miércoles, 28 de mayo de 2008

Día de pujas y pujos

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Pujar: Dícese de la acción de un licitador de aumentar el precio de una cosa que revende o arrienda.// Pugnar, hacer fuerza.// Verbo intransitivo: Experimentar dificultad en expresarse. // Vacilar en una cosa. // Figurado: Hacer pucheros al llorar.// Americanismo: Pujar para dentro, aguantar sin chistar.

Puja: Acción de pujar en una subasta.// Cantidad en que se puja: una puja elevada. Figurado y familiar: Sacar de la puja a uno, excederle, vencerle o sacarle de apuros.

Pujido: Americanismo: Pujo, lamento, queja.

Pujo: Sensación penosa que consiste en una gana frecuente y dolorosa de evacuar el cuerpo. Figurativo: Deseo grande de una cosa.
Diccionario Pequeño Larousse 1992, página 850.
El día llegó. Luego de varias acciones populares, en juzgados diferentes, pero con los mismos argumentos y de las tímidas reacciones de rechazo de los últimos días, para hoy está prevista la audiencia pública para la “capitalización”, decía el ex alcalde Juan Manuel Arango, “salvamento”, asegura el alcalde Israel Londoño, de la empresa de Energía de Pereira.

Una decisión que, a unos despierta pujidos y pujos y, a las tres firmas interesadas, deseos de pujar para asumir el control administrativo de la empresa.

Revisemos las acepciones gramaticales que la jornada de hoy tiene para cada uno de sus protagonistas: Al actual mandatario Israel Londoño le tocó Pujar para dentro y aguantarse sin chistar la decisión que había tomado su antecesor. Aunque el alcalde de los 89 mil 045 votos anunció en campaña que iba a convocar un amplio debate con todos los actores sociales y analizar opciones diferentes a la capitalización, terminó acogiendo en todas sus partes el mecanismo y oferentes de la anterior administración.

A los trabajadores y al sindicato Sintraemdes, los “sacaron de la puja” con el anuncio de que el nuevo socio estratégico de la Empresa de Energía deberá ampliar la vigencia de la convención colectiva hasta el 31 de diciembre de 2011.

Para la banca de inversión y sus allegados, los pujidos por las medidas cautelares dictadas por el juez segundo Administrativo de Pereira que suspendió dos veces el proceso, se convertirán en un gran pujo figurativo:“El Deseo grande de una cosa”: la comisión de éxito que es del 2 por ciento y en un negocio de 100 mil millones de pesos como precio base, representa por lo menos dos mil millones de pesos libres, contantes y sonantes.

Para los concejales Molina, Gallo, Cardona, Londoño y Reinales, que pidieron suspender el proceso para que pase primero por el cabildo, su pujar es doloroso y como Verbo intransitivo, ya que “experimentaron dificultad y demora en expresarse” y vacilaron demasiado antes de pronunciarse sobre la capitalización de la empresa.

Para la Procuradora Provincial Liliana Giraldo y la gerente de la empresa de Energía Ly Giraldo, la subasta de hoy las dejó con el sentido figurado de pujar: “Hacer pucheros al llorar”, porqué ni las recomendaciones, ni las declaraciones, ni las buenas intenciones les sirvieron para suspender el proceso.

Y para los demás ciudadanos que no sabemos que es el patrimonio público ni conocemos de pujas, subastas, audiencias públicas, bancas de inversión ni comisiones de éxito, hoy tendremos esa “Sensación penosa que consiste en una gana frecuente y dolorosa…” que los letrados llaman pujo y los demás indiferencia.
Hablando francamente…

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Recuerdo que hace un par de décadas, la Fundación para el Desarrollo de Risaralda, en ese momento dirigida por Ana Milena Muñoz de Gaviria, promovió el proyecto del Parque Industrial para Pereira. Era un extenso territorio, bien ubicado, con facilidad de acceso de servicios, que, ante la falta de inversionistas, se convirtió en un atractivo sector de expansión urbana, en donde se construyeron, primero, Ciudad Boquía y luego, otros proyectos de vivienda, en la que hoy se conoce como Comuna del Café.

Cada cierto tiempo y de acuerdo con las distintas tendencias: apertura económica, globalización, “glásnot”, “perestroika”, capitalismo salvaje, socialdemocracia, desarrollismo, planeación estratégica o centro centrismo moderado, vuelve a plantearse la necesidad de construir zonas francas, parques industriales, puertos secos, terminales de contenedores y demás iniciativas dirigidas al fortalecimiento del sector productivo y de las economías regionales.

Por eso complace que, más allá de la “botadera de corriente” del ex director del Área Metropolitana Luis Arturo Arroyave que demoró cuatro años hablando de la zona franca de Pereira y del Teleférico del Alto del Nudo sin ningún resultado concreto, aparezca un proyecto de zona franca juicioso, bien pensado, con un diseño creativo y un grupo de empresarios interesados en vincularse.

Pasar del estudio de Araújo Ibarra & Asociados, en donde se planteaban 19 lotes posibles, a cuatro o cinco proyectos viables, en proceso de formulación y diseño y con posibles inversionistas, es una demostración del ambiente favorable y de un interés que no se puede desconocer.

De ahí, el reto para el Comité Técnico de Zonas Francas y para los gobiernos de Pereira y Dosquebradas de establecer reglas del juego claras para los distintos actores, en donde se brinden las mismas oportunidades a todos y en donde primen los méritos y las ventajas del proyecto, antes que los padrinos políticos.

Porque también es bueno decirlo: Esos proyectos, además del componente industrial y comercial, tienen un significativo componente inmobiliario y allí aparecen destacados intermediarios, que ofrecen sus servicios para la concreción de los proyectos.

El proyecto de Zona Franca de La Virginia o Puerto Caldas, que se volvió poco viable por el costo de los terrenos y de la cual tanto se habló y se habló y se habló… en la pasada administración, tuvo como gestor al ex alcalde César Castillo.

La iniciativa de Zona Franca en la finca Portugal, entre Cerritos y Cartago, del arquitecto Juan Carlos Gaviria, cuenta con el apoyo del senador Germán Aguirre, que encargó a uno de sus asistentes parlamentarios a averiguar los requisitos del caso ante la Carder, el Área Metropolitana y Planeación municipal.

Y la Zona Franca de Pereira, de la Unión Ejecutora de Proyectos Unepro S.A. cuenta como socio y uno de los promotores del proyecto, al ex congresista Guillermo Botero Mejía, hombre de larga trayectoria en la política y el sector público.

En el sector de La Romelia, en Dosquebradas, la firma Conconcreto también estudia la posibilidad de una zona franca o parque industrial. Pero carece de padrino político.

Aunque sea un negocio privado, en la medida en que piden el aval del municipio y deben ajustarse al Plan de Ordenamiento Territorial y a las disposiciones sobre Uso del Suelo, es importante que primen las características del proyecto, sobre la habilidad de los padrinos para moverse en aguas cenagosas. Porque desde la imparcialidad y el buen criterio de esas decisiones, también se construye una verdadera “zona franca”.

miércoles, 7 de mayo de 2008

“Esculpiendo su joven historia”

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En los Estados Unidos, los estudiantes de cuarto y quinto grado de primaria tienen dentro de su pénsum académico una visita obligatoria a Washington, la capital de la Unión Americana. No importa que vivan en la Florida, en California, en Texas o en Nevada, niños y niñas de 9 y 10 años conocen el Acta de la Independencia, visitan el Museo de la Historia Americana, el Capitolio y la Casa Blanca, recorren los principales monumentos en memoria de sus personajes más ilustres y se acercan a las raíces de su cultura e identidad. Un viaje al interior de una democracia, que está más allá de personajes polémicos como Richard Nixon o George W. Bush y que trasmite a los visitantes la esencia de una nacionalidad y un estilo de vida, bueno o malo, pero propio.

Aquí, a duras penas nuestros niños, niñas y jóvenes saben como se llaman el gobernador o el alcalde municipal, y eso porque les tocó responder el cuestionario para alguna tarea. Con muy pocas excepciones, no conocemos quiénes han formado parte de nuestra historia local. En la Emisora Cultural de Pereira, algunos oyentes, y no sólo los más jóvenes, pensaban que “Remigio Antonio Cañarte” era el gerente de la estación radial.

Para los más avispados, “Gonzalo Vallejo Restrepo” es el nombre del auditorio de la Gobernación de Risaralda; “Oscar Vélez Marulanda” se llama el recinto de sesiones de la Asamblea departamental y “Jaime Salazar Robledo” será el nombre del colegio de la Ciudadela Tokio. Pero nadie sabe quiénes fueron esos señores y la importancia que tuvieron para la creación del departamento de Risaralda.

Estamos en deuda con la historia. Si seguimos así, “Emiliano Isaza” va a ser un plan de vivienda; “César Gaviria”, un puente atirantado; “Alberto Mesa Abadía”, un edificio patrimonial; “Jorge Roa”, un auditorio y “Enrique Millán Rubio”, una escuelita.

Y los hechos, las gestiones, las angustias, los discursos, los sueños frustrados y las esperanzas de esos seres humanos quedarán, víctimas del terremoto del olvido, reemplazados por un ladrillo, una placa, un aula, un par de libros de entrevistas y un recuerdo incompleto.

La identidad de un pueblo, de una comunidad, de un territorio, exige el reconocimiento de sí mismo, de sus razones, sus motivos profundos y la apropiación de la memoria histórica, del camino recorrido, de sus logros y derrotas, las alegrías y deudas.

Transcurridas cuatro décadas desde la creación del departamento de Risaralda y aprovechando que aún están vivas muchas de las viudas, familiares y allegados de quiénes lideraron la gesta cívica, es tiempo de pensar en el Museo de la Historia y la Política risaraldense. Un gran espacio abierto, interactivo y de innovación, en donde los estudiantes, los visitantes, los ciudadanos puedan reconocerse y enterarse de los hechos, protagonistas, intereses, antagonismos y circunstancias que rodearon la separación de los departamentos de Quindío y Risaralda, del Gran Caldas.

Más que el concepto de museo con olor a alcanfor, se debe crear un espacio vivo, de interacción con la historia y esas personas que fueron capaces de forjarla.

Por estas fechas en que se encuentran discutiendo el Plan de Desarrollo del departamento para los próximos cuatro años, vale la pena recordar que en muchos países del mundo, incluyendo varios de América Latina como México, Perú, Costa Rica y Brasil, se considera la identidad cultural como un elemento potenciador del desarrollo territorial.
Más que una vía, un puesto comunal, un andén o una sala de computadores, una sociedad trasciende, en la medida, en que los ciudadanos se sienten parte de una historia común, un origen compartido, una razón de ser. Es tiempo de establecer ese espacio colectivo, motivo de orgullo, “en jornada tenaz sin fatiga, y en función permanente de Patria”.
Un golazo a las palabras

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Parecería insólito, pero el producto más vendido en la actual Feria Internacional del Libro que se cumple en Bogotá no es una autobiografía, ni una novela histórica, ni una selección de poemas eróticos. Ni siquiera uno de los acostumbrados “best sellers” de las editoriales sobre los narcos, paracos, secuestrados, prepagos o corruptos de moda.

No. El producto impreso que se vende como pan caliente, en el pabellón infantil y juvenil de la feria, es la colección de afiches, a todo color, de los más destacados jugadores de fútbol del mundo. Para leer solo trae el nombre del futbolista y vale únicamente 200 pesos.

Las filas de niños, niñas y jóvenes compradores eran tan largas, que a los demás expositores se les notaba la incomodidad y la molestia. Al fin y al cabo, a cualquiera, criado entre los épicos poemas de Homero, los textos de Lope de Vega, las novelas de Hemingway, los ensayos de Saramago, el realismo garciamarquiano y los reportajes de Germán Castro Caicedo, no le cabe en la cabeza que Kaká, Cristiano Ronaldo, Ronaldinho, Lionel Messi, Samuel Eto´o, Carlos Tévez, Thierry Henry, Andriy Shevchenko, Ruud van Nistelrooy e incluso, Ronaldo, sin los tres travestis que se llevó de rumba, fueran a ser más taquilleros que los Premios Nobel de Literatura.

Aquí se evidencian dos problemas: uno económico y el otro cultural. Aunque nos digan a los cuatro vientos que es necesario aumentar los índices de lectura en Colombia, ese objetivo, encomiable por lo demás, es difícil de cumplir si se analizan los precios de los libros. Una familia que reciba dos salarios mínimos al mes, difícilmente puede comprar un libro de cuarenta o 50 mil pesos, así sean muy interesantes, bien escritos y estén exentos de Iva. El problema es que cuando a una persona le toca escoger entre comprar el mercado y adquirir un libro, no le importa que la carátula sea en pasta dura y las hojas en papel de arroz.

El otro aspecto es el cultural. Por falta de identidad, desconocimiento de nuestros propios valores y un poco de esnobismo, desde tiempo atrás, nos parece que todo lo que llega de afuera es valioso, llamativo, digno de mérito y reconocimiento, mientras que a lo nuestro lo hacemos a un lado.

Y el fútbol no es la excepción. Mientras la globalización permite que los partidos de la Liga de Campeones de Europa y los goles del Real Madrid, el Manchester, el Milán, el Barcelona y el Chelsea se vean en directo y en los noticieros, los juegos de la Copa Colombia y los de la Primera B, ni siquiera merecen mención en los medios informativos nacionales. Como quién dice es más fácil saber la tabla de clasificación en la Liga Premier inglesa y la diferencia de puntos entre el Valencia y el Valladolid, que las anotaciones y las afugias del Real Cartagena, el Unión Magdalena o el Centauros. Por eso el temor de volverse invisibles, si el Deportivo Pereira desciende a la Primera B.

Algunos dirían que la diferencia radica en la calidad futbolística y la alta cotización internacional de los jugadores y clubes más renombrados de Europa. Otros mencionan que si la mayoría de equipos colombianos de la Primera A son tan irregulares en sus campañas, ni siquiera vale la pena mirar a los que vienen detrás. Eso sin recordar, las menciones reiteradas a los capitales oscuros y ilícitos que han circulado con abundancia en el fútbol profesional y aficionado en Colombia.

En medio de ese panorama, se entiende que nuestros niños y niñas conozcan más fácil a Fernando Torres, Marco Materazzi o Didier Drogba, que a la Ministra de Educación, al escritor Héctor Abad Faciolince o a Policarpa Salavarrieta. O que muchos piensen que la ministra de Cultura Paula Marcela Moreno es levantadora de pesas o corredora de cien metros planos.

Después no nos quejemos por el periodista que le preguntó al escritor bogotano Álvaro Mutis si esa era su primera visita a Colombia.

lunes, 21 de abril de 2008

Una ración de música
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Jueves 17de Abril
El viernes pasado, la alcaldesa de Dosquebradas, que todavía ni es luz ni ensueño para sus ciudadanos, suscribió un convenio con el Ministerio de Cultura para crear la Banda Orquesta Municipal, que busca ofrecerles a los jóvenes, la música como una opción de vida, diferente a la droga y al delito.
Esa misma semana, una concejala de Pereira decía, con absoluta propiedad, que era partidaria de liquidar la Banda Sinfónica municipal, para que esos recursos se destinen a la compra de raciones alimenticias para los sectores más pobres. ¿Sensibilidad social o populismo? ¿Solidaridad o politiquería? Creo que un poquito de todo, incluyendo oportunismo y desconocimiento de la cita bíblica: “No solo de pan vive el hombre”.
Para algunos dirigentes, es más fácil pasarle cuenta de cobro a la comunidad por los almuerzos gratis o los complementos alimenticios. Para ellos, una orquesta, un violinista, un saxofonista, un virtuoso del oboe, no son rentables, no dan votos en el paupérrimo mercado de las minucias electorales.
Al fin y al cabo, no pueden regalarle “a sus líderes” dos docenas de sonatas para piano, seis kilos de música colombiana o tres litros de jazz latino. “Además a los músicos no los maneja nadie; de pronto, ni siquiera pagan la cuota mensual para sostener el directorio o, quizás, ni puedan ayudar con los trabajos de la finca” diría la concejala del movimiento “De corazón por Pereira”.
Sin embargo, más allá de esas percepciones personales y políticas, que respetamos así no estemos de acuerdo, existen referencias concretas de que la música es mucho más que los temas trillados que repiten la radio y los canales de televisión.
Experiencias como la Red de Escuelas de Música de las comunas de Medellín, que opera mediante convenio entre la alcaldía municipal y la Universidad de Antioquia, han demostrado que a través de la música –no solo la clásica o docta, sino la popular y la contemporánea- se pueden construir valores para la vida en comunidad, prevenir la violencia, promover la convivencia pacífica e integrar socialmente a sectores que habían sido excluidos política, histórica y culturalmente, de los procesos ciudadanos.
Veintiséis escuelas de música en las comunas de Medellín, con 4.200 alumnos entre los 7 y los 18 años han demostrado su impacto en las familias, en el entorno social y cultural y con resultados medibles en confianza, uso creativo del tiempo libre perseverancia, disciplina, inclusión, resolución pacífica de conflictos y construcción de capital social.
Pero ese no es el único experimento exitoso. La Corporación Andina de Fomento (CAF), la misma que asesora a Megabús para ser reconocido como mecanismo de Desarrollo Limpio ante Naciones Unidas y el protocolo de Kyoto, patrocina el programa “Acción Social por la Música, que promueve, patrocina y estimula esta disciplina entre los niños y los jóvenes menos favorecidos alrededor de los países andinos”.
En concepto de sicólogos y terapeutas: quien se acostumbra a tocar un instrumento musical, difícilmente empuñará un arma contra otro ser humano.
¿Será que la salida más viable es liquidar la Banda Sinfónica de Pereira y repartir “ese ahorro” para el municipio en leche saborizada y galletas? ¿O será que más bien construimos una política pública de cultura para la convivencia y el respeto, en donde la música, la lúdica, la pintura y las distintas manifestaciones artísticas, nos permitan identificarnos y reconocernos como sociedad?
Hace 5 mil años, los sumerios optaron por la segunda opción.

miércoles, 9 de abril de 2008

“Corazón partío”

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Esta semana, el periódico italiano “La Repubblica” informó que con el acelerado proceso de beatificación del papa Juan Pablo II, “la Iglesia polaca confía en que recibirá el corazón del pontífice, para que los fieles puedan venerar esa reliquia en la catedral de Cracovia”. La noticia me quedó sonando, porque yo pensaba -en mi ignorancia- que Colombia era el único sitio en dónde se partían las personas en pedacitos.

Me puse a averiguar y me enteré de que hace 20 siglos, antes de que se pusieran de moda las estrategias de mercadeo, de fidelización de clientes y el reconocimiento de marca, la entonces naciente Iglesia católica declaró los cuerpos de los mártires y de los santos como objeto de veneración. El recuerdo de esa persona que entregó su vida por la fe, fomentaba la devoción y el aumento de fieles. Las más importantes basílicas y templos se construyeron en el sitio del martirio o encima de las tumbas de esas figuras memorables de la cristiandad.

Lo que pasa es que se les fue la mano en la autorización y reconocimiento de esas reliquias. El auge progresivo de esa costumbre, llevó a que en la segunda mitad del siglo IV empezara la práctica de fragmentar los cuerpos de los santos para repartirlos. Y es que según destacados teólogos de la época, así fuera un fragmento del cuerpo del santo conservaba sus virtudes y facultades milagrosas.

Por eso, entre las más particulares reliquias de la iglesia católica, que se guardan celosamente en catedrales, monasterios y museos aparecen la oreja de san Pedro, el brazo, el cabello, el hígado, el corazón, la lengua, la lágrimas y la leche materna de la Virgen María y una que no se la creen ni quienes se la inventaron: las plumas de las alas de los arcángeles Miguel y Gabriel.

En el caso de san Juan Bautista, no solo perdió la cabeza por orden de Herodes Antipas y para darle gusto a la vengativa Salomé, sino que a lo largo del tiempo y en distintos sitios, se le rinden culto a sus dedos. El problema es que son más de 60 los dedos del insigne predicador que se convirtieron en reliquia.

Con Jesús, el tema toma dimensiones sorprendentes. Aparecen guardadas en relicarios, las pajas del pesebre de Belén, los pañales del Niño Dios, y créanme, el Cuchillo con el que se circuncidó a Jesús y 14 versiones del Santo Prepucio… Cómo dirían las abuelitas: “¡Sagrado Rostro!”

Pero además, dentro de la oleada de reliquias católicas se promociona la cola del asno que cargó a Jesús a su entrada a Jerusalén el Domingo de Ramos, el Manto sagrado, las espinas de la Corona de Cristo, las astillas de la Cruz, que incluso sirvieron para que el teólogo protestante Juan Calvino dijera, en su habitual tono crítico a la jerarquía eclesiástica católica, que “con todas las astillas que habían aparecido de la Cruz se podría construir una flotilla de barcos”.

A los objetos reverenciados se suman varias mesas y manteles de la Última Cena y la toalla del lavatorio de pies, aunque no dicen si conserva su aroma original.

Llama la atención que el mismo San Agustín, en su momento, denunció a impostores vestidos como monjes que vendían reliquias falsas y el mismo Papa San Gregorio prohibió comerciar y falsificar esos elementos, al considerar que se utilizaban sólo para explotar a los ingenuos.

Nadie niega el buen corazón del papa Juan Pablo II, ni su amor profundo por los polacos. Pero, ¿acaso no serán suficientes los videos, fotografías, discursos, encíclicas y testimonio de vida? Dejen descansar tranquilo a Juan Pablo. Lo contrario sería un hecho descorazonador.

jueves, 3 de abril de 2008

Yo también tengo un sueño

Por Juan Antonio Ruiz Romero

Mañana se cumplirán 40 años del asesinato del reverendo Martín Luther King, líder de los derechos civiles en los Estados Unidos. La semana próxima se cumplirán los 60 años de la muerte violenta del dirigente liberal colombiano Jorge Eliécer Gaitán. Hace unas semanas, se conmemoraron las seis décadas del crimen del padre de la independencia de la India, Mahatma Gandhi. Tres vidas brillantes, contradictorias, sorprendentes, exterminadas por la violencia.

Como la memoria es efímera, vale la pena recordar que en 1964, King, con solo 34 años, ganó el Premio Nobel de la Paz por su resistencia no violenta en contra de los prejuicios raciales en Estados Unidos.

Un año antes del galardón, el 28 de agosto de 1963, Martín Luther King pronunció su famoso discurso: “Yo tengo un sueño”, desde la escalinata del monumento a Abraham Lincoln, en donde hizo una defensa ferviente de los derechos inalienables de "Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad", consagrados en el Acta de Independencia de 1776, pero que no regían ni tenían vigencia para los afroamericanos.

Yo tengo un sueño: que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Yo tengo un sueño: que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo un sueño: que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”.

Además de la claridad conceptual, el manifiesto del reverendo King se convierte en toda una invitación a soñar, con los más altos ideales, una sociedad, un país, una ciudad.

Yo tengo un sueño de país incluyente, en donde todos los seres humanos merezcan atención, respeto y protección, y no solo a través de acciones de tutela. Un país donde superar la pobreza sea un reto de toda la sociedad y no solo la oportunidad de repartir mercados, subsidios y palmaditas en la espalda, para que todo siga igual.

Yo tengo un sueño de país, en donde las utilidades económicas no sean solo para los grandes capitales y los monopolios empresariales, sino que se redistribuyan en inversión social, oportunidades de empleo y desarrollo humano.

Yo tengo un sueño de país que le apuesta a la educación para transformar sus estructuras políticas, sociales, productivas, tecnológicas, ambientales y de innovación.

Yo tengo un sueño hoy: que el servicio público sea una oportunidad de aprender y crecer como persona y no una estación para el enriquecimiento ilícito y que en el sector privado primen la ética empresarial y las buenas prácticas.

Yo tengo un sueño hoy: un país en donde podamos vivir, trabajar, debatir, disentir y entender que la grandeza se construye con tolerancia y aceptación a la diversidad. Un país, en donde no se necesite más artillería que la inteligencia y los argumentos y en donde el secuestro, la desaparición y los asesinatos dejen de ser un arma política.

Porqué cómo decía Martin Luther King: “No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma”.