lunes, 3 de diciembre de 2007

En un rincón del alma

Mis 19 concejales

Por Juan Antonio Ruiz Romero

En esos ejercicios hipotéticos que de vez en cuando ocupan nuestro tiempo, uno se imagina cómo podría ser el Concejo de Pereira durante el próximo cuatrienio. Y revisa, entre los más de 200 candidatos quiénes podrían ostentar con altura y dignidad una de las 19 curules en tan importante escenario de la democracia representativa.

Y aunque solo puedo votar por uno de ellos, si de mi dependiera, estos serían los 19 concejales ideales para la ciudad.

Entre la cantidad: 38, más no calidad de aspirantes que inscribieron el partido Liberal y Pereira Social, la mayoría repitentes y reincidentes, me quedo solo con tres, dos de ellos nuevos: Alonso Molina Corrales, abogado, comunicador social, historiador. Disciplinado, probo, inteligente, riguroso, buen ejecutivo.
Lina María Arango Dávila. Especialista en Gobierno y Relaciones Internacionales. Brillante, estudiosa, trabajadora y rabiosamente independiente.
Yesid Armando Rozo. Abogado. Preparado, inquieto, con criterio y visión de futuro. Merece regresar al cabildo.

Por el Partido Conservador hay también dos o tres personajes destacados que podrían llegar, por primera vez, a ocupar una curul y llevar aire fresco y limpio al Concejo capitalino. Me refiero, a un caballero que hace honor a la ciudad y a su familia: Álvaro Escobar González, joven, dedicado, transparente. A Dúrgues Espinosa, gestor cultural y artista, que por aquellas vueltas del destino terminó en las lides electorales. A esta lista podría añadirse, una comunicadora social de las nuevas generaciones, bien intencionada, aunque un poco idealista Mariana Vega.

Dentro del ánimo de consolidar al cabildo como un verdadero foro de discusión de los temas de ciudad y no solo para aprobar a pupitrazo las órdenes del alcalde, bienvenidos al Concejo, los personajes que forman parte de la lista del partido Verde Opción Centro. Sin dudas, la mejor de todas. La ex concejala Consuelo Jaramillo, el ex alcalde y ex gerente de La Tarde Roberto Arenas Mejía, el historiador e investigador Víctor Zuluaga, el dirigente gremial Gabriel Jaime Vallejo y la joven administradora del Medio Ambiente Maria Rosa Francineth Castellanos, entre otros.

También al Concejo deberían llegar, por coherencia ideológica y la necesidad de fortalecer la diversidad democrática, Fernando Arias Cardona, Carlos Andrés Echeverri y el economista Alexander Pérez, que representan diferentes tendencias del Polo Democrático Alternativo.

Dentro de esas 19 curules virtuales y a dedo, debería existir un espacio para la ex concejala Patricia Elena Velásquez del Mira, a quien muchos no la quieren por inflexible, pero es una perspectiva complementaria que enriquece el espectro político.

A estos debería sumarse uno de los jóvenes aspirantes de Cambio Radical como John Mario Osorio y Fernando Pérez, que ofrecen una perspectiva nueva y refrescante, sin caer en las mañas de aquellos politiqueros y mentirosos, menores de treinta años.

Lástima que el partido de La U. no tenga candidatos fuertes, taquilleros, destacados, para jalonar su lista al Concejo de Pereira y apoyar a su candidato a la alcaldía. Por eso, las dos últimas curules de mis 19 concejales serían para Gloria Elena Moncada de Convergencia Ciudadana y para el líder emberá chamí Rodrigo Tapasco de la Alianza Social Indígena.

Es obvio que yo no soy político. Lo más fácil sería decir que todos se lo merecen o que gane el mejor. Pero, prefiero escoger, algunos de los 19 mejores, aunque los 190 restantes no lo vuelvan a saludar a uno.


ruizromeroja@hotmail.com
En un rincón del alma

Se les acabó el negocio

Por Juan Antonio Ruiz Romero
En otros países diferentes al nuestro, el servicio militar no solo es obligatorio, sino un honor que asumen los jóvenes al terminar sus estudios de secundaria. Incluso hay territorios, como Israel, en donde la obligatoriedad se extiende a las mujeres.
En Colombia no. Aunque llevamos más de medio siglo en una guerra interna sin sentido, acumulando muertes y dolores, y llevamos cinco años bajo la sombrilla protectora de la “seguridad democrática”, el servicio militar sigue siendo, como la justicia: “para los de ruana”.
Y la razón en sencilla. Es más fácil llevarse a prestar el servicio a jóvenes de los estratos populares, que a los “hijos de papi”. Eso si, con excepción del batallón Guardia Presidencial, del batallón Colombia en el Monte Sinaí y de los equipos deportivos de las Fuerzas Armadas, en donde es necesaria la presencia de uno que otro jovencito de estrato 4 o 5: estudioso, competente, bien presentado, para no parecer tan discriminatorios. Incluso, algunos hasta se ofrecen como voluntarios.
Con los demás, o sea los que no salían sorteados, eran hijos únicos o tenían alguna inhabilidad para prestar el servicio, era que hacían el negocio. Un negocio pulpito que le dejaba al Ejército Nacional 52 mil millones de pesos al año.
Era la denominada cuota de compensación militar, flamante nombre con el cual, a ojo, los oficiales de reclutamiento, decidían cuánto le correspondía pagar a cada familia, como contraprestación o indemnización al Ejército, por no haberse llevado a su muchacho a los cuarteles.
El negocio era tan elaborado que pedían todo tipo de documentos, incluso algunos que ellos mismos se inventaron, para justificar las cifras, entre exageradas y astronómicas que le cobraban, en especial a los bachilleres de los colegios clasificados como “ricos” por la inteligencia militar.
Copia de la declaración de renta de los padres o certificado de ingresos y retenciones, con sello de la Dian de que los datos eran ciertos, firmado por Contador Público titulado, con matrícula vigente y afiliado al Colegio u organización gremial que los agrupe.
Certificado de Catastro, no solo departamental sino también Nacional, para verificar que usted no tenga propiedades en el Vichada u otra region remota, como si uno fuera un senador de la República y no un asalariado. Dichos requisitos causaban risa hasta en los funcionarios del Instituto Geográfico Agustín Codazzi y en la Dian, que no entendían a quién se le ocurría solicitarlos y con qué propósitos.
Esta semana, la Corte Constitucional declaró inexequible el artículo 22 de la Ley 48 de 1993 que establecía la denominada cuota de compensación militar, porque, en su concepto, violaba el principio de legalidad tributaria, ya que toda norma que establece un impuesto o una contribución debe señalar el valor, la base gravable y la tarifa que deben pagar los contribuyentes y en ese caso no se cumplía.
Razones de peso tendrá la Corte. En nombre de todos los que tuvimos que desfilar días enteros ante las oficinas de Reclutamiento, sacar y sacar papeles y hasta presentar derechos de petición para evitar cobros injustificados, debo repetir lo que decían las abuelas: - ¡No me alegro…pero siento un fresco!

ruizromeroja@hotmail.com
En un rincón del alma

De mujeres y política

Por Juan Antonio Ruiz Romero
¡Cómo pasa el tiempo! La semana entrante se cumplirá un año del Foro “Más mujeres más ciudad” que abrió un espacio en Pereira para dialogar sobre experiencias positivas de liderazgo femenino.
Recuerdo mucho la intervención de la periodista Marta Ruiz, de la revista Semana, quién esbozó algunas de las formas ligeras como se abordan los temas de mujer y de género en la mayoría de medios de comunicación.
Decía que en algunas ocasiones, tratan a las mujeres como adornos: “flores que embellecen cualquier sitio con su presencia”. En otras, “como seres indefensos que necesitan protección y cuidado permanente del hombre, que ratifica así su superioridad”. Y en muchas otras, “como personas frívolas e intrascendentes, a las cuales nos les interesa ninguna conversación seria o compleja y solo están pendientes de los temas del hogar, las promociones de los supermercados y las noticias de los artistas de la farándula”.
Por eso llama la atención que, si bien en la actual campaña política es bienvenido el hecho de que exista un mayor número de mujeres como candidatas a cargos de elección popular, también es cierto que quedan muchas dudas sobre la independencia conceptual, partidista y de criterios de varias de esas aspirantes.
En medio de la abarrotada contaminación visual que sufre Pereira, uno se encuentra con las candidatas de Colombia Viva al Concejo y a la Asamblea y parecen salidas todas de la misma peluquería, con el cabello alisado, peinadas y paradas para el mismo lado y maquilladas igualitas. Lucen en las fotos más como modelos y reinas de belleza que como aspirantes a un cargo de elección popular.
-Ser bonitas o quedar bien en las fotos no es culpa de ellas- dirán algunos. Y en eso tienen razón. Lo que no parece justo y responsable con la ciudad y la region, es que esas “chicas modelo” sean solo la fachada para que sus esposos revocados, condenados e investigados por comportamientos indebidos en el manejo de lo público y amistades peligrosas, alcancen las curules en Concejo y Asamblea por interpuesta persona.
Aún recuerdo que a la hoy esposa del senador Merheg, que aspira a ser diputada, la presentaron, sin ningún rubor, en un boletín de prensa como ejemplo de las mujeres cabeza de hogar. ¿Qué dirían ante esa aseveración, las 20 mil mujeres pereiranas de estratos 1 y 2 que si viven en esa situación, asumiendo ellas solas la manutención y gastos de sus familias?
A propósito de la Investigación de Crecimiento Económico y Desarrollo de la Universidad Católica Popular de Risaralda, La Tarde tituló ayer en su página local: “En Pereira, la pobreza tiene rostro de mujer”. Y esa pobreza no se va a solucionar con caras bonitas en el Concejo o en la Asamblea, que actúen a control remoto, defendiendo los intereses de sus maridos y compañeros.
La pobreza, el hambre, la inequidad social, la falta de oportunidades, la permisividad con lo ilícito, requieren de la inteligencia, la capacidad de trabajo y el compromiso de hombres y mujeres de Pereira y Risaralda. El maquillaje no basta, así esté bien elaborado.

ruizromeroja@hotmail.com
En un rincón del alma

Periodismo y política

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Los siguientes son apartes de la exposición del columnista efectuada ayer en el Foro sobre ejercicio político en la región, en el marco de la VI Semana de la Comunicación de la Universidad Católica Popular de Risaralda:
Para que nos acerquemos más al tema de Periodismo Político, los invito a que revisemos algunos de los titulares recientes de informaciones políticas en nuestra ciudad.
“Con bisturí y pintura atacan sus piezas publicitarias, denuncia la candidata a la alcaldía de Pereira Martha Elena Bedoya”
“Juego Limpio pide a sus contendores el aspirante a la Gobernación Juan Carlos Grillo”
“Gobernador invita a combatir el sicariato moral y las campañas políticas basadas en calumnias y ataques personales”
Esas noticias nos sirven de marco de ubicación para entender el ambiente político, la polarización y los retos del periodista en el cubrimiento del día a día de la actual campaña.
Por una parte, están los ataques a la publicidad de los candidatos, panfletos por internet, insultos, contaminación visual. Por otra, los antecedentes, vínculos, amistades y formas de financiación de campaña de los candidatos.
Y a eso hay que sumarle un componente bastante común: los periodistas, que de una u otra manera, terminan vinculados o comprometidos con la defensa de una o unas campañas. Aquí tendríamos que propugnar por la creación de una especie de Organización de Periodistas No Alineados.
Me explico. Quizás les parezca raro, pero aquí y en muchas ciudades hay periodistas que reciben un sueldo en el medio de comunicación y otro por la asesoría y la elaboración de boletines de una campaña. ¿Adivinen quién es el candidato que aparece con mayor frecuencia en ese medio?
Eso sin contar a los que tienen contrato con una entidad del Estado y les regalan su trabajo a los candidatos a Gobernación o alcaldías, como una apuesta a mediano plazo, de que serán recompensados si gana el candidato.
Es evidente que las condiciones laborales determinan muchos de los comportamientos y actitudes que asumen los periodistas y eso se refleja en que, como polillas o chapolas, nos dejamos encandelillar por la luz que más brilla, que no es otra que la del poder. El poder político, el poder económico, el poder social.
En este saludable ejercicio autocrítico, es importante analizar que, con mucha frecuencia, los medios y los periodistas damos cuenta de noticias sobre hechos de corrupción, manejos indebidos de los recursos públicos y enriquecimiento ilícito de muchos personajes. Lo que, a veces se nos olvida, es que nosotros mismos hemos sido responsables de convertir en figuras públicas y en referentes para la comunidad de esas personas, que hoy cometieron esos delitos.
Hasta hace algunos días, recuerdo que el ex senador cesarense Alvaro Araújo, hermano de la Conchi y amigo de Jorge 40, era uno de los invitados predilectos a las secciones de farándula de los noticieros de televisión, en donde decían que era “el más lindo y elegante de los políticos”. Desde que está en La Picota, no ha vuelto a clasificar para la sección de lo IN de la semana.
Y para no ir más lejos, es evidente que la mayoría de medios en nuestra ciudad padecemos amnesia, cuando hablamos de personajes que estuvieron en la cárcel, pagando condenas, que perdieron su investidura y hoy siguen ostentando cargos de representación, influyendo en los contratos y nombramientos en los gobiernos departamental y municipal y que incluso, aspiran a cargos de elección popular a través de sus esposas, para evadir las sanciones que les impusieron la Fiscalía y la Procuraduría.
¿Qué podremos tomar contra la amnesia política?


ruizromeroja@hotmail.com
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Una campaña en 35 mm

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Aunque los fotógrafos y reporteros gráficos pueden recoger en una sola imagen toda la magia o dolor de un momento, cada día me convenzo más que la vida misma se parece a una gran película en movimiento. A veces, en pequeño formato, como de cortometraje; a veces, experimental o en 35 milímetros y, en ocasiones, con todas las locuras que pasan en Colombia, en superescándalos de 70 milímetros.
Quizás por ello, cuándo se consulta la cartelera de cines se encuentran tantos parecidos con las realidades locales, con la contaminación visual y con la avalancha publicitaria de las candidaturas que, cual detergentes o desodorantes, nos mantienen asediados y en estado de conmoción interior, porque no nos dejan ni respirar, ni pensar, ni decidir libremente.
Por eso, no solo en las salas de cine, se puede observar la “Paranoia” que caracteriza estos días finales de campaña política, y la cual, sin pedir permiso, se adueña de los protagonistas, periodistas y votantes.
Son los días en que se vuelven de moda las encuestas y las “Premoniciones”; en que se presentan numerosas denuncias por favoritismo y parcialidad política de los funcionarios; ofrecimientos y compra de votos; “El Regreso del Todopoderoso” de los contratos millonarios de recursos públicos para financiar las campañas de los amigos; “El Señor de los Anillos”, de las pulseras, de los collares y de los dineros de origen dudoso que se reparten a diestra y siniestra. Más o menos, lo que el director Jorge Alí Triana resumió en su reciente producción cinematográfica “Esto huele mal”.
Y si bien algunos recomiendan “comer callados” y no meterse en lo que no nos importa porque es “La Vida de los Otros”, en este caso, los medios de comunicación y los comentaristas tenemos una responsabilidad con la ciudad, en donde esperamos que el próximo gobierno sea “Supercool” y no “Supercan”.
Y es mucho lo que está en juego: En “El Duelo” por los cargos de elección popular es importante que a los ciudadanos no nos metan un “Gol”; que los actos de gobierno no sean el insumo primario para “Las Notas de un Escándalo” o para establecer “Ultimátum” de los organismos de control.
Es cierto que los aspirantes al primer cargo municipal están como los actores Dakota Fanning, Kurt Russell y Kris Kristofferson “Persiguiendo un sueño”, pero esperemos que quién lo alcance en las urnas sea capaz de garantizar el respeto por lo público, la transparencia en los actos y en manejo limpio de los recursos, ya que está demostrado que el ambiente corrupto y de torcidos es “Duro de Matar 1,2,3 y 4”.
En definitiva, en el tema político y en la película que llegará en los próximos días a Pereira: “Colorín Colorado este cuento no ha terminado…”


ruizromeroja@hotmail.com
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Nuestra cultura mafiosa

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Durante el puente festivo, un informe de prensa hablaba de las camisetas con la foto de Pablo Escobar que se venden como pan caliente en Cartagena, a los turistas extranjeros, cuya única imagen de Colombia son las drogas, la violencia y el turismo sexual. Es evidente, que comprar esa camiseta tiene para el visitante el encanto de lo prohibido y le proporciona la ocasión de escandalizar a la familia y amigos al regreso a su país.
Sin embargo, ese hecho es sintomático de algo que hoy nos marca más profundo que la bandera tricolor y es lo que el investigador social Luis Jorge Garay define en varios de sus documentos como “la cultura mafiosa” que existe en Colombia, asociada al crecimiento de los carteles del narcotráfico, de grupos armados ilegales de distinta factura, y su presencia legal y con multiples negocios de fachada en actividades varias de la vida cotidiana. Una cultura de lujos, de excesos, de silicona, gasolina y diamantes.
El ensayista Bernardo Pérez Salazar relaciona esa cultura mafiosa con “Dos nuevos mandamientos de convivencia entre nosotros, que evocan la facilidad de cosechar el fruto ajeno: el ‘décimoprimero’ – no dar ‘papaya’ –, y el ‘décimosegundo’ – no dejar pasar la ‘papaya’. Es decir, la opinión de muchas personas sobre los dirigentes políticos y los funcionarios: “Que roben un poquito, pero que se vean las obras…”
A pesar de los esfuerzos por consolidar aquel escurridizo concepto de “cultura ciudadana” aquel aforismo de que ‘En este país hay que ser rico o peligroso’, parece ponerse en evidencia en cada esquina. Dramática es la anécdota del niño que, en la guardería, le advirtió a su compañerito que: “Si me sigue molestando, va a amanecer flotando en el río Cauca”. O, sin ir más lejos, en los locales y pasajes comerciales, en donde piensan que quién más bulla haga con el equipo de sonido, es el más fuerte y si además, se burla de la secretaría de Gobierno y del personal de control, es todo un bacán, digno de admiración.
En el léxico cotidiano y no solo en los sectores populares sino también en entidades públicas y en las mismas universidades, es normal escuchar hablar del “duro”, del “propio”, del “socio” , del “patrón”, de la necesidad de hacer un “cruce” o de “arreglar un torcido”.
Pero es que además de las camisetas de Escobar, en las calles de las principales ciudades del país se ofrecen “las réplicas” de los libros “El Hijo del Ajedrecista”, “Rasguño” y las memorias de amor y dolor de Virginia Vallejo con Pablo Escobar. Pura cultura traqueta.
Una cultura en dónde todo es transitorio y desechable y en dónde su mejor expresión se mide, según Garay, a través del derroche y disfrute inmediato. En ese sentido, coincide con el cineasta Víctor Gaviria en su mirada sobre la generación que denominó del No Futuro: Si no hay nada más adelante, vivo hoy intensa, brutal, desaforadamente, ya que mañana quizás ya no esté…
Así como los italianos han logrado con el turismo, el fútbol, los vinos, la gastronomía y su historia generar miradas a su país más allá de la Cosa Nostra y la camorra, es tiempo de pensar hasta cuándo queremos convivir en Colombia con la cultura mafiosa o… ¿será que formamos parte de la misma y hasta ahora nos damos cuenta?


ruizromeroja@hotmail.com
En un rincón del alma

¡Si se volteó el Titanic…!

Por Juan Antonio Ruiz Romero
Al revisar con detenimiento los resultados de las elecciones de 2003, uno se encuentra con qué muchas de las personas que hoy aparecen como protagonistas de la historia política de Pereira tuvieron allí un momento de definiciones ideológicas y partidistas.
Eso no quiere decir que hace 48 meses se hubiera definido el futuro administrativo de la ciudad, aunque eso quisieran muchos de los dirigentes que ya tienen asignadas las candidaturas, alcaldías, concejos y curules en el Congreso para los próximos 25 años.
En 2003, el entonces Nuevo Partido ganó con 63.554 votos la alcaldía con Juan Manuel Arango y obtuvo seis curules en el Concejo. De ese Nuevo Partido, solo quedó lo de partido y dos concejales: Israel Londoño, hoy candidato a la alcaldía y Dora Martínez de Pino, aspirante a la Asamblea. Los otros cuatro concejales, se reacomodaron en otras organizaciones políticas: Lucas Arbeláez en Cambio Radical; Horacio Galeano, aspirante a la Alcaldía, obtuvo el aval de Convergencia Ciudadana; Ancízar Duque y Oscar del Río Aranda en el Partido Liberal. Incluso el alcalde que derrotó al liberalismo en 2003, retornó al redil gavirista.
En cambio, la candidata derrotada en esa ocasión, Consuelo Jaramillo, quien tuvo en ese entonces el aval del partido Liberal, decidió buscar nuevos aires en la política y los encontró en el Partido Verde Opción Centro, en donde encabeza una disidencia ecológica, pluralista y multicolor al cabildo pereirano.
Por esas vueltas acrobáticas de la política, Peterson Lopera, que hace cuatro años era de Colombia Viva del senador Merheg y se autodenominaba “el concejal de Juan Manuel” ahora se convirtió en liberal y en el Concejal con resultados: ¿Cuáles se pregunta el ciudadano, si nunca hizo una rendición de cuentas?
Desde otra perspectiva, sorprende que con solo 594 votos, en 2003, Yesid Armando Rozo se haya convertido en presidente del Concejo en 2007 y en una persona que le aportó juicio, equilibrio y respetabilidad a una corporación bastante cuestionada. Eso si, de los patines no se salva: fue elegido por Vamos Colombia y ahora luce la L: liberal.
Otros dos concejales elegidos por Colombia Viva hace 4 años, se deslizaron, cual capas tectónicas, primero al Partido Liberal y como no había curules para tanta gente, hallaron aval en la lista Pereira Social: Martín Humberto López Castro y Amancio Quejada.
En el mismo cuatrienio, la segunda mayor votación liberal al Concejo, la del abogado José Fredy Arias se volvió la cuota inicial para la candidatura del Polo Democrático a la alcaldía de Pereira.
Con otros dos concejales liberales pasó lo mismo: con Héctor Fabio Artunduaga, quién terminó como candidato a la alcaldía de la Alianza Social Indígena y con William Hernández, quien, a pesar de la ley de bancadas, decidió, desde su posesión, acompañar la candidatura del Polo encarnada en Freddy Arias.
En cambio, hay que reconocerle la coherencia ideológica al concejal conservador Iván Naranjo, quien nunca firmó cartas para irse a Cambio Radical u otro partido y que aún siendo minoría, representó a una colectividad, que con su renovación interna, podrá ser la sorpresa electoral del próximo domingo.
Coherencia. ¿Será muy difícil pedirla, en un mundo repleto de veletas?

ruizromeroja@hotmail.com