Si la chapola es la mariposa, símbolo de libertad, que recorre campos y territorios, Colombia tiene en sus mujeres inmigrantes, miles de chapoleras de carne y hueso.
Juan Antonio Ruiz Romero Especial para La Tarde, Séptimo Día.
Nueva York, domingo 18 de octubre.
Aunque la ex reina de Risaralda y futura abogada de la Universidad Libre de Pereira Jenny Maritza Guzmán encarna esta semana en Nueva York la figura de la Chapolera, son muchas las historias de mujeres colombianas que convergen en la denominada capital del mundo.
Zuldary Grisales es caleña y se dedica a labores de limpieza y arreglo de mansiones y apartamentos de familias acomodadas, residentes en Manhattan y las cuales le pagan 270 dólares por día. En su caso, no fue la necesidad de un trabajo lo que la trajo por estas tierras, sino el desengaño amoroso que sufrió con un marido infiel.
Carolina Chaves nació en Bogotá, pero ya se encuentra radicada y habituada al ritmo electrizante de Nueva York. Aunque estudió diseño textil, durante la última década, se vinculó con el sector financiero y bancario. Allí vivió, hace un año y en toda su intensidad, la debacle de Wall Street y el peor revés del capitalismo en los últimos 70 años.
Beatriz Ramírez canta desde pequeña. La herencia musical la recibió de su padre, quién toca el requinto y viaja por el mundo acompañando a Darío Gómez, “El Rey del Despacho”. Los primeros tres discos grabados con Discos Fuentes le permitieron a esta artista antioqueña ser la única que obtuvo la visa americana, entre 37 músicos y cantantes que fueron seleccionados, por concurso público, para participar en El Musical de La Chapolera. A pesar de la negativa de los visados, el espectáculo se efectuará en el Teatro Ritz de Elizabeth, Nueva Jersey, echando mano del talento colombiano, que canta, baila, migra y subsiste en la distancia.
De mandar, a recibir órdenes
Antes de viajar a Nueva York, Zuldary era propietaria de tres ferreterías en el centro de Cali. Administraba los locales, se encargaba del personal, atendía a los proveedores y manejaba las cuentas bancarias. Cuándo se enteró de que su marido andaba en malos pasos, dejó los negocios, el hogar y la finca y se embarcó con sus hijos hacia una ciudad, que solo conocía como turista. Lo importante era dejar atrás la decepción, el desengaño y los malos recuerdos.
El hecho de no hablar una gota de inglés, que para miles de personas es un dolor de cabeza, para ella fue una bendición. Un empresario egipcio viudo, cuyas dos pequeñas hijas habían tenido “baby sister” hispanas, quería alguien que solo les hablara en español. Allí le dieron alojamiento y empezó su lento acomodo al estilo de vida norteamericano.
La avaricia rompe el saco
Para Carolina Chaves, la ambición y la codicia de los grandes ejecutivos de Wall Street fueron los causantes de la crisis económica global. Se otorgaban créditos, a diestra y siniestra, así las personas no tuvieran respaldo y capacidad económica. “Todos estaban detrás de las comisiones, de los bonos de éxito y de los incentivos económicos que les daban por los negocios, sin importar el daño estructural que se estaba causando al sistema financiero. Y ahí vimos los resultados”.
Esta colombo-estadounidense fue una de las miles de personas que se quedó sin empleo, a causa del desplome de Wall Street. Por fortuna, su experiencia y capacidad fueron reconocidas por un banco suizo, al frente del Centro Rockefeller, en donde en la actualidad se encarga de revisar los documentos en español de los clientes y negocios que adelantan con América Latina.
La Reina del despecho
Con el nombre artístico de “BERA”, Beatriz Ramírez ha efectuado dos presentaciones promocionales en Nueva York y Nueva Jersey, en donde hizo vibrar a los colombianos con temas de sus discos, pero también con los clásicos del despecho y las rancheras, que demuestran la influencia mexicana en el cancionero popular de nuestro país.
Con su primera visita a Estados Unidos, BERA, sueña con presentarse algún día en el Radio City Music Hall o en el Madison Square Garden. Entre tanto, a finales de este mes, comienza una gira internacional, que la llevará a Guatemala y otros países de Centroamérica, en donde tiene gran acogida la música popular colombiana y en donde, siguiendo la tradición de su mentor, será presentada en los escenarios como “La Reina del Despecho”.
Se llaman Jenny, Zuldary, Carolina o Beatriz. Unas cambian su nombre por Bera, Annie, Lilly, Jackie, aunque fueron bautizadas en Colombia: Ana, Liliana y Jacqueline. Cada una sobrevive a su manera, sobrellevando las angustias, frustraciones y logros del día a día.
Todas tienen algo en común: son colombianas, con una voluntad inquebrantable. Chapoleras, a quienes un sueño las puso a volar, buscando nuevos rumbos para sus vidas.
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