Por Juan Antonio Ruiz Romero
Nueva York, jueves, octubre 15 de 2009
Si, como preguntan las encuestas, las elecciones para presidente de la República de Colombia fueran hoy, los colombianos residentes en Nueva York, escogerían abrumadoramente y sin pensarlo demasiado, al actual mandatario Álvaro Uribe Vélez.
Aquí, el Jefe del Estado no tendría que volver ni siquiera una vez a buscar los votos de sus compatriotas, ni tendría encrucijadas del alma, por saber si lo acompañan a un tercer periodo. Para la colonia colombiana residente de Estados Unidos: “This is the man”.
Y es que Uribe, más allá que cualquier otro presidente, ha estado cerca de los inmigrantes. Viene cada año a la celebración del Día de Independencia en Flushing Meadows Park, en Queens; asiste sagradamente con el padre Diego Jaramillo al Banquete del Millón en las ciudades en donde es más notoria la comunidad colombiana y se para a conversar en el Central Park y le da su número celular a cualquier compatriota que lo aborde en su trote matinal.
Nuestros compatriotas en Estados Unidos tienen la foto de Uribe, al lado de la estampita del Divino Niño, la bandera tricolor, las pulseras que dicen Colombia, el sombrero vueltiao, el carriel, la chiva en miniatura, la tarjeta de Orbitel y los discos de Jorge Celedón y Jhonny Rivera.
Pero además, la foto del mandatario parece protegida por vidrio blindado. Le salpican los escándalos de Agro Ingreso Seguro; de los falsos positivos; de los parapolíticos que respaldaron su campaña; de la zona franca promovida por Tomás y Jerónimo; de la interceptación ilegal de llamadas telefónicas; de los casos de corrupción en el Das, Inco, Invías, Finagro e Incoder y, sin embargo, pareciera que con un trapito mojado o con la renuncia de uno que otro funcionario se limpian las manchas y la imagen de Uribe queda brillantica.
Entre la comunidad colombiana residente en Estados Unidos no se puede hablar de furibistas o de antiuribistas. Es tan aplastante el concepto favorable y las emociones que despierta el presidente, que quienes se muestran contrarios a una nueva reelección, prefieren cambiar de tema, ya que de lo contrario saben que saldrán derrotados, no tanto por los argumentos, sino por la abrumadora mayoría.
Una mayoría que cree ciegamente en los resultados de la seguridad democrática y de la ofensiva gobernamental contra la guerrilla. Para estos miles de colombianos que salieron del país hace varias décadas, en algunos casos por falta de oportunidades laborales y de un ingreso digno para sus familias y, en otros, por amenazas, extorsión y secuestro, en la mayoría de casos por la guerrilla y la deliencuencia común, los siete años de Uribe han vuelto viable a Colombia como país y temen que, cualquier otra persona, incluyendo los candidatos de las entrañas del uribismo, cedan en las políticas de mano fuerte para enfrentar a los grupos armados ilegales.
Sin dudas que entre los colombianos que viven en Estados Unidos, el único que nos salva de una nueva hecatombe es Alvaro Uribe: El Rey del Queens.
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