es diferente, porque no hay procesos penales de por medio, uno como pereirano del montón se pregunta, quién de los dos postulados por el liberalismo es la persona más adecuada para ocupar la presidencia de la corporación.
El concejal Hernando Arcila, de quién ya perdimos la cuenta del número de años que lleva en la corporación, ha sido una figura fantasmagórica e invisible. Su curul está intacta, sin siquiera un rayón. Y no porque sea en extremo cuidadoso, sino porque casi nunca está. Durante algún tiempo, fue el campeón del ausentismo en el Concejo, al cual solo asistía para responder a lista y, al menor descuido, se fugaba del recinto. Cuándo la directiva del momento y varios concejales le llamaron la atención, en lugar de un acto de contrición y enmienda; se dedicó, con ánimo vengativo, a llevar un cuidadoso registro de cada movimiento de sus compañeros, sus horas de llegada y el tiempo de permanencia en comisión o en plenaria. Luego lo hizo público, para que dejaran de meterse con él. Ahora, como toman lista al inicio y al cierre de la sesión, el candidato uno a presidente del Concejo se da sus mañas para aparecer a tiempo y lograr que le paguen la sesión.
En la última década, el único debate que promovió el concejal Arcila fue contra la creación de la empresa Biorgánicos del Otún, pero la gasolina, quizás por el alto precio de los combustibles, se le acabó prontico. Por lo demás, es gobiernista por convicción y a cambio de su participación burocrática, no pregunta, no debate, no dice nada. Solo vota positivo, para complacencia de la administración.
El otro postulado a la presidencia del Concejo siempre lo llamaban sus amigos de barrio y colegio Peterson, pero desde que, en 2003, fue elegido “el concejal de Juan Manuel”, sus asesores decidieron que mejor se llamaría “Piterson”, que es mucho más internacional y hasta con sabor a marca de Cholao, de esos que venden en el sector de La Rebeca y anuncian en la televisión.
Peterson o Piterson, es contador público, andaba con guayaberas y bluyines y desde que el año pasado lo convencieron que podría ser precandidato a la alcaldía, anda con elegantes trajes de marca, corbata a la moda y zapatos importados.
Sin embargo, el problema es que durante sus cinco años de concejal NUNCA ha hecho un debate importante ni presentado un proyecto de acuerdo a favor de la ciudad. Un par de intervenciones para contrastar con el silencio sepulcral de Arcila hacen la diferencia.
Pero la bancada liberal nunca fue capaz de explicar ni disculparse con los ciudadanos por la reunión que Lopera y su padre tuvieron con la gerente del Aeropuerto, a quién le pidieron que les entregara a título personal y a dedo, el manejo del parqueadero del terminal aéreo. ¿Tan aviones, cierto?
Creo, como otras personas, que la presidencia del Concejo de Pereira debe ser para alguien con méritos, formación, estatura moral e inteligencia, o por lo menos, deseo de servicio. La opción de hoy es escoger entre un mediocre y un avivato. ¿Será que no hay nadie más y qué como decía algún concejal tocará escoger entre el menos malo de los dos? En mi concepto, ni la ciudad ni el Concejo se merecen a ninguno de ellos.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Epidemia a la vista
Por Juan Antonio Ruiz Romero, noviembre 6 de 2008
Hay situaciones irremediables. Una de ellas es que cuando una persona o una marca se ponen de moda, de inmediato, empiezan a bautizar a los pobres recién nacidos con el famoso apelativo.
Hoy, a pesar de todo el desarrollo de las tecnologías, muy pocos se acuerdan de quién fue Diana Frances Spencer. Eso sí, cualquiera, sin consultar internet, sabe que fue la responsable directa de que en la década de los ochenta, a millones de tiernas y desprotegidas niñitas en distintos rincones del mundo, las bautizaran “Leidydís”.
Tal vez, sin quererlo, sus amorosos pero faltos de imaginación padres y madres, querían que las criaturitas se convirtieran en dulces aprendices de princesas contemporáneas, aunque el príncipe fuera feo, torpe e infiel.
Así como en marzo de 2003, a propósito de la intervención norteamericana en Iraq, a un par de mellizos nacidos en Buenaventura los bautizaron: George Bush y Sadam Hussein, desde ahora advierto lo que nos espera.
El problema es que solo a un economista negro, nacido en Kenia y a una antropóloga blanca, oriunda de Wichita, Kansas, se les podía ocurrir bautizar a su hijo único: Barack Hussein. Ellos son los verdaderos culpables.
Hace unos días, en las elecciones municipales de Brasil se presentaron los primeros síntomas de la epidemia que se avecina. Ya que la legislación electoral brasileña permite que candidatos incorporen sus apodos en el tarjetón, numerosos aspirantes recurrieron a la popularidad de Barack Obama para impulsar sus campañas.
En el estado de Minas Gerais, Davi Cardoso, se bautizó el Obama del Asentamiento; en Petrolina, Alexandre Nunes Jacinto, cambió su nombre por el de Alexandre Barack Obama; mientras que en las afueras de Rio de Janeiro, el aspirante a la alcaldía, Claudio Henrique dos Anjos, se autodenominó el Barack Obama de Belford Roxo.
La epidemia de los nombres famosos es tal que uno de los candidatos al Senado de los Estados Unidos por el estado de Louisiana fue John Kennedy. La única diferencia, es que el asesinado ex presidente de los años sesenta era del Partido demócrata, mientras que el nuevo Kennedy es republicano y se declara conservador coherente y metodista, con lo cual toma distancia del travieso y mujeriego ex senador de Massachusetts.
En contraste, otro Nixon brilla en el panorama político estadounidense. Luego del escándalo del Watergate, que obligó en agosto de 1974, a la renuncia del ex presidente republicano Richard Nixon, el Estado de Missouri está estrenando gobernador electo. Se trata del ex fiscal general Jay Nixon, quién, a diferencia del ex mandatario, pertenece al Partido demócrata.
Claro que, sin ir más lejos, en la reciente consulta interna del 26 de octubre, se inscribió como candidato al directorio municipal conservador de Pereira, un joven con un nombre bastante político, ciertamente, pero desde la otra orilla: César Gaviria.
Preparémonos pues. En pocos días, tendremos entre nosotros a Yeison “Barack” Tapasco; Yulián “Obama” Mejía, “Barack Hussein” Hinestroza; “Biden Obama” Arroyave y sus variantes femeninas de Primera Dama electa e hijas: Michelle Obama Ramírez; Malia Ann Vélez, y, para no desentonar: “Lady Natasha” Jaramillo.
Hay situaciones irremediables. Una de ellas es que cuando una persona o una marca se ponen de moda, de inmediato, empiezan a bautizar a los pobres recién nacidos con el famoso apelativo.
Hoy, a pesar de todo el desarrollo de las tecnologías, muy pocos se acuerdan de quién fue Diana Frances Spencer. Eso sí, cualquiera, sin consultar internet, sabe que fue la responsable directa de que en la década de los ochenta, a millones de tiernas y desprotegidas niñitas en distintos rincones del mundo, las bautizaran “Leidydís”.
Tal vez, sin quererlo, sus amorosos pero faltos de imaginación padres y madres, querían que las criaturitas se convirtieran en dulces aprendices de princesas contemporáneas, aunque el príncipe fuera feo, torpe e infiel.
Así como en marzo de 2003, a propósito de la intervención norteamericana en Iraq, a un par de mellizos nacidos en Buenaventura los bautizaron: George Bush y Sadam Hussein, desde ahora advierto lo que nos espera.
El problema es que solo a un economista negro, nacido en Kenia y a una antropóloga blanca, oriunda de Wichita, Kansas, se les podía ocurrir bautizar a su hijo único: Barack Hussein. Ellos son los verdaderos culpables.
Hace unos días, en las elecciones municipales de Brasil se presentaron los primeros síntomas de la epidemia que se avecina. Ya que la legislación electoral brasileña permite que candidatos incorporen sus apodos en el tarjetón, numerosos aspirantes recurrieron a la popularidad de Barack Obama para impulsar sus campañas.
En el estado de Minas Gerais, Davi Cardoso, se bautizó el Obama del Asentamiento; en Petrolina, Alexandre Nunes Jacinto, cambió su nombre por el de Alexandre Barack Obama; mientras que en las afueras de Rio de Janeiro, el aspirante a la alcaldía, Claudio Henrique dos Anjos, se autodenominó el Barack Obama de Belford Roxo.
La epidemia de los nombres famosos es tal que uno de los candidatos al Senado de los Estados Unidos por el estado de Louisiana fue John Kennedy. La única diferencia, es que el asesinado ex presidente de los años sesenta era del Partido demócrata, mientras que el nuevo Kennedy es republicano y se declara conservador coherente y metodista, con lo cual toma distancia del travieso y mujeriego ex senador de Massachusetts.
En contraste, otro Nixon brilla en el panorama político estadounidense. Luego del escándalo del Watergate, que obligó en agosto de 1974, a la renuncia del ex presidente republicano Richard Nixon, el Estado de Missouri está estrenando gobernador electo. Se trata del ex fiscal general Jay Nixon, quién, a diferencia del ex mandatario, pertenece al Partido demócrata.
Claro que, sin ir más lejos, en la reciente consulta interna del 26 de octubre, se inscribió como candidato al directorio municipal conservador de Pereira, un joven con un nombre bastante político, ciertamente, pero desde la otra orilla: César Gaviria.
Preparémonos pues. En pocos días, tendremos entre nosotros a Yeison “Barack” Tapasco; Yulián “Obama” Mejía, “Barack Hussein” Hinestroza; “Biden Obama” Arroyave y sus variantes femeninas de Primera Dama electa e hijas: Michelle Obama Ramírez; Malia Ann Vélez, y, para no desentonar: “Lady Natasha” Jaramillo.
Columna en blanco y negro
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 30 de 2008
Más allá de los resultados que arrojen las elecciones del próximo 4 de noviembre en los Estados Unidos, tengo el convencimiento de que muchos medios de comunicación van a titular: “Martes Negro”.
Los unos, sin lugar a dudas, buscarán destacar con esa noticia, la llegada a la Casa Blanca de un afroamericano, por primera vez, en los 232 años de Independencia de ese país. Obama, nacido en Honolulú, Hawai, hijo de un keniano y una estadounidense, fue el primer senador negro del Partido demócrata y el quinto de origen afro en llegar al Capitolio en Washington.
Los otros medios informativos, por el contrario, podrían sintetizar en esas dos palabras: “Martes negro”, el revés electoral del candidato demócrata Barack Obama y la victoria de su contrincante, el senador republicano John McCain.
Y aunque para los votantes gringos será una elección en blanco y negro, el propósito de esta columna es revisar algunos de esos términos que utilizamos a diario, a veces sin darnos cuenta de sus significados y connotaciones.
Cuándo uno le pregunta a alguien: -¿Cómo estás?-, más de una vez nos han respondido: “-Trabajando como negro para ganar como blanco”. ¿Que diría Obama de esa frase?
Aún recuerdo el enérgico debate que lideró hace algunos años el entonces diputado risaraldense Atilano Córdoba Maturana, quién con un amplio soporte académico y en nombre de las negritudes, le exigió al director de la CARDER modificar de su lenguaje y de las comunicados institucionales la utilización de la frase “aguas negras” y, a cambio, referirse a “aguas servidas”, “aguas residuales” o “aguas del sistema de alcantarillado”.
Y es que a raíz de la crisis financiera mundial y la caída de las bolsas de valores, desde hace algunos días, quizás por facilismo, quizás por tradición, o quizás porqué allá no hay diputados acuciosos, nos encontramos con frecuencia noticias que registran el “Lunes negro”, “Día negro en Wall Street”, “Negro panorama económico”, entre otros. Por ello, esta semana, me puse a revisar documentos sobre el origen “oscuro” de este adjetivo y me encontré con más significados de los imaginados.
Me topé con galaxias llenas de enigmáticos y sorprendentes agujeros negros. Comedias plagadas de humor negro. Grandes compositores e intérpretes de lo que se llamó durante algún tiempo música negra, que incluso tuvo en Motown, el sello disquero para editar los éxitos del jazz, el blues, el soul, el pop y la música disco.
Me enteré de negocios del mercado negro y las economías subterráneas, que se convierten en negros nubarrones para los negocios formales, que “la están viendo negra”.
Pero también descubrí a los ladrones y a los corruptos de cuello blanco, a personas bien intencionadas que son blancos de críticas; a los que firman pagarés sociales y cheques en blanco; a los vicepresidentes que ofrecen bandera blanca, en medio de las guerras verbales, y a quienes asesinan con arma blanca a los que están en la lista negra.
Conocí las piyamas blancas de las ovejas negras. Y aún me pregunto si las cebras son blancas con rayas negras o negras con rayas blancas.
Mientras llega el “martes negro”, escucho a Juanes cantando “Tengo la camisa negra”; mientras disfruto, con la mente en blanco y sin cargo de conciencia, de una reconfortante porción de manjar blanco.
Más allá de los resultados que arrojen las elecciones del próximo 4 de noviembre en los Estados Unidos, tengo el convencimiento de que muchos medios de comunicación van a titular: “Martes Negro”.
Los unos, sin lugar a dudas, buscarán destacar con esa noticia, la llegada a la Casa Blanca de un afroamericano, por primera vez, en los 232 años de Independencia de ese país. Obama, nacido en Honolulú, Hawai, hijo de un keniano y una estadounidense, fue el primer senador negro del Partido demócrata y el quinto de origen afro en llegar al Capitolio en Washington.
Los otros medios informativos, por el contrario, podrían sintetizar en esas dos palabras: “Martes negro”, el revés electoral del candidato demócrata Barack Obama y la victoria de su contrincante, el senador republicano John McCain.
Y aunque para los votantes gringos será una elección en blanco y negro, el propósito de esta columna es revisar algunos de esos términos que utilizamos a diario, a veces sin darnos cuenta de sus significados y connotaciones.
Cuándo uno le pregunta a alguien: -¿Cómo estás?-, más de una vez nos han respondido: “-Trabajando como negro para ganar como blanco”. ¿Que diría Obama de esa frase?
Aún recuerdo el enérgico debate que lideró hace algunos años el entonces diputado risaraldense Atilano Córdoba Maturana, quién con un amplio soporte académico y en nombre de las negritudes, le exigió al director de la CARDER modificar de su lenguaje y de las comunicados institucionales la utilización de la frase “aguas negras” y, a cambio, referirse a “aguas servidas”, “aguas residuales” o “aguas del sistema de alcantarillado”.
Y es que a raíz de la crisis financiera mundial y la caída de las bolsas de valores, desde hace algunos días, quizás por facilismo, quizás por tradición, o quizás porqué allá no hay diputados acuciosos, nos encontramos con frecuencia noticias que registran el “Lunes negro”, “Día negro en Wall Street”, “Negro panorama económico”, entre otros. Por ello, esta semana, me puse a revisar documentos sobre el origen “oscuro” de este adjetivo y me encontré con más significados de los imaginados.
Me topé con galaxias llenas de enigmáticos y sorprendentes agujeros negros. Comedias plagadas de humor negro. Grandes compositores e intérpretes de lo que se llamó durante algún tiempo música negra, que incluso tuvo en Motown, el sello disquero para editar los éxitos del jazz, el blues, el soul, el pop y la música disco.
Me enteré de negocios del mercado negro y las economías subterráneas, que se convierten en negros nubarrones para los negocios formales, que “la están viendo negra”.
Pero también descubrí a los ladrones y a los corruptos de cuello blanco, a personas bien intencionadas que son blancos de críticas; a los que firman pagarés sociales y cheques en blanco; a los vicepresidentes que ofrecen bandera blanca, en medio de las guerras verbales, y a quienes asesinan con arma blanca a los que están en la lista negra.
Conocí las piyamas blancas de las ovejas negras. Y aún me pregunto si las cebras son blancas con rayas negras o negras con rayas blancas.
Mientras llega el “martes negro”, escucho a Juanes cantando “Tengo la camisa negra”; mientras disfruto, con la mente en blanco y sin cargo de conciencia, de una reconfortante porción de manjar blanco.
martes, 28 de octubre de 2008
Ruiz Romero, finalista al Premio Semana Petrobras
El columnista del periódico LaTarde de Pereira, Colombia, Juan Antonio Ruiz Romero fue seleccionado dentro del grupo de finalistas del Premio Semana-Petrobras “El país contado desde las regiones”, cuya ceremonia de premiación será el miércoles 12 de noviembre de Bogotá.
Los trabajos nominados fueron publicados en el último año en la columna “En un rincón del alma” y participan en la categoría: “Mejor columna de opinión o blogger”.
Ruiz Romero es comunicador social-periodista, se desempeña como director de la Franja Informativa de la emisora radial Ecos 1360 en lazona cafetera colombiana y desde hace 5 años es columnista semanal del periódico LaTarde.
Los trabajos nominados fueron publicados en el último año en la columna “En un rincón del alma” y participan en la categoría: “Mejor columna de opinión o blogger”.
Ruiz Romero es comunicador social-periodista, se desempeña como director de la Franja Informativa de la emisora radial Ecos 1360 en lazona cafetera colombiana y desde hace 5 años es columnista semanal del periódico LaTarde.
miércoles, 22 de octubre de 2008
¿Y ahora...
quién podrá defendernos?
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 23
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 23
Cuándo el recientemente fallecido representante a la Cámara José Fernando Castro Caicedo se desempeñó como Defensor del Pueblo propuso “la ligadura de trompas a las trabajadoras sexuales, como un mecanismo para evitar los hijos no deseados”.
A pesar de la bienintencionada argumentación que soportaba la propuesta, al funcionario le llovieron todo tipo de críticas y cuestionamientos porque, más allá de sus consideraciones personales, la naturaleza del cargo que ocupaba: “Defensor del Pueblo” le impedía pronunciarse sobre un aspecto que vulneraba la libertad individual de las mujeres que ejercen dicho oficio.
Y es que, a veces, a los funcionarios se les olvida que sus declaraciones incluyen también la dignidad o cargo que representan. El único que todavía cree que puede separar sus opiniones como ministro, de sus responsabilidades como político y sus sentimientos familiares, es el Ministro del Interior y Justicia Fabio Valencia Cossio, quién trata de mantener equilibrio sobre la cuerda floja en que lo puso el juicio a su hermano Guillermo León, por los delitos de enriquecimiento ilícito, concierto para delinquir, violación de asunto sometido a reserva, falsedad por destrucción de documento y favorecimiento de información privilegiada a grupos criminales.
Me da la impresión que la historia de José Fernando Castro se está repitiendo en Risaralda, con las infortunadas declaraciones del Defensor Regional del Pueblo Luis Carlos Leal Vélez, quién en entrevista con el periódico La Tarde, publicada el sábado 18 de octubre pasado aseguró sin temblarle la voz:
“Yo pienso que no solamente debería haber pena de muerte para los violadores, sino también para los corruptos, los que deberían estar expuestos en esas vallas ante todo el mundo. ¿Dígame cuántos casos de “delincuencia de cuello blanco” se conoce (sic) que han investigado? Ninguno.”
Aunque soy un creyente sin vacilaciones de la libertad de expresión, debo tomar distancia del pronunciamiento del señor Defensor del Pueblo en Risaralda. Quizás como persona y hasta como abogado, Leal Vélez, pueda ser partidario, promotor, líder, simpatizante de la pena de muerte. En este caso no importa si la condena es para los violadores de niños, para los corruptos o para los transgresores de una norma u otra.
El tratadista del Derecho Néstor Osuna Patiño, Director del Departamento Constitucional de la Universidad Externado de Colombia, asegura que “el Defensor tiene una importante atribución relacionada con la formación de opinión pública, la cual es, sin duda, la más importante de sus atribuciones, aunque sea a la vez la más difusa. El Defensor tiene el poder de denuncia pública, esto es, el encargo de poner el dedo en la llaga en materia de violaciones de derechos humanos y de dificultades para su plena realización. Mediante esta vocería, se espera que el Defensor del Pueblo constituya uno de los motores de la sociedad en la construcción de tejido social, de respeto y de convivencia civilizada”.
Aquí lo realmente preocupante es que una de las cabezas visibles del Ministerio Público en Risaralda, quién ostenta la dignidad de Defensor del Pueblo, “amparo de los ciudadanos y conciencia de la opinión pública”, se haya referido de una manera tan alegre y descuidada sobre la pena de muerte y, pocos días después, exteriorice su preocupación por lo que llamó “limpieza social” de habitantes de la calle. ¿Cómo contradictorio, no?
El “omnipresidente”
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 16
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 16
El actual presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, es considerado por los analistas como un verdadero maestro de la micropolítica. Desde el día en que se posesionó, el 7 de agosto de 2002, empezó a viajar a los más distantes rincones del país para estar cerca de sus compatriotas y escuchar sus inquietudes.
Los consejos Comunitarios se convirtieron en el espacio televisivo semanal para conocer las necesidades, proyectos y problemas de los distintos departamentos y, en donde, el presidente escucha, responde, ordena, anuncia, regaña, promete y despacha, por encima de los gobernadores y alcaldes, a quienes termina reemplazando.
En uno de esos escenarios públicos, Uribe ordenó la detención del secretario de gobierno de Buenaventura, porque fue acusado de actos de corrupción. Luego, ante las quejas de malos manejos de las Administradoras del Régimen Subsidiado de salud, ARS, anunció que dichas empresas serían eliminadas y reemplazadas por las Cajas de Compensación Familiar, decisión que más adelante echó para atrás. Meses más tarde, en Magdalena, destituyó, en vivo y en directo, a unas funcionarias de Bienestar Familiar de quiénes recibió denuncias.
Todas fueron decisiones de un presentador-presidente y no las de un abogado juicioso y ponderado, que desde sus tiempos en la Universidad de Antioquia aprendió aquello “del debido proceso”.
Frente a los presidentes enclaustrados en el Palacio de San Carlos y, luego, en la Casa de Nariño, Uribe aparece visitando a damnificados de las inundaciones; inaugurando el puesto de salud de Mocoa; expresándole el pésame a las viudas de los ex diputados del Valle asesinados por las FARC y a la familia del niño muerto por su propio padre. El Jefe del Estado aparece trotando por el Central Park de Nueva York; dándole el teléfono de su despacho a un compatriota residente en la Gran Manzana; sacando canecas con cianuro del río Magdalena; se aparece de sorpresa en las emisoras y estaciones de televisión para que lo entrevisten y hasta protagonizó, un duelo verbal, en plena plaza de Bolívar de Bogotá, con el profesor Gustavo Moncayo, luego de que el caminante por la paz le quitara durante varios días el protagonismo en los noticieros, durante su larga travesía entre Nariño y la capital colombiana.
En todo congreso, convención, simposio, coloquio, asamblea anual o reunión gremial, el mandatario colombiano es el invitado central, para la ceremonia de instalación o la de clausura.
Antes de la era Uribe, la visita de un presidente a una ciudad o pueblo colombiano era un hecho histórico y memorable, que se celebraba con día cívico, izada de bandera, actos culturales, banda marcial y “corbata a la moda”, cual Rin Rin Renacuajo. Ahora, no. Incluso, en ciudades como Pereira, ya perdimos la cuenta de la cantidad de veces que nos ha honrado con su presencia el señor presidente.
Por eso, porque nos tiene mal acostumbrados, uno se pregunta cuáles serían las razones por las que el primer mandatario se abstuvo de reunirse con las autoridades indígenas de Colombia, que lo invitaron el martes pasado a una Minga en María Piendamó, en el departamento del Cauca.
El presidente no puede ser sólo para los dirigentes gremiales, los empresarios y los principales centros del poder político, económico y social, que lo admiran y lo respetan. El omnipresidente, que a través de los medios informativos está en todas partes, debe atender a todos los colombianos. Y todos, son todos…
jueves, 9 de octubre de 2008
¿Adormecidos o narcotizados?
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 9
Por Juan Antonio Ruiz Romero, octubre 9
En un interesante conversatorio con los congresistas, dirigentes gremiales y medios de comunicación, el general José David Guzmán, comandante de la Policía en la región Cafetera, reconoció que “el narcotráfico es el principal problema de seguridad que tenemos en Risaralda y del cual se desprenden numerosos delitos como los homicidios, los ajustes de cuentas y las venganzas personales”.
La verdadera trascendencia de dicha declaración es que, durante mucho tiempo, las autoridades gubernamentales, los organismos de seguridad, los medios informativos y los ciudadanos nos hicimos los de la vista gorda. Considerábamos “casos aislados” los hechos relacionados con la producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas y calificábamos las muertes violentas, la extorsión y el sicariato como “coletazos de la guerra entre los carteles de Cali, Medellín y Norte del Valle”.
No es remota la época en que grandes capos del negocio de la droga eran identificados como “el comerciante colombo-alemán Carlos Lehder Rivas”; el empresario, el dueño de un equipo de fútbol, el inversionista o el reconocido caballista.
En los años 80, se generalizó el concepto según el cual “en Colombia producimos cocaína para que la consuman los gringos y los europeos”, con lo cual, de alguna manera nos lavábamos las manos porque, supuestamente, el daño no era aquí. Dicha hipótesis se ratificó con la declaración de Carlos Lehder, desde la clandestinidad, en donde, con su discurso nacionalista y contra la extradición, aseveró que “la cocaína era la bomba atómica de los países pobres para atacar al imperialismo”.
El gran problema actual de Colombia, México, Perú y otros países productores, es que el consumo doméstico de drogas ilícitas, va en ascenso y desbordó la capacidad de reacción de la policía y los organismos de seguridad. Por cada negocio legal y formal que ingresa a la economía, aparecen decenas de expendios ilegales de sustancias tóxicas en los barrios y veredas, caracterizados por una inmensa capacidad de transformación, que les permite moverse de sitio, evadir la acción judicial y corromper a todo nivel.
Es tan compleja la situación de consumo de drogas en nuestros países, que se deben pensar soluciones mucho más ambiciosas, que la simple penalización de la dosis personal, iniciativa gubernamental cuatro veces frustrada en su trámite ante el Congreso colombiano.
La semana pasada, el presidente mexicano, Felipe Calderón, presentó ante las cámaras legislativas de su país una reforma para despenalizar la posesión de pequeñas cantidades de drogas. La iniciativa del mandatario propone que no sean castigados penalmente los farmacodependientes a los que autoridades le encuentren hasta 2 gramos de marihuana o de opio, 50 miligramos de heroína, 500 miligramos de cocaína y 40 miligramos de metanfetamina, entre otros narcóticos.
"Lo que se busca es no tratar como delincuente al adicto, sino como un enfermo y darle tratamiento psicológico o médico" indica la exposición de motivos. La medida puede tener amigos y detractores, pero por lo menos buscan nuevos mecanismos para enfrentar el multimillonario comercio de las drogas ilícitas.
De acuerdo con lo expresado esta semana por el secretario general de la OEA José Miguel Insulza en la Primera Reunión de Ministros de Seguridad Pública de las Américas, que se cumplió en Ciudad de México: “El tráfico de drogas procesadas en América Latina genera ingresos por 320 mil millones de dólares al año. La mayor parte de los países latinoamericanos no tienen un Producto Interior Bruto de ese tamaño”.
Frente a esa realidad, es bueno proponer una amplia reflexión social y académica, porque desde hace varios años nuestras sociedades están cada vez más narcotizadas.
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