Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 23 de diciembre/10
Hace dos años, en su primer diciembre como alcalde, Israel Londoño visitó y llamó por teléfono a dirigentes gremiales, empresariales y a algunos periodistas, para disculparse por el desbarajuste desencadenado en el centro tradicional de Pereira, por la explosión de ventas informales. Aseguró que esa situación se había salido de control y que “nunca más” se volvería a repetir algo similar.
Aquella perentoria advertencia del alcalde se cumplió. Este año, la situación de anarquía sobre los andenes de la carrera octava no es similar a lo ocurrido en 2008 y 2009, es muchísimo peor. Sobre todo, cuando el peatón observa variada mercancía sobre los desteñidos avisos en los andenes que decían: “Espacio Público armonizado”. Y cuándo los flamantes Fruver Móviles, entregados en publicitado acto por el alcalde a los vendedores de frutas y verduras, son usados para ofrecer zapatos, camisas y juguetes. Y cuándo los patrulleros de la Policía y oficiales de control, conversan animadamente en las esquinas, como si estuvieran viendo un entretenido partido de fútbol y no protagonizando un caótico espectáculo de desorden e indiferencia.
En noviembre, me encontré con la profesional pereirana Esperanza Hurtado, experta en temas del Espacio Público y a quien la Universidad Católica Popular de Risaralda trajo desde Bogotá para asesorar el plan de Manejo integral de las ventas informales. La destacada consultora me expresó la frustración, amargura y tristeza por lo que llamó “la forma irresponsable y politiquera” como el gobierno municipal ha manejado el tema del espacio público, en los últimos tres años.
Uno siente que, con gran habilidad, el alcalde Londoño contrató a la UCPR para que le hiciera frente al proceso de reorganización de ventas informales y fuera la academia la que asumiera el desgaste de un tema complejo y en donde convergen muchos intereses; mientras que la administración se blindaba y podía actuar con cierta tranquilidad, incluso, entregando permisos para puestos callejeros en varios sitios de la ciudad, como lo ocurrido a lo largo de la Avenida 30 de Agosto.
A los cuestionamientos ciudadanos y a los editorialistas de prensa que comentan sobre el desgobierno, el deterioro del centro, la proliferación de ventas informales, el desaseo, y la imposibilidad de los peatones de utilizar los andenes; el señor alcalde, con una lógica equivocada, asegura que “si el centro se estuviera muriendo, no estarían llegando grandes superficies e inversiones cuantiosas como las efectuadas por Flamingo y Superinter”.
Lo que se le olvida al mandatario es que dichas inversiones se sustentan en la trayectoria de Pereira como plaza comercial; en su estratégica ubicación y en que, a pesar del 19,6% de desempleo, todavía circula bastante dinero, tanto legal como ilegal, en los circuitos de consumo.
Ni Flamingo, ni Superinter, ni Parque Arboleda, ni el Grupo Éxito tomaron sus decisiones de inversión pensando en la brillantez de nuestros gobernantes, porque de lo contrario, se hubieran ido para otra parte.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Estudio, luego existo…
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 9 de diciembre/10
Una encuesta elaborada por el Grupo de Investigaciones de la Universidad Libre, seccional Pereira, reveló que el 46% de los estudiantes universitarios de nuestra ciudad tienen como meta inmediata irse a otro país. Las cifras, además de dramáticas, son desesperanzadoras. En el caso de Risaralda, un poco menos del 40% de los estudiantes que cada año terminan su bachillerato, pueden continuar sus estudios profesionales.
En general, el panorama de la educación, a pesar de la ampliación de coberturas, sigue siendo desalentador, en primaria y secundaria, con brechas cada vez mayores entre educación pública y privada; urbana y rural y en rendimiento de niños y niñas.
Los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, PISA 2009 presentados esta semana en París por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, sacuden a Colombia, que aparece dentro de los países con resultados más bajos.
PISA evaluó las competencias de lectura, matemáticas y ciencias de estudiantes de 15 años de 65 países. Según el informe “Los resultados en lectura indican que el 47% de los estudiantes de Colombia se encuentra por debajo del nivel mínimo aceptable. Es decir, estos jóvenes reconocen las ideas principales de los textos, establecen algunas relaciones y hacen interpretaciones sencillas, pero tienen dificultades para comprender textos complejos e información implícita, para comparar y contrastar ideas y asumir una posición crítica y argumentada sobre las mismas”.
De acuerdo con los pedagogos: “Un buen nivel de lectura es la base no sólo para que los estudiantes logren mejores aprendizajes en áreas como matemáticas y ciencias sino también para que desarrollen un pensamiento crítico y autónomo para participar activa y constructivamente en la sociedad. No alcanzarlo pone en riesgo sus posibilidades de culminar sus estudios e insertarse exitosamente en la vida social, cultural y productiva”.
Y aunque podría responsabilizarse a la pobreza de los bajos resultados, el informe, divulgado en Colombia por el ICFES, señala que “Sólo el 17% se explica por las condiciones socioeconómicas de las familias. La escuela incide de manera significativa: docentes de alta calidad y con altas expectativas sobre los logros de sus estudiantes, un buen clima escolar, recursos suficientes para el trabajo pedagógico, además de la educación inicial, son factores asociados a resultados más altos. En cambio, la repetición de grados tiene un impacto negativo sobre los logros”.
Y algo está pasando alrededor del género: “Aunque en todos los países se observan diferencias, en Colombia las distancias son mayores. Los hombres aventajan a las mujeres en matemáticas (32 puntos más) y en ciencias (21 puntos más). En lectura ellas los superan.”
Y si estos resultados son después de la “Revolución Educativa” del anterior gobierno, queda claro que el tema educativo no se soluciona solo con locomotoras, sino con un tren de alta velocidad, que valore y prepare a nuestro talento humano, para que su proyecto de vida no sea irse de Colombia apenas pueda.
Una encuesta elaborada por el Grupo de Investigaciones de la Universidad Libre, seccional Pereira, reveló que el 46% de los estudiantes universitarios de nuestra ciudad tienen como meta inmediata irse a otro país. Las cifras, además de dramáticas, son desesperanzadoras. En el caso de Risaralda, un poco menos del 40% de los estudiantes que cada año terminan su bachillerato, pueden continuar sus estudios profesionales.
En general, el panorama de la educación, a pesar de la ampliación de coberturas, sigue siendo desalentador, en primaria y secundaria, con brechas cada vez mayores entre educación pública y privada; urbana y rural y en rendimiento de niños y niñas.
Los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, PISA 2009 presentados esta semana en París por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, sacuden a Colombia, que aparece dentro de los países con resultados más bajos.
PISA evaluó las competencias de lectura, matemáticas y ciencias de estudiantes de 15 años de 65 países. Según el informe “Los resultados en lectura indican que el 47% de los estudiantes de Colombia se encuentra por debajo del nivel mínimo aceptable. Es decir, estos jóvenes reconocen las ideas principales de los textos, establecen algunas relaciones y hacen interpretaciones sencillas, pero tienen dificultades para comprender textos complejos e información implícita, para comparar y contrastar ideas y asumir una posición crítica y argumentada sobre las mismas”.
De acuerdo con los pedagogos: “Un buen nivel de lectura es la base no sólo para que los estudiantes logren mejores aprendizajes en áreas como matemáticas y ciencias sino también para que desarrollen un pensamiento crítico y autónomo para participar activa y constructivamente en la sociedad. No alcanzarlo pone en riesgo sus posibilidades de culminar sus estudios e insertarse exitosamente en la vida social, cultural y productiva”.
Y aunque podría responsabilizarse a la pobreza de los bajos resultados, el informe, divulgado en Colombia por el ICFES, señala que “Sólo el 17% se explica por las condiciones socioeconómicas de las familias. La escuela incide de manera significativa: docentes de alta calidad y con altas expectativas sobre los logros de sus estudiantes, un buen clima escolar, recursos suficientes para el trabajo pedagógico, además de la educación inicial, son factores asociados a resultados más altos. En cambio, la repetición de grados tiene un impacto negativo sobre los logros”.
Y algo está pasando alrededor del género: “Aunque en todos los países se observan diferencias, en Colombia las distancias son mayores. Los hombres aventajan a las mujeres en matemáticas (32 puntos más) y en ciencias (21 puntos más). En lectura ellas los superan.”
Y si estos resultados son después de la “Revolución Educativa” del anterior gobierno, queda claro que el tema educativo no se soluciona solo con locomotoras, sino con un tren de alta velocidad, que valore y prepare a nuestro talento humano, para que su proyecto de vida no sea irse de Colombia apenas pueda.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Aplausos comprados
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Se volvió habitual, desde hace algún tiempo, que los grandes medios de comunicación social miren hacia la provincia. Pero no con una mirada sincera y desinteresada, sino con una ávida mirada comercial, que aumenta sus cifras de utilidades.
Las cadenas radiales, los canales de televisión y los medios impresos, que a lo largo del año, solo mencionan a Pereira y a Risaralda por sus cifras de desempleo, homicidios, derrumbes, hechos de corrupción y por el impacto del narcotráfico en distintas actividades, aparecen, de un momento a otro, ofreciendo “transmisiones especiales” de sus programas matinales o vespertinos, con su equipo de periodistas, unas veces; de humoristas, otras o “de curas para el alma”, “con el objetivo de mostrar los hechos positivos, los logros regionales y los personajes más destacados”.
Eso sí, la participación de dichas figuras, tiene un costo y bastante elevado. Y ante las dificultades e incapacidad de nuestros líderes de brillar en el panorama nacional, lo más fácil es recurrir a los rubros de publicidad, del presupuesto público, para “comprar las entrevistas, el espacio en medios y el reconocimiento”, que, de lo contrario, nunca podrían tener.
Hay antecedentes recientes. Jota Mario Valencia, el Padre Chucho y los integrantes del programa matinal del canal RCN estuvieron en agosto pasado en Pereira, en una puesta en escena, paga por el municipio.
Fue tan exitosa la experiencia, desde el punto de vista económico para la Organización Ardila Lule, que unas semanas después llegaron por más. El equipo de noticias de La FM, liderado por Claudia Gurisatti, para quien Pereira es lo mismo que Armenia o Ibagué o Tunja, al fin y al cabo viaja tanto vendiendo entrevistas, que se le olvida donde está. Amplios espacios para que los gobernantes hablen de su gestión, proyectos y acciones ejecutadas, a cambio de contratos publicitarios, igual de dadivosos. Hasta fotos en los boletines de prensa, para que quede el registro del mandatario o mandataria con la “vedette”.
También en octubre, los organizadores del Congreso Internacional de Planeación de Ciudades Intermedias consideraron que era necesario traer a Pereira una presentadora de “talla nacional” y cuerpo de modelo, sin importar que se le olvidaran las preguntas, que nunca en su vida hubiera escuchado la palabra Prospectiva y entonces la cambiara por Perspectiva y que, con una bien diseñada sonrisa, tratara de disimilar su ignorancia en temas de urbanismo y desarrollo regional. Pero, el gancho, la imagen y la foto con el mandatario, eran el objetivo central. Lo cosmético, por encima de lo importante.
Ahora, más recientemente, la misma Revista Semana que patentó el termino de Baby Sicarios, para jóvenes delincuentes de Pereira y Dosquebradas, preparó una “edición especial” sobre el Triángulo del Café, en donde, con la generosa participación publicitaria, los gobernantes, que nunca merecieron una mención, aparecen con amplias fotos y desbordantes testimonios de eficacia, proyección y sentido social.
Sin duda, la compra de aplausos, entrevistas y fotos, nos demuestra el limitado concepto que tienen nuestros gobernantes de los medios informativos, no como instrumentos de construcción de ciudadanía y de transformación social, sino como una simple vitrina para ofrecer productos, con cercana fecha de vencimiento.
Se volvió habitual, desde hace algún tiempo, que los grandes medios de comunicación social miren hacia la provincia. Pero no con una mirada sincera y desinteresada, sino con una ávida mirada comercial, que aumenta sus cifras de utilidades.
Las cadenas radiales, los canales de televisión y los medios impresos, que a lo largo del año, solo mencionan a Pereira y a Risaralda por sus cifras de desempleo, homicidios, derrumbes, hechos de corrupción y por el impacto del narcotráfico en distintas actividades, aparecen, de un momento a otro, ofreciendo “transmisiones especiales” de sus programas matinales o vespertinos, con su equipo de periodistas, unas veces; de humoristas, otras o “de curas para el alma”, “con el objetivo de mostrar los hechos positivos, los logros regionales y los personajes más destacados”.
Eso sí, la participación de dichas figuras, tiene un costo y bastante elevado. Y ante las dificultades e incapacidad de nuestros líderes de brillar en el panorama nacional, lo más fácil es recurrir a los rubros de publicidad, del presupuesto público, para “comprar las entrevistas, el espacio en medios y el reconocimiento”, que, de lo contrario, nunca podrían tener.
Hay antecedentes recientes. Jota Mario Valencia, el Padre Chucho y los integrantes del programa matinal del canal RCN estuvieron en agosto pasado en Pereira, en una puesta en escena, paga por el municipio.
Fue tan exitosa la experiencia, desde el punto de vista económico para la Organización Ardila Lule, que unas semanas después llegaron por más. El equipo de noticias de La FM, liderado por Claudia Gurisatti, para quien Pereira es lo mismo que Armenia o Ibagué o Tunja, al fin y al cabo viaja tanto vendiendo entrevistas, que se le olvida donde está. Amplios espacios para que los gobernantes hablen de su gestión, proyectos y acciones ejecutadas, a cambio de contratos publicitarios, igual de dadivosos. Hasta fotos en los boletines de prensa, para que quede el registro del mandatario o mandataria con la “vedette”.
También en octubre, los organizadores del Congreso Internacional de Planeación de Ciudades Intermedias consideraron que era necesario traer a Pereira una presentadora de “talla nacional” y cuerpo de modelo, sin importar que se le olvidaran las preguntas, que nunca en su vida hubiera escuchado la palabra Prospectiva y entonces la cambiara por Perspectiva y que, con una bien diseñada sonrisa, tratara de disimilar su ignorancia en temas de urbanismo y desarrollo regional. Pero, el gancho, la imagen y la foto con el mandatario, eran el objetivo central. Lo cosmético, por encima de lo importante.
Ahora, más recientemente, la misma Revista Semana que patentó el termino de Baby Sicarios, para jóvenes delincuentes de Pereira y Dosquebradas, preparó una “edición especial” sobre el Triángulo del Café, en donde, con la generosa participación publicitaria, los gobernantes, que nunca merecieron una mención, aparecen con amplias fotos y desbordantes testimonios de eficacia, proyección y sentido social.
Sin duda, la compra de aplausos, entrevistas y fotos, nos demuestra el limitado concepto que tienen nuestros gobernantes de los medios informativos, no como instrumentos de construcción de ciudadanía y de transformación social, sino como una simple vitrina para ofrecer productos, con cercana fecha de vencimiento.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Porqués para una campaña temprana
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Esta semana, con las declaraciones del ex alcalde Juan Manuel Arango y del actual mandatario Israel Londoño, se percibió el tono que podría tener la campaña electoral de 2011.
Sin dudas, las frases de uno y otro demuestran que existen bastantes resentimientos acumulados y que sus visiones de ciudad son bastante diferentes.
Vale la pena recordar que el mismo alcalde Londoño es, en buena medida, responsable de que el ex alcalde haya decidido postularse de nuevo para el primer cargo municipal. En sus visitas a barrios y corregimientos, el flamante líder de La U desestimó la trayectoria política de Arango y tal vez, con ligereza, tal vez con convicción, lo calificó ante la comunidad como “un cadáver político”.
Arango se sintió ofendido en lo más profundo y emprendió un trabajo para demostrar su vigencia como dirigente y líder de la ciudad. Y, en el primer intercambio verbal, se nota a un Juan Manuel Arango aguerrido, directo y renovado.
En cambio, el alcalde Londoño cayó en la trampa de asumir un papel protagónico en la campaña -en donde no es candidato, y más que defender su obra de gobierno- se siente que actúa como escudero del candidato de su partido Enrique Vásquez. Craso error, porque 13 meses antes de culminar su gestión, Israel abrió la puerta para que el proceso electoral entre a su gobierno y lo obligue a un largo y desgastante pulso, en donde tendrá que demostrar si sus logros son mayores que los lunares y las carencias.
Pero más allá del primer tira y dame entre Arango y Londoño, esta campaña temprana tendría que abrirnos la oportunidad a los ciudadanos de exigir a los candidatos y a los partidos que profundicen en temas vitales para la ciudad: el desempleo crónico, por encima del 20 por ciento; la pobreza y la indigencia, cuya solución no puede ser un subsidio escaso e indefinido; la inseguridad asociada con actividades ilícitas; el abandono del sector agrícola y la desindustrialización; unas remesas que generaron apariencias mentirosas de bienestar y calidad de vida, pero no pudieron ocultar las rupturas y la crisis familiar, la soledad y la depresión…
El debate debe abrirse con rigor, con responsabilidad, con ánimo constructivo. Revisar porqué del tan publicitado Anillo Longitudinal solo entregarán la mitad; porqué se invierten 25 mil millones de pesos en el estadio de fútbol y no hay 3 mil millones para reorganizar a los vendedores informales del centro de la ciudad; porqué si el actual gobierno habló de la remodelación de los Parques El Lago, La Libertad y la Plaza de Bolívar, a cinco cuadras del Palacio Municipal se permite la prostitución de niños y el comercio de artículos robados, en medio de un profundo deterioro social; porqué el proyecto del Parque Temático de Flora y Fauna, que el alcalde Israel anunció que entregaría operando en 2011, aún sigue en veremos…
Y así podrían seguir los interrogantes: Porqué a los profesionales, jefes de división, secretarios y gerentes de institutos, que pertenecen al Partido de la U. les toca comprar “voluntariamente” los bonos de Un millón de pesos para financiar las campañas de Soto, Burgos y Vásquez y porqué se utilizan las oficinas públicas del municipio de Pereira para efectuar reuniones con el senador.
Esta semana, con las declaraciones del ex alcalde Juan Manuel Arango y del actual mandatario Israel Londoño, se percibió el tono que podría tener la campaña electoral de 2011.
Sin dudas, las frases de uno y otro demuestran que existen bastantes resentimientos acumulados y que sus visiones de ciudad son bastante diferentes.
Vale la pena recordar que el mismo alcalde Londoño es, en buena medida, responsable de que el ex alcalde haya decidido postularse de nuevo para el primer cargo municipal. En sus visitas a barrios y corregimientos, el flamante líder de La U desestimó la trayectoria política de Arango y tal vez, con ligereza, tal vez con convicción, lo calificó ante la comunidad como “un cadáver político”.
Arango se sintió ofendido en lo más profundo y emprendió un trabajo para demostrar su vigencia como dirigente y líder de la ciudad. Y, en el primer intercambio verbal, se nota a un Juan Manuel Arango aguerrido, directo y renovado.
En cambio, el alcalde Londoño cayó en la trampa de asumir un papel protagónico en la campaña -en donde no es candidato, y más que defender su obra de gobierno- se siente que actúa como escudero del candidato de su partido Enrique Vásquez. Craso error, porque 13 meses antes de culminar su gestión, Israel abrió la puerta para que el proceso electoral entre a su gobierno y lo obligue a un largo y desgastante pulso, en donde tendrá que demostrar si sus logros son mayores que los lunares y las carencias.
Pero más allá del primer tira y dame entre Arango y Londoño, esta campaña temprana tendría que abrirnos la oportunidad a los ciudadanos de exigir a los candidatos y a los partidos que profundicen en temas vitales para la ciudad: el desempleo crónico, por encima del 20 por ciento; la pobreza y la indigencia, cuya solución no puede ser un subsidio escaso e indefinido; la inseguridad asociada con actividades ilícitas; el abandono del sector agrícola y la desindustrialización; unas remesas que generaron apariencias mentirosas de bienestar y calidad de vida, pero no pudieron ocultar las rupturas y la crisis familiar, la soledad y la depresión…
El debate debe abrirse con rigor, con responsabilidad, con ánimo constructivo. Revisar porqué del tan publicitado Anillo Longitudinal solo entregarán la mitad; porqué se invierten 25 mil millones de pesos en el estadio de fútbol y no hay 3 mil millones para reorganizar a los vendedores informales del centro de la ciudad; porqué si el actual gobierno habló de la remodelación de los Parques El Lago, La Libertad y la Plaza de Bolívar, a cinco cuadras del Palacio Municipal se permite la prostitución de niños y el comercio de artículos robados, en medio de un profundo deterioro social; porqué el proyecto del Parque Temático de Flora y Fauna, que el alcalde Israel anunció que entregaría operando en 2011, aún sigue en veremos…
Y así podrían seguir los interrogantes: Porqué a los profesionales, jefes de división, secretarios y gerentes de institutos, que pertenecen al Partido de la U. les toca comprar “voluntariamente” los bonos de Un millón de pesos para financiar las campañas de Soto, Burgos y Vásquez y porqué se utilizan las oficinas públicas del municipio de Pereira para efectuar reuniones con el senador.
jueves, 18 de noviembre de 2010
La sociedad civil desorganizada
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En los diferentes ejercicios de reflexión de ciudad, que se propician desde muy variadas instancias, hay un tema reiterativo: la falta de capital social.
Según el Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo: “Capital social es el conjunto de normas, redes y organizaciones construidas sobre relaciones de confianza y reciprocidad, que contribuyen a la cohesión, el desarrollo y el bienestar de la sociedad, así como a la capacidad de sus miembros para actuar y satisfacer sus necesidades de forma coordinada en beneficio mutuo. El capital social es un concepto de reciente y creciente aplicación en los estudios sobre el desarrollo. Se refiere a una realidad menos tangible que el capital humano (conocimientos) o el capital físico (bienes materiales), pero resulta también decisivo para la actividad productiva, la satisfacción de las necesidades personales y el desarrollo comunitario.”
Tal vez, nuestra joven historia de andariegos, acostumbrados de ir de un sitio a otro, de fundar pueblos en las laderas de las montañas, de “no vararse por los problemas” y de “salir adelante a pesar de las adversidades”, ha llevado a nuestra gente a ser valerosa y trabajadora, pero individualista; emprendedora y dedicada, pero egoísta.
Hubo momentos -que aún algunos siguen añorando- en que los pereiranos unieron sus fuerzas, a través de convites, festivales, marchas y empanadas, para construir el hospital, el aeropuerto Matecaña, la Villa Olímpica. Pero respondieron a un momento y a unas condiciones históricas, que ya cambiaron.
Uno de los soportes del capital social es la confianza mutua y a nosotros nos da gran dificultad creer, confiar en el otro. Miramos a los demás de reojo, con sospecha. Además, con la corrupción, el despilfarro de los recursos públicos, el manejo amañado y clientelista de las administraciones, es difícil generar condiciones de confianza y de reciprocidad.
Un rápido vistazo a las diferentes organizaciones de la sociedad civil nos nuestra un panorama bastante desalentador. Gremios, organizaciones no gubernamentales, sindicatos, comuneros, comunales y medios de comunicación que, en la mayoría de ocasiones, son contratistas y dependen en gran medida de los ingresos de las administraciones públicas, con lo cual se desdibuja su función, se pierde la perspectiva y la capacidad crítica.
Esa debilidad del capital social dificulta la construcción de acuerdos colectivos de largo aliento y, en cambio, facilita el ejercicio de un poder vertical, en donde el gobernante se convierte en un moderno Papa Noel que firma, autoriza y adjudica contratos a diestra y siniestra, para tener contentos a todos los que lo buscan.
Por eso, no dejan de ser anecdóticas y pomposas aquellas declaraciones en las que se habla de la sociedad civil organizada, cuando lo que vemos, en el día a día, es una sociedad fragmentada, vulnerable y sin mayor representatividad.
En los diferentes ejercicios de reflexión de ciudad, que se propician desde muy variadas instancias, hay un tema reiterativo: la falta de capital social.
Según el Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo: “Capital social es el conjunto de normas, redes y organizaciones construidas sobre relaciones de confianza y reciprocidad, que contribuyen a la cohesión, el desarrollo y el bienestar de la sociedad, así como a la capacidad de sus miembros para actuar y satisfacer sus necesidades de forma coordinada en beneficio mutuo. El capital social es un concepto de reciente y creciente aplicación en los estudios sobre el desarrollo. Se refiere a una realidad menos tangible que el capital humano (conocimientos) o el capital físico (bienes materiales), pero resulta también decisivo para la actividad productiva, la satisfacción de las necesidades personales y el desarrollo comunitario.”
Tal vez, nuestra joven historia de andariegos, acostumbrados de ir de un sitio a otro, de fundar pueblos en las laderas de las montañas, de “no vararse por los problemas” y de “salir adelante a pesar de las adversidades”, ha llevado a nuestra gente a ser valerosa y trabajadora, pero individualista; emprendedora y dedicada, pero egoísta.
Hubo momentos -que aún algunos siguen añorando- en que los pereiranos unieron sus fuerzas, a través de convites, festivales, marchas y empanadas, para construir el hospital, el aeropuerto Matecaña, la Villa Olímpica. Pero respondieron a un momento y a unas condiciones históricas, que ya cambiaron.
Uno de los soportes del capital social es la confianza mutua y a nosotros nos da gran dificultad creer, confiar en el otro. Miramos a los demás de reojo, con sospecha. Además, con la corrupción, el despilfarro de los recursos públicos, el manejo amañado y clientelista de las administraciones, es difícil generar condiciones de confianza y de reciprocidad.
Un rápido vistazo a las diferentes organizaciones de la sociedad civil nos nuestra un panorama bastante desalentador. Gremios, organizaciones no gubernamentales, sindicatos, comuneros, comunales y medios de comunicación que, en la mayoría de ocasiones, son contratistas y dependen en gran medida de los ingresos de las administraciones públicas, con lo cual se desdibuja su función, se pierde la perspectiva y la capacidad crítica.
Esa debilidad del capital social dificulta la construcción de acuerdos colectivos de largo aliento y, en cambio, facilita el ejercicio de un poder vertical, en donde el gobernante se convierte en un moderno Papa Noel que firma, autoriza y adjudica contratos a diestra y siniestra, para tener contentos a todos los que lo buscan.
Por eso, no dejan de ser anecdóticas y pomposas aquellas declaraciones en las que se habla de la sociedad civil organizada, cuando lo que vemos, en el día a día, es una sociedad fragmentada, vulnerable y sin mayor representatividad.
Desempleo en acción…
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En su edición del 8 de noviembre pasado, el periódico La Tarde nos informaba sobre una de las paradojas que se viven en nuestra ciudad. Aunque el Área Metropolitana Centro Occidente lleva más de año y medio encabezando los indicadores de desempleo en el país, con una cifra superior al 20%, hay diferentes sectores productivos que ofrecen trabajo, pero no encuentran personas interesadas o capacitadas.
Aquella vieja frase según la cual: “Trabajo si hay, lo que no hay es quien trabaje” se nos está convirtiendo en una dolorosa radiografía social. Mientras se anuncian 800 vacantes en empresas confeccionistas de la región, la Cámara de Comercio de Dosquebradas, la Gobernación de Risaralda y el Sena se vieron a gatas para buscar durante un mes, un grupo de 52 personas interesadas en capacitarse en índigo, tejido plano y de punto.
Ante la necesidad de 10 mil recolectores de café para la cosecha del segundo semestre, el Comité de Cafeteros y las administraciones públicas se unieron para atraer la mano de obra requerida. Y aunque se ofrecieron diferentes estímulos y en promedio podrían recibir 60 mil pesos diarios, solo aparecieron un poco más de mil interesados.
A la convocatoria del Plan de choque contra el desempleo se inscribieron centenares de personas, que, una vez se enteraron que el trabajo era temporal y que podrían perder la cobertura del Sisben y el subsidio de Familias en Acción, terminaron renunciando a una oportunidad laboral.
Un sector de amplio crecimiento en la región como el del gas domiciliario requiere de un personal capacitado para la extensión de redes e instalación del servicio. A petición de la empresa Efigas, el Sena Risaralda programó para este año tres cursos para capacitar en total 120 operarios, que serían vinculados de manera inmediata. Dos de los cursos se cerraron por falta de inscritos. Y así podríamos tener decenas de ejemplos.
Algo está pasando. Dicen algunos que para los jóvenes no son atractivos trabajos en sectores tradicionales como el café o las confecciones, en donde además no hubo un relevo generacional y en donde, dadas la exigencia y esfuerzo físico, muchos trabajadores esperaban que sus hijos no tuvieran que seguir en la misma actividad.
Investigadores como el profesor Jhonier Cardona de la Universidad Libre, seccional Pereira consideran que la llegada periódica a nuestra región de remesas de los risaraldenses que trabajan en el exterior, y que entre 2008 y 2009 ascendieron a casi dos billones de pesos, generó cierta desidia laboral de los receptores. Algunos analistas han denominado esa actitud como “desempleo voluntario”.
Pero hay interpretaciones más audaces. Una de ellas habla de los estereotipos sociales y culturales que se ofrecen a los jóvenes en donde lo importante es conseguir el dinero. Sin importar cómo, ni su procedencia. Ganar un salario mínimo, por ocho horas de trabajo diario en el sector formal, no es atractivo, cuando existen otras actividades, lícitas o ilícitas, que en la informalidad generan mucha mayor rentabilidad económica.
Al paso que vamos, tocará pedirle al DANE que en el caso de Pereira y su Área Metropolitana, especifique cuántos desempleados voluntarios e involuntarios hay, cuántos no trabajan porque viven de los subsidios del estado y de la remesas y cuántos prefieren subsistir en la informalidad, aunque queden por fuera de las encuestas.
En su edición del 8 de noviembre pasado, el periódico La Tarde nos informaba sobre una de las paradojas que se viven en nuestra ciudad. Aunque el Área Metropolitana Centro Occidente lleva más de año y medio encabezando los indicadores de desempleo en el país, con una cifra superior al 20%, hay diferentes sectores productivos que ofrecen trabajo, pero no encuentran personas interesadas o capacitadas.
Aquella vieja frase según la cual: “Trabajo si hay, lo que no hay es quien trabaje” se nos está convirtiendo en una dolorosa radiografía social. Mientras se anuncian 800 vacantes en empresas confeccionistas de la región, la Cámara de Comercio de Dosquebradas, la Gobernación de Risaralda y el Sena se vieron a gatas para buscar durante un mes, un grupo de 52 personas interesadas en capacitarse en índigo, tejido plano y de punto.
Ante la necesidad de 10 mil recolectores de café para la cosecha del segundo semestre, el Comité de Cafeteros y las administraciones públicas se unieron para atraer la mano de obra requerida. Y aunque se ofrecieron diferentes estímulos y en promedio podrían recibir 60 mil pesos diarios, solo aparecieron un poco más de mil interesados.
A la convocatoria del Plan de choque contra el desempleo se inscribieron centenares de personas, que, una vez se enteraron que el trabajo era temporal y que podrían perder la cobertura del Sisben y el subsidio de Familias en Acción, terminaron renunciando a una oportunidad laboral.
Un sector de amplio crecimiento en la región como el del gas domiciliario requiere de un personal capacitado para la extensión de redes e instalación del servicio. A petición de la empresa Efigas, el Sena Risaralda programó para este año tres cursos para capacitar en total 120 operarios, que serían vinculados de manera inmediata. Dos de los cursos se cerraron por falta de inscritos. Y así podríamos tener decenas de ejemplos.
Algo está pasando. Dicen algunos que para los jóvenes no son atractivos trabajos en sectores tradicionales como el café o las confecciones, en donde además no hubo un relevo generacional y en donde, dadas la exigencia y esfuerzo físico, muchos trabajadores esperaban que sus hijos no tuvieran que seguir en la misma actividad.
Investigadores como el profesor Jhonier Cardona de la Universidad Libre, seccional Pereira consideran que la llegada periódica a nuestra región de remesas de los risaraldenses que trabajan en el exterior, y que entre 2008 y 2009 ascendieron a casi dos billones de pesos, generó cierta desidia laboral de los receptores. Algunos analistas han denominado esa actitud como “desempleo voluntario”.
Pero hay interpretaciones más audaces. Una de ellas habla de los estereotipos sociales y culturales que se ofrecen a los jóvenes en donde lo importante es conseguir el dinero. Sin importar cómo, ni su procedencia. Ganar un salario mínimo, por ocho horas de trabajo diario en el sector formal, no es atractivo, cuando existen otras actividades, lícitas o ilícitas, que en la informalidad generan mucha mayor rentabilidad económica.
Al paso que vamos, tocará pedirle al DANE que en el caso de Pereira y su Área Metropolitana, especifique cuántos desempleados voluntarios e involuntarios hay, cuántos no trabajan porque viven de los subsidios del estado y de la remesas y cuántos prefieren subsistir en la informalidad, aunque queden por fuera de las encuestas.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
¿Quiénes serán los herederos?
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En medio de los análisis e interpretaciones de nuestra realidad política, la pregunta más repetida durante estos días es si la alianza que resultó ganadora en 2007 podrá conservar la Gobernación de Risaralda y la Alcaldía de Pereira.
Y el interrogante tiene mucha razón de ser. Primero, porque a 14 meses de terminar las actuales administraciones, aún hay deudas pendientes –no de los pagarés sociales que firmaron en campaña- sino de los respectivos planes de Desarrollo y, segundo, porque el panorama para “los herederos” se encuentra bastante nublado.
Durante varios meses y desde los distintos sectores del conservatismo, se pidió con insistencia al Gobernador Víctor Manuel Tamayo que dijera quién era su candidato. Con cierta candidez, conociendo el entorno, el mandatario señaló con su dedo de pontífice al presidente del Directorio municipal de Pereira Alberto Vanegas Tamiz, con quien se identifica en que es reposado, conciliador y buena gente.
¡Pero, quién dijo miedo! Las mismas personas que le pidieron celeridad en la toma de decisiones, consideraron inconsulta e inconveniente la postulación del disciplinado dirigente. El representante Diego Naranjo se apresuró a tomar distancia y asegura que él debe ofrecerle igualdad de garantías a cada uno de los precandidatos.
El senador Sammy Merheg considera que se deben escuchar nuevos nombres, a la vez que expresa su respaldo a la candidatura a la alcaldía de Pereira, del ex mandatario Juan Manuel Arango, con lo cual se rompería la alianza de los partidos conservador y de La U. El representante Ricardo Valencia condiciona su apoyo a cualquier candidato a la Gobernación, a los convenios que le permitan a él y a su esposa, conservar la Alcaldía de Dosquebradas. Como si fuera una finca.
Así que Alberto Vanegas quedó en el centro de la foto, mientras los demás se hicieron a un lado. Entre tanto, el único que puede apoyarlo, no puede salir en la foto porque sería “participación indebida en política”.
En el caso de la Alcaldía de Pereira, el senador Soto entregó su sapiente bendición al diputado Enrique Vásquez Zuleta, guerrero de mil batallas y heredero de la Casa de la Democracia. El ungido tiene una larga carrera política, con más constancia que brillo y es considerado, incluso por sus adversarios, un hombre decente, querido y de buen trato.
La inquietud que ronda en el ambiente es si esas dos buenas personas, que cuentan con el guiño de sus mentores políticos, podrán asumir como príncipes herederos o, si, los ciudadanos buscarán otras opciones diferentes a la “monarquía electoral”.
En medio de los análisis e interpretaciones de nuestra realidad política, la pregunta más repetida durante estos días es si la alianza que resultó ganadora en 2007 podrá conservar la Gobernación de Risaralda y la Alcaldía de Pereira.
Y el interrogante tiene mucha razón de ser. Primero, porque a 14 meses de terminar las actuales administraciones, aún hay deudas pendientes –no de los pagarés sociales que firmaron en campaña- sino de los respectivos planes de Desarrollo y, segundo, porque el panorama para “los herederos” se encuentra bastante nublado.
Durante varios meses y desde los distintos sectores del conservatismo, se pidió con insistencia al Gobernador Víctor Manuel Tamayo que dijera quién era su candidato. Con cierta candidez, conociendo el entorno, el mandatario señaló con su dedo de pontífice al presidente del Directorio municipal de Pereira Alberto Vanegas Tamiz, con quien se identifica en que es reposado, conciliador y buena gente.
¡Pero, quién dijo miedo! Las mismas personas que le pidieron celeridad en la toma de decisiones, consideraron inconsulta e inconveniente la postulación del disciplinado dirigente. El representante Diego Naranjo se apresuró a tomar distancia y asegura que él debe ofrecerle igualdad de garantías a cada uno de los precandidatos.
El senador Sammy Merheg considera que se deben escuchar nuevos nombres, a la vez que expresa su respaldo a la candidatura a la alcaldía de Pereira, del ex mandatario Juan Manuel Arango, con lo cual se rompería la alianza de los partidos conservador y de La U. El representante Ricardo Valencia condiciona su apoyo a cualquier candidato a la Gobernación, a los convenios que le permitan a él y a su esposa, conservar la Alcaldía de Dosquebradas. Como si fuera una finca.
Así que Alberto Vanegas quedó en el centro de la foto, mientras los demás se hicieron a un lado. Entre tanto, el único que puede apoyarlo, no puede salir en la foto porque sería “participación indebida en política”.
En el caso de la Alcaldía de Pereira, el senador Soto entregó su sapiente bendición al diputado Enrique Vásquez Zuleta, guerrero de mil batallas y heredero de la Casa de la Democracia. El ungido tiene una larga carrera política, con más constancia que brillo y es considerado, incluso por sus adversarios, un hombre decente, querido y de buen trato.
La inquietud que ronda en el ambiente es si esas dos buenas personas, que cuentan con el guiño de sus mentores políticos, podrán asumir como príncipes herederos o, si, los ciudadanos buscarán otras opciones diferentes a la “monarquía electoral”.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Conjeturas, anhelos y temores
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 28 de octubre de 2010
Hay procesos con diccionario propio. Uno de ellos es la Prospectiva. Entendido como un ejercicio de futurología y de identificación de escenarios posibles, la Prospectiva para Pereira será una gran oportunidad para repensar la ciudad, con una primera proyección a 2013, año del Sesquicentenario y con un horizonte más largo, hasta 2032.
En un primer acercamiento, para tratar de identificar los cambios que se prevén, los que se temen y los que se anhelan para la ciudad, empiezan a aparecer algunas pistas de las líneas gruesas que marcarían nuestras próximas dos décadas.
Sin duda, dentro de esos cambios presentidos, es claro que Pereira se consolide como el eje de la conurbación que forman los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Valle; que se desarrollen cadenas productivas alrededor de la metalmecánica, la agroindustria, las confecciones, el software y el turismo y que la Red Regional de Nodos de Ciencia, Tecnología e Innovación convertirán al Eje Cafetero en una región competitiva, articulada con la Sociedad y Economía del Conocimiento.
Dentro de los cambios que anhelamos queremos una ciudad incluyente, ordenada, limpia, con amplios espacios públicos para la interacción, goce y disfrute de los habitantes. Un territorio que privilegia al peatón sobre los automotores, en especial en la zona del centro tradicional. Ciudadanos que conocen su historia, se identifican con los procesos culturales y unas administraciones que apoyan esas manifestaciones como parte de su expresión de identidad. Las calles, plazas y parques deben ser sitio de encuentro alrededor de las expresiones artísticas y culturales, que sean además, en forma organizada, una forma de sustento, de orgullo y atractivo turístico para los visitantes. Pereira se caracterizará ante el país por ser una ciudad 100% digital, ambientalmente sostenible y con bajos niveles de contaminación por ruido, vallas y emisiones atmosféricas. Con una sociedad organizada y fuerte, con vocería y representatividad frente al gobierno nacional. Una ciudad que reubicó sus zonas de alto riesgo, redujo progresivamente sus índices de violencia, desempleo y pobreza. Un lugar donde la Cultura Ciudadana y la autorregulación, construidas en forma colectiva, se convierten en el principio rector de un Pacto por la Pereiranidad.
Entre los cambios temidos, sin duda preocupa que al tener el Área Metropolitana un desarrollo macrocefálico, existe el riesgo de que en Pereira, Dosquebradas, La Virginia y Santa Rosa se concentre no solo la mayor población, sino buena parte de las necesidades de empleo, salud, vivienda, servicios públicos, educación, transporte, infraestructura de la región. Es fundamental generar polos de desarrollo en los municipios que retengan a la población, ofreciendo empleos e ingresos dignos, pero, ante todo, razones para quedarse allí.
La carencia de un sector agrícola e industrial fuerte, generan una gran dependencia del comercio, renglón de la economía que, salvo los gastos de salarios y operación, no reinvierte sus ingresos sino los saca de la región.
Sin duda, cuando empezamos a aterrizar los términos de la Prospectiva al entorno cotidiano, empezamos a entender que el futuro si se puede construir y que buena parte de los insumos están en la ciudad que anhelamos y en aquellos aspectos que, definitivamente, no queremos.
Hay procesos con diccionario propio. Uno de ellos es la Prospectiva. Entendido como un ejercicio de futurología y de identificación de escenarios posibles, la Prospectiva para Pereira será una gran oportunidad para repensar la ciudad, con una primera proyección a 2013, año del Sesquicentenario y con un horizonte más largo, hasta 2032.
En un primer acercamiento, para tratar de identificar los cambios que se prevén, los que se temen y los que se anhelan para la ciudad, empiezan a aparecer algunas pistas de las líneas gruesas que marcarían nuestras próximas dos décadas.
Sin duda, dentro de esos cambios presentidos, es claro que Pereira se consolide como el eje de la conurbación que forman los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Norte del Valle; que se desarrollen cadenas productivas alrededor de la metalmecánica, la agroindustria, las confecciones, el software y el turismo y que la Red Regional de Nodos de Ciencia, Tecnología e Innovación convertirán al Eje Cafetero en una región competitiva, articulada con la Sociedad y Economía del Conocimiento.
Dentro de los cambios que anhelamos queremos una ciudad incluyente, ordenada, limpia, con amplios espacios públicos para la interacción, goce y disfrute de los habitantes. Un territorio que privilegia al peatón sobre los automotores, en especial en la zona del centro tradicional. Ciudadanos que conocen su historia, se identifican con los procesos culturales y unas administraciones que apoyan esas manifestaciones como parte de su expresión de identidad. Las calles, plazas y parques deben ser sitio de encuentro alrededor de las expresiones artísticas y culturales, que sean además, en forma organizada, una forma de sustento, de orgullo y atractivo turístico para los visitantes. Pereira se caracterizará ante el país por ser una ciudad 100% digital, ambientalmente sostenible y con bajos niveles de contaminación por ruido, vallas y emisiones atmosféricas. Con una sociedad organizada y fuerte, con vocería y representatividad frente al gobierno nacional. Una ciudad que reubicó sus zonas de alto riesgo, redujo progresivamente sus índices de violencia, desempleo y pobreza. Un lugar donde la Cultura Ciudadana y la autorregulación, construidas en forma colectiva, se convierten en el principio rector de un Pacto por la Pereiranidad.
Entre los cambios temidos, sin duda preocupa que al tener el Área Metropolitana un desarrollo macrocefálico, existe el riesgo de que en Pereira, Dosquebradas, La Virginia y Santa Rosa se concentre no solo la mayor población, sino buena parte de las necesidades de empleo, salud, vivienda, servicios públicos, educación, transporte, infraestructura de la región. Es fundamental generar polos de desarrollo en los municipios que retengan a la población, ofreciendo empleos e ingresos dignos, pero, ante todo, razones para quedarse allí.
La carencia de un sector agrícola e industrial fuerte, generan una gran dependencia del comercio, renglón de la economía que, salvo los gastos de salarios y operación, no reinvierte sus ingresos sino los saca de la región.
Sin duda, cuando empezamos a aterrizar los términos de la Prospectiva al entorno cotidiano, empezamos a entender que el futuro si se puede construir y que buena parte de los insumos están en la ciudad que anhelamos y en aquellos aspectos que, definitivamente, no queremos.
Raspones en el corazón
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 21 de octubre de 2010
Aunque todos sabemos que la muerte nos llegará a en cualquier momento, la verdad es que, casi nadie, está preparado para despedir a un ser querido. Ni siquiera en el caso de personas que están agobiadas por una enfermedad o quienes, por su edad, son candidatos a viajar antes que nosotros.
Esta semana, con unas pocas horas de diferencia, hemos visto partir a dos personas ligadas a lo más profundo de esa forma de ser y estilo de mirar la vida que ahora se conoce como la pereiranidad: Don Francisco Polanco Ripoll y Doña Leonor Ramírez de Zuluaga.
A sus 86 años, Don Francisco era una de las más emblemáticas y certeras huellas de que el civismo de Pereira si existió y marcó la vida de la ciudad en buena parte del siglo XX. Con su figura elegante y delgada, quién fuera promotor de la creación de la Corporación Deportiva Centenario, seguía en los años recientes vinculado con los procesos de ciudad. A pesar de los achaques de la edad, Don Francisco no se perdía sesión del Concejo municipal, reunión del Intergremial o plenaria ciudadana, en donde se discutiera el futuro del Aeropuerto Matecaña. Estoy convencido que Polanco Ripoll fue el más veterano veedor que tuvimos en Pereira sobre los diferentes planes de fortalecimiento, concesión o integración de nuestro terminal aéreo con otras ciudades. En honor a él y a todos los que aman a Pereira sin condiciones, cualquier decisión que se adopte sobre el Aeropuerto debe ser de frente a la ciudad y con las cartas claras, por encima de la mesa.
A propósito, el secretario de Planeación del Quindío Armando Rodríguez reveló ayer, en la instalación de Eje Exporta 2010, que el gobierno nacional y la Aerocivil han invertido alrededor de 45 mil millones de pesos, en los últimos años, en las obras de ampliación de la pista del Aeropuerto Internacional El Edén de Armenia, para que quede de 2.500 metros de longitud y pueda operar pasajeros y carga hacia Estados Unidos y Panamá. Cuándo se revisan las inversiones del Presupuesto Nacional en Aeropalestina y Armenia, uno siente que el gobierno está castigando a los pereiranos por ser dueños de su propio aeropuerto y ambientando las condiciones técnicas y de infraestructura de los vecinos para una eventual concesión. Lo que no podrá quitarnos la Aerocivil, por ahora, es el volumen global de pasajeros, con el cual marcamos una amplia y significativa diferencia.
Si bien algunos estudiosos de las Ciencias Sociales consideran cerrado el capítulo del civismo pereirano del siglo pasado, porque respondió a circunstancias históricas, económicas y sociales específicas, debemos rescatar lo que significó como expresión de solidaridad, de esfuerzo colectivo, de sueños compartidos y de movilización social.
Sin duda, un buen insumo para empezar a perfilar la Prospectiva de la Pereira del Sesquicentenario y de la ciudad con horizonte al 2032, que se soporta en un fuerte componente de apropiación y movilización de la sociedad.
Se lo debemos a Don Francisco, a Doña Leonor y a todos los pereiranos que nos antecedieron.
Aunque todos sabemos que la muerte nos llegará a en cualquier momento, la verdad es que, casi nadie, está preparado para despedir a un ser querido. Ni siquiera en el caso de personas que están agobiadas por una enfermedad o quienes, por su edad, son candidatos a viajar antes que nosotros.
Esta semana, con unas pocas horas de diferencia, hemos visto partir a dos personas ligadas a lo más profundo de esa forma de ser y estilo de mirar la vida que ahora se conoce como la pereiranidad: Don Francisco Polanco Ripoll y Doña Leonor Ramírez de Zuluaga.
A sus 86 años, Don Francisco era una de las más emblemáticas y certeras huellas de que el civismo de Pereira si existió y marcó la vida de la ciudad en buena parte del siglo XX. Con su figura elegante y delgada, quién fuera promotor de la creación de la Corporación Deportiva Centenario, seguía en los años recientes vinculado con los procesos de ciudad. A pesar de los achaques de la edad, Don Francisco no se perdía sesión del Concejo municipal, reunión del Intergremial o plenaria ciudadana, en donde se discutiera el futuro del Aeropuerto Matecaña. Estoy convencido que Polanco Ripoll fue el más veterano veedor que tuvimos en Pereira sobre los diferentes planes de fortalecimiento, concesión o integración de nuestro terminal aéreo con otras ciudades. En honor a él y a todos los que aman a Pereira sin condiciones, cualquier decisión que se adopte sobre el Aeropuerto debe ser de frente a la ciudad y con las cartas claras, por encima de la mesa.
A propósito, el secretario de Planeación del Quindío Armando Rodríguez reveló ayer, en la instalación de Eje Exporta 2010, que el gobierno nacional y la Aerocivil han invertido alrededor de 45 mil millones de pesos, en los últimos años, en las obras de ampliación de la pista del Aeropuerto Internacional El Edén de Armenia, para que quede de 2.500 metros de longitud y pueda operar pasajeros y carga hacia Estados Unidos y Panamá. Cuándo se revisan las inversiones del Presupuesto Nacional en Aeropalestina y Armenia, uno siente que el gobierno está castigando a los pereiranos por ser dueños de su propio aeropuerto y ambientando las condiciones técnicas y de infraestructura de los vecinos para una eventual concesión. Lo que no podrá quitarnos la Aerocivil, por ahora, es el volumen global de pasajeros, con el cual marcamos una amplia y significativa diferencia.
Si bien algunos estudiosos de las Ciencias Sociales consideran cerrado el capítulo del civismo pereirano del siglo pasado, porque respondió a circunstancias históricas, económicas y sociales específicas, debemos rescatar lo que significó como expresión de solidaridad, de esfuerzo colectivo, de sueños compartidos y de movilización social.
Sin duda, un buen insumo para empezar a perfilar la Prospectiva de la Pereira del Sesquicentenario y de la ciudad con horizonte al 2032, que se soporta en un fuerte componente de apropiación y movilización de la sociedad.
Se lo debemos a Don Francisco, a Doña Leonor y a todos los pereiranos que nos antecedieron.
“Cómo nos cambia la vida…”
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 14 de octubre de 2010
El soldado profesional Giovanni Domínguez, quién permaneció dos años secuestrado por las FARC, aprovechó el cuarto de hora de su liberación para cantar una canción que compuso en la selva y la cual le da el nombre a la columna de hoy.
A pesar de las evidentes limitaciones artísticas e interpretativas, que también identifican a muchos de los más exitosos artistas de música popular, el soldado Domínguez acertó en la sabiduría y dolorosa crudeza que encierran esas cinco palabras. Al revisar las noticias de las últimas semanas, le damos la razón al joven militar, aspirante a músico.
“Procurador destituye a Piedad Córdoba y la inhabilita para ejercer cargos públicos”. La tan admirada como vilipendiada senadora, protagonista de la liberación de secuestrados, sería la primera baja del escándalo de la Farcpolítica, por los nexos y cercanías con el estado mayor del grupo guerrillero.
“Por chuzadas telefónicas ilegales, destituyen al secretario general de la Presidencia Bernardo Moreno Villegas y a tres ex directores del DAS”. Después de dos años de la denuncia de la revista Semana, el escándalo por la interceptación de las llamadas de los magistrados, líderes de oposición y periodistas llega hasta la misma Casa de Nariño y afecta al principal escudero del ex presidente Álvaro Uribe.
“Ex presidente Uribe asume responsabilidad política y jurídica por actuaciones de Bernardo Moreno”. El ex mandatario considera que las averiguaciones de Moreno Villegas sobre el historial financiero y predial de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y opositores, no configura ningún delito.
“Pliego de cargos contra los ex ministros de Agricultura Andrés Felipe Arias y Andrés Fernández, por el escándalo de Agro Ingreso Seguro”. Aunque aseguran que son inocentes y no se robaron un peso, es claro que la metodología usada para distribuir subsidios a terratenientes y hacendados, en detrimento del 90% de minifundistas que no reciben ayudas, demuestra, por lo menos, que se actuó con ligereza y favoritismo.
“Por calumnia, imputan cargos contra el ex vicepresidente Francisco santos y contra el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria”. Las declaraciones de los dos ex funcionarios contra líderes sindicales, a los que calificaron como cercanos al terrorismo, y su negativa a presentarse ante los despachos judiciales para retractarse llevaron a la Fiscalía a abrir el proceso penal.
“Apertura de investigación contra el ex presidente Uribe por chuzadas ilegales”. La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes abrió investigación preliminar para determinar la responsabilidad política del ex Jefe del Estado.
Definitivamente, el poder encanta, enferma, hipnotiza, envenena. Y el ejercicio de un poder omnímodo, que buscaba un tercer periodo, terminó envenenando la tolerancia, el derecho a disentir, las otras voces. Pero también el poder se acaba y es, en ese momento, cuando recordamos al soldado Domínguez: “Cómo nos cambia la vida”.
El soldado profesional Giovanni Domínguez, quién permaneció dos años secuestrado por las FARC, aprovechó el cuarto de hora de su liberación para cantar una canción que compuso en la selva y la cual le da el nombre a la columna de hoy.
A pesar de las evidentes limitaciones artísticas e interpretativas, que también identifican a muchos de los más exitosos artistas de música popular, el soldado Domínguez acertó en la sabiduría y dolorosa crudeza que encierran esas cinco palabras. Al revisar las noticias de las últimas semanas, le damos la razón al joven militar, aspirante a músico.
“Procurador destituye a Piedad Córdoba y la inhabilita para ejercer cargos públicos”. La tan admirada como vilipendiada senadora, protagonista de la liberación de secuestrados, sería la primera baja del escándalo de la Farcpolítica, por los nexos y cercanías con el estado mayor del grupo guerrillero.
“Por chuzadas telefónicas ilegales, destituyen al secretario general de la Presidencia Bernardo Moreno Villegas y a tres ex directores del DAS”. Después de dos años de la denuncia de la revista Semana, el escándalo por la interceptación de las llamadas de los magistrados, líderes de oposición y periodistas llega hasta la misma Casa de Nariño y afecta al principal escudero del ex presidente Álvaro Uribe.
“Ex presidente Uribe asume responsabilidad política y jurídica por actuaciones de Bernardo Moreno”. El ex mandatario considera que las averiguaciones de Moreno Villegas sobre el historial financiero y predial de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y opositores, no configura ningún delito.
“Pliego de cargos contra los ex ministros de Agricultura Andrés Felipe Arias y Andrés Fernández, por el escándalo de Agro Ingreso Seguro”. Aunque aseguran que son inocentes y no se robaron un peso, es claro que la metodología usada para distribuir subsidios a terratenientes y hacendados, en detrimento del 90% de minifundistas que no reciben ayudas, demuestra, por lo menos, que se actuó con ligereza y favoritismo.
“Por calumnia, imputan cargos contra el ex vicepresidente Francisco santos y contra el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria”. Las declaraciones de los dos ex funcionarios contra líderes sindicales, a los que calificaron como cercanos al terrorismo, y su negativa a presentarse ante los despachos judiciales para retractarse llevaron a la Fiscalía a abrir el proceso penal.
“Apertura de investigación contra el ex presidente Uribe por chuzadas ilegales”. La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes abrió investigación preliminar para determinar la responsabilidad política del ex Jefe del Estado.
Definitivamente, el poder encanta, enferma, hipnotiza, envenena. Y el ejercicio de un poder omnímodo, que buscaba un tercer periodo, terminó envenenando la tolerancia, el derecho a disentir, las otras voces. Pero también el poder se acaba y es, en ese momento, cuando recordamos al soldado Domínguez: “Cómo nos cambia la vida”.
miércoles, 6 de octubre de 2010
La apuesta por el conocimiento
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En un reciente informe la revista Forbes reveló el listado de las marcas más valiosas del mundo, tanto por el posicionamiento en el mercado como por sus ventas y presencia global.
Entre las 10 primeras empresas aparecen seis que son líderes en tecnología: Apple, Microsoft, IBM, Google, Intel y Nokia. El grupo lo completan Coca Cola y McDonalds que encabezaron el listado en décadas anteriores, el conglomerado económico de General Electric y la firma de cigarrillos Marlboro que, como resultado de los cambios de hábito de las personas, campañas preventivas contra el cáncer y las restricciones publicitarias, reduce dramáticamente su reconocimiento, tanto que para el año entrante se proyecta que no estará entre las 20 primeras marcas.
Cuándo uno revisa los indicadores de las principales empresas de tecnología, las cuales se han dedicado a la innovación, desarrollo y aplicación de nuevos dispositivos, uno concluye que es muy valiosa la apuesta que surgió desde la Universidad Tecnológica de Pereira y que, por fortuna, logró permear a instancias de gobierno, gremios, academia y empresas para trabajar por una Sociedad y una economía del conocimiento.
Es gratificante escuchar a los congresistas, al alcalde de Pereira, al secretario de Planeación municipal, al secretario de Desarrollo Económico y Competitividad de la Gobernación, a las Cámaras de Comercio de Pereira y Dosquebradas, al Area Metropolitana, a las universidades, a los empresarios, al gerente de la zona Franca de Caimalito y hasta al presidente del Concejo de Pereira Hernando Arcila hablar sobre la experiencia de la Misión Tecnológica a Brasil. Así el concejal se queje de que no les quedó tiempo para visitar los atractivos turísticos de San Pablo y Campiñas.
Y aunque algunas personas, con cierta acidez, aseguran que no era necesario viajar al primer país suramericano para entender la importancia de la Ciencia, la tecnología y la Innovación, aquí lo que se configura es una gran oportunidad de trabajar con metas claras y horizontes compartidos en un tema de desarrollo que no admite más dilaciones.
Han pasado más de 15 años desde que el entonces gobernador del departamento Roberto Gálvez Montealegre esbozara la propuesta de “Risaralda, departamento Tecnológico de Colombia”, que empezó con gran ímpetu y un amplio portafolio sectorial: Centro de Desarrollo Papelero, Centro de Desarrollo Tecnológico de la Confección Textil, Centro de Desarrollo de la Sericultura; Centro Internacional de Agricultura Orgánica, y que se extinguió lánguidamente como resultado de la indiferencia, desinterés y falta de respaldo presupuestal de sus sucesores, que no lo vieron como una oportunidad de construir política pública, sino como una causa de rivalidad y tensiones.
La construcción de la Prospectiva con movilización social de Pereira, a mediano y largo plazo, tendrá que sustentarse en nuestro talento humano, innovación tecnológica, automatización de procesos y capacidad de ofrecer valores agregados diferenciadores.
El Nodo de Innovación regional, el Plan departamental de Ciencia y Tecnología y el Plan regional de Competitividad son los instrumentos. La voluntad existe. Ojalá que en muy poco tiempo, las noticias de Duto Ingeniería, Quinoa, MLC tecnología Educativa. Tecnovin, Ikono y Cero K, entre otros, no sean que necesitan viáticos para viajar a recibir algún nuevo reconocimiento internacional, sino porque la revista Forbes las destaque entre las marcas y productos más reconocidos del mundo.
En un reciente informe la revista Forbes reveló el listado de las marcas más valiosas del mundo, tanto por el posicionamiento en el mercado como por sus ventas y presencia global.
Entre las 10 primeras empresas aparecen seis que son líderes en tecnología: Apple, Microsoft, IBM, Google, Intel y Nokia. El grupo lo completan Coca Cola y McDonalds que encabezaron el listado en décadas anteriores, el conglomerado económico de General Electric y la firma de cigarrillos Marlboro que, como resultado de los cambios de hábito de las personas, campañas preventivas contra el cáncer y las restricciones publicitarias, reduce dramáticamente su reconocimiento, tanto que para el año entrante se proyecta que no estará entre las 20 primeras marcas.
Cuándo uno revisa los indicadores de las principales empresas de tecnología, las cuales se han dedicado a la innovación, desarrollo y aplicación de nuevos dispositivos, uno concluye que es muy valiosa la apuesta que surgió desde la Universidad Tecnológica de Pereira y que, por fortuna, logró permear a instancias de gobierno, gremios, academia y empresas para trabajar por una Sociedad y una economía del conocimiento.
Es gratificante escuchar a los congresistas, al alcalde de Pereira, al secretario de Planeación municipal, al secretario de Desarrollo Económico y Competitividad de la Gobernación, a las Cámaras de Comercio de Pereira y Dosquebradas, al Area Metropolitana, a las universidades, a los empresarios, al gerente de la zona Franca de Caimalito y hasta al presidente del Concejo de Pereira Hernando Arcila hablar sobre la experiencia de la Misión Tecnológica a Brasil. Así el concejal se queje de que no les quedó tiempo para visitar los atractivos turísticos de San Pablo y Campiñas.
Y aunque algunas personas, con cierta acidez, aseguran que no era necesario viajar al primer país suramericano para entender la importancia de la Ciencia, la tecnología y la Innovación, aquí lo que se configura es una gran oportunidad de trabajar con metas claras y horizontes compartidos en un tema de desarrollo que no admite más dilaciones.
Han pasado más de 15 años desde que el entonces gobernador del departamento Roberto Gálvez Montealegre esbozara la propuesta de “Risaralda, departamento Tecnológico de Colombia”, que empezó con gran ímpetu y un amplio portafolio sectorial: Centro de Desarrollo Papelero, Centro de Desarrollo Tecnológico de la Confección Textil, Centro de Desarrollo de la Sericultura; Centro Internacional de Agricultura Orgánica, y que se extinguió lánguidamente como resultado de la indiferencia, desinterés y falta de respaldo presupuestal de sus sucesores, que no lo vieron como una oportunidad de construir política pública, sino como una causa de rivalidad y tensiones.
La construcción de la Prospectiva con movilización social de Pereira, a mediano y largo plazo, tendrá que sustentarse en nuestro talento humano, innovación tecnológica, automatización de procesos y capacidad de ofrecer valores agregados diferenciadores.
El Nodo de Innovación regional, el Plan departamental de Ciencia y Tecnología y el Plan regional de Competitividad son los instrumentos. La voluntad existe. Ojalá que en muy poco tiempo, las noticias de Duto Ingeniería, Quinoa, MLC tecnología Educativa. Tecnovin, Ikono y Cero K, entre otros, no sean que necesitan viáticos para viajar a recibir algún nuevo reconocimiento internacional, sino porque la revista Forbes las destaque entre las marcas y productos más reconocidos del mundo.
Se quedó huérfano
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 30 de septiembre
Más allá del ofrecimiento para trabajar con el Banco Mundial, la salida de Germán Darío Saldarriaga de la secretaría de Gobierno del departamento representa un fuerte revés político para el Gobernador Víctor Manuel Tamayo.
El mandatario, más que nadie, sabe que perdió un compañero de trabajo, un aliado, pero, ante todo, a una figura representativa, en la que, por su trayectoria y experiencia en la administración pública, podía delegar y apoyarse.
Desde que se sumó a la campaña conservadora como jefe de debate, Saldarriaga se la jugó con esa candidatura, tanto que, por su manera de ser directa y frentera, asumió en primera fila los enfrentamientos que se dieron con los adversarios políticos. Ante el temperamento tranquilo y conciliador de Tamayo, su jefe de debate asumió, sin ambages, el papel de duro, “de malo del paseo”, si se quiere.
A pesar del nombramiento en la Secretaria de Gobierno, los más cercanos colaboradores de Tamayo se encargaron de aislar a Saldarriaga, tanto en lo administrativo como en lo político y lo operativo, con una sola idea: evitar una eventual candidatura suya para 2011.
Varias de las funciones asignadas a la Secretaría de Gobierno fueron redistribuidas a la Secretaría de Desarrollo Social y al frente de los programas de Paz, Convivencia y Derechos Humanos se puso al sacerdote Gustavo Valencia Franco, bastante acostumbrado a los protagonismos.
No obstante, Saldarriaga brilló con luz propia. Con capacidad, dinamismo, autonomía. Mostró que tiene la talla y se ganó el respeto y la consideración de los organismos de seguridad. Sin mucho esfuerzo, el secretario de Gobierno se convirtió en la mano derecha de Tamayo, en gobernador encargado, en el hombre de confianza.
Hoy se nota la ausencia. Queda un vacío grande. Mucho más, cuando varios de los actuales funcionarios renunciarán en octubre para no inhabilitarse. Y a esto se suma, la destitución de Gloria Beatriz Giraldo cuando se desempeñó como presidenta de Etesa. Y que en el gabinete hay personas con perfiles interesantes como los secretarios de Educación Paula Andrea Dávila, de Planeación Diego Andrés Toro, de Hacienda Jorge Alexis Mejía y hasta el mismo Secretario Administrativo Andrés Felipe Zuluaga, pero que todavía requieren un poco más de tiempo y experiencia para lograr una mayor proyección política.
En ese panorama, los únicos con capacidad, inteligencia y pergaminos para suceder a Saldarriaga serían Carlos Alberto Aguirre o Alvaro Eduardo Salazar. El problema es si ellos están dispuestos a asumir ese reto y ese desgaste.
Por ahora, el gobernador Tamayo se quedó en la orfandad.
Más allá del ofrecimiento para trabajar con el Banco Mundial, la salida de Germán Darío Saldarriaga de la secretaría de Gobierno del departamento representa un fuerte revés político para el Gobernador Víctor Manuel Tamayo.
El mandatario, más que nadie, sabe que perdió un compañero de trabajo, un aliado, pero, ante todo, a una figura representativa, en la que, por su trayectoria y experiencia en la administración pública, podía delegar y apoyarse.
Desde que se sumó a la campaña conservadora como jefe de debate, Saldarriaga se la jugó con esa candidatura, tanto que, por su manera de ser directa y frentera, asumió en primera fila los enfrentamientos que se dieron con los adversarios políticos. Ante el temperamento tranquilo y conciliador de Tamayo, su jefe de debate asumió, sin ambages, el papel de duro, “de malo del paseo”, si se quiere.
A pesar del nombramiento en la Secretaria de Gobierno, los más cercanos colaboradores de Tamayo se encargaron de aislar a Saldarriaga, tanto en lo administrativo como en lo político y lo operativo, con una sola idea: evitar una eventual candidatura suya para 2011.
Varias de las funciones asignadas a la Secretaría de Gobierno fueron redistribuidas a la Secretaría de Desarrollo Social y al frente de los programas de Paz, Convivencia y Derechos Humanos se puso al sacerdote Gustavo Valencia Franco, bastante acostumbrado a los protagonismos.
No obstante, Saldarriaga brilló con luz propia. Con capacidad, dinamismo, autonomía. Mostró que tiene la talla y se ganó el respeto y la consideración de los organismos de seguridad. Sin mucho esfuerzo, el secretario de Gobierno se convirtió en la mano derecha de Tamayo, en gobernador encargado, en el hombre de confianza.
Hoy se nota la ausencia. Queda un vacío grande. Mucho más, cuando varios de los actuales funcionarios renunciarán en octubre para no inhabilitarse. Y a esto se suma, la destitución de Gloria Beatriz Giraldo cuando se desempeñó como presidenta de Etesa. Y que en el gabinete hay personas con perfiles interesantes como los secretarios de Educación Paula Andrea Dávila, de Planeación Diego Andrés Toro, de Hacienda Jorge Alexis Mejía y hasta el mismo Secretario Administrativo Andrés Felipe Zuluaga, pero que todavía requieren un poco más de tiempo y experiencia para lograr una mayor proyección política.
En ese panorama, los únicos con capacidad, inteligencia y pergaminos para suceder a Saldarriaga serían Carlos Alberto Aguirre o Alvaro Eduardo Salazar. El problema es si ellos están dispuestos a asumir ese reto y ese desgaste.
Por ahora, el gobernador Tamayo se quedó en la orfandad.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Mirándonos en el espejo
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Al asistir la semana pasada al Encuentro Internacional de Desarrollo Humano y Paz en Pereira, el sacerdote jesuita Mauricio Gaborit compartió su experiencia con jóvenes pandilleros de El Salvador. Y aunque allá se llaman “maras” y los integrantes se caracterizan por sus tatuajes en el cuerpo, existen muchas similitudes con el conflicto social y de subsistencia que se vive en las barriadas de los principales centros urbanos colombianos.
Decía el sacerdote que “en una encuesta efectuada entre los miembros de las maras acerca de su esperanza de vida, la respuesta unánime fue 24.” Pero no 24 años, ni siquiera 24 meses. La esperanza de vida de esos muchachos era 24 horas. O sea sobrevivir ese día. Por eso se entiende que, con una perspectiva de muerte tan inmediata, se asuman todos los riegos: actos delictivos, consumo de drogas, sexo sin protección. En concepto de ellos mismos: “No tienen nada que perder… sólo la vida”.
Sin duda ese razonamiento nos replantea muchos de los prejuicios que tenemos acerca de las personas que terminan involucradas en Colombia en actividades ilícitas, en pandillas, en “combos”, en “bandas criminales” como las bautizaron ahora y que se caracterizan, al igual que en El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Venezuela, Perú y Brasil, por participar en el negocio de la droga al menudeo, pequeñas extorsiones, cobro de peajes en los ingresos a los barrios y ajustes de cuentas.
Una reciente investigación de la Corporación Nuevo Arco Iris, publicada en el portal de semana.com concluyó que: “Hay una estrategia por parte de algunas bandas criminales, llamadas también paramilitares, para abrir un mercado interno de narcóticos”, asegura Ariel Ávila, investigador de esa ONG. A esa conclusión se llegó después de encontrar situaciones parecidas en Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Armenia, Montería y parcialmente en Cúcuta. El negocio que se ha detectado consiste en lo que podría llamarse ‘narcomenudeo’, que es promover masivamente el consumo de cocaína, bazuco, heroína, marihuana y drogas sintéticas dentro del país.”
La gran conclusión de la investigación sobre violencia en las ciudades es que “la estructura social de Colombia es supremamente rígida y excluyente. A la gente le parece que es más difícil progresar por las vías legales”. “Todo eso plantea nuevas formas de combatir la delincuencia en las ciudades. La crítica que surge por parte de los expertos es que los métodos para afrontarla hoy día suenan precarios. Básicamente, se basan en incremento del pie de fuerza y en represión policial”, dice el informe.
Desde la academia y los medios de comunicación, se ha insistido a las autoridades regionales sobre la necesidad de adelantar políticas públicas trasversales, en seguridad y convivencia, que contemplen la intervención integral en sectores vulnerables. El problema es que, en la mayoría de ocasiones, se piensa que intervención social es repartir zapatillas, mercados, kits escolares, cortar de pelo y llevar una brigada de salud.
Para estos días se anuncia la entrada en operación del Centro de Planeación Estratégica para la Convivencia y la Seguridad Ciudadana del departamento de Risaralda, que busca convertirse en una herramienta para conocer mejor la criminalidad y definir acciones de prevención del delito y de reacción frente al mismo.
Sin embargo, la pregunta es hasta qué punto seguiremos atacando las consecuencias de un problema que tiene raíces mucho más profundas, como nos lo muestran los casos de Centroamérica y de los principales centros urbanos del país.
Al asistir la semana pasada al Encuentro Internacional de Desarrollo Humano y Paz en Pereira, el sacerdote jesuita Mauricio Gaborit compartió su experiencia con jóvenes pandilleros de El Salvador. Y aunque allá se llaman “maras” y los integrantes se caracterizan por sus tatuajes en el cuerpo, existen muchas similitudes con el conflicto social y de subsistencia que se vive en las barriadas de los principales centros urbanos colombianos.
Decía el sacerdote que “en una encuesta efectuada entre los miembros de las maras acerca de su esperanza de vida, la respuesta unánime fue 24.” Pero no 24 años, ni siquiera 24 meses. La esperanza de vida de esos muchachos era 24 horas. O sea sobrevivir ese día. Por eso se entiende que, con una perspectiva de muerte tan inmediata, se asuman todos los riegos: actos delictivos, consumo de drogas, sexo sin protección. En concepto de ellos mismos: “No tienen nada que perder… sólo la vida”.
Sin duda ese razonamiento nos replantea muchos de los prejuicios que tenemos acerca de las personas que terminan involucradas en Colombia en actividades ilícitas, en pandillas, en “combos”, en “bandas criminales” como las bautizaron ahora y que se caracterizan, al igual que en El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Venezuela, Perú y Brasil, por participar en el negocio de la droga al menudeo, pequeñas extorsiones, cobro de peajes en los ingresos a los barrios y ajustes de cuentas.
Una reciente investigación de la Corporación Nuevo Arco Iris, publicada en el portal de semana.com concluyó que: “Hay una estrategia por parte de algunas bandas criminales, llamadas también paramilitares, para abrir un mercado interno de narcóticos”, asegura Ariel Ávila, investigador de esa ONG. A esa conclusión se llegó después de encontrar situaciones parecidas en Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Armenia, Montería y parcialmente en Cúcuta. El negocio que se ha detectado consiste en lo que podría llamarse ‘narcomenudeo’, que es promover masivamente el consumo de cocaína, bazuco, heroína, marihuana y drogas sintéticas dentro del país.”
La gran conclusión de la investigación sobre violencia en las ciudades es que “la estructura social de Colombia es supremamente rígida y excluyente. A la gente le parece que es más difícil progresar por las vías legales”. “Todo eso plantea nuevas formas de combatir la delincuencia en las ciudades. La crítica que surge por parte de los expertos es que los métodos para afrontarla hoy día suenan precarios. Básicamente, se basan en incremento del pie de fuerza y en represión policial”, dice el informe.
Desde la academia y los medios de comunicación, se ha insistido a las autoridades regionales sobre la necesidad de adelantar políticas públicas trasversales, en seguridad y convivencia, que contemplen la intervención integral en sectores vulnerables. El problema es que, en la mayoría de ocasiones, se piensa que intervención social es repartir zapatillas, mercados, kits escolares, cortar de pelo y llevar una brigada de salud.
Para estos días se anuncia la entrada en operación del Centro de Planeación Estratégica para la Convivencia y la Seguridad Ciudadana del departamento de Risaralda, que busca convertirse en una herramienta para conocer mejor la criminalidad y definir acciones de prevención del delito y de reacción frente al mismo.
Sin embargo, la pregunta es hasta qué punto seguiremos atacando las consecuencias de un problema que tiene raíces mucho más profundas, como nos lo muestran los casos de Centroamérica y de los principales centros urbanos del país.
De El Sacatín a Flamingo
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 16 de septiembre/10
Pocas semanas después del devastador terremoto del 25 enero de 1999 en el Eje cafetero, una joven nacida en Armenia me confesó, con lágrimas en los ojos, que lo más grave no había sido la caída de unas casas o unos edificios, sino la pérdida de todos los referentes urbanos que habían marcado su vida.
-En treinta segundos, quedaron borradas para siempre gran parte de mi infancia y de mi juventud”- aseguraba. Y tenía razón. El teatro al cual asistía los sábados o domingos, al matinal infantil. La heladería en donde recibía la generosa retribución de sus padres por el buen rendimiento académico. El añoso y entrañable colegio por el cual desfilaron sus primeras amigas, las travesuras y reconvenciones de los maestros. La fuente de soda del primer encuentro con el novio adolescente. De todos esos recuerdos, sólo quedaban escombros apilados, a lado y lado de las vías.
Esta semana recordé dicho testimonio, cuando publicaron en La Tarde las fotos de lo que fuera El Sacatín, sede de la destilería que después originó la Industria Licorera de Caldas y el registro de la demolición de la fachada, que se levantó altiva y con su estilo republicano durante 84 años.
Hace un par de semanas, una resolución de la Dirección Operativa de Prevención y Atención de Desastres del municipio de Pereira conceptuó “que la edificación estaba en ruina y en inminente riesgo”. De hecho, hace tres años, por el mismo estado de abandono, el inmueble fue excluido del inventario de bienes de interés patrimonial arquitectónico.
Lo más curioso es que dicho inmueble, que acaba de ser demolido por el estado lamentable en que se encontraba, estaba bajo el cuidado, manejo y responsabilidad directa del mismo municipio, que nunca tuvo interés ni destinó recursos para preservarlo, pero procedió con celeridad para excluirlo del patrimonio arquitectónico y recomendar su demolición.
Alguien decía que los pereiranos somos tan pragmáticos que adoptamos como propio aquel refrán de que “para atrás ni para tomar impulso”. El problema es que ni nos duele ni nos interesa ni nos preocupa acabar con esos referentes urbanos que marcaron momentos de la historia de la ciudad.
Hace algunos meses, en una reunión con el equipo de gobierno municipal, el ex alcalde Gustavo Orozco Restrepo, coordinador del proyecto aniversario de Pereira 150 años, se sorprendió cuando uno de los funcionarios del gabinete le dijo que querían vincularse a las actividades del Bicentenario de la ciudad. Cuándo Orozco, con su tradicional tacto le dijo que era “el sesquicentenario”, el testarudo personaje le pidió que no se preocupara que “al fin y al cabo, bicentenario o sesquicentenario eso es lo mismo”.
Y la realidad es que, para algunos funcionarios, las edificaciones y los ladrillos son lo mismo. No importan las historias, la memoria, las huellas que tengan impresas.
Por eso, tumbamos, por acción o por omisión, edificaciones que formaron parte de nuestro crecimiento como ciudad. Y, lo peor, autorizamos la construcción de cajones de concreto, monstruosas paredes -sin siquiera ventanas- y carentes de diseño, como la sede de Almacenes Flamingo y de un casino, al frente de la alcaldía municipal.
Estamos tan embriagados de progreso que, aunque caminemos para adelante, todavía no sabemos para donde vamos.
Pocas semanas después del devastador terremoto del 25 enero de 1999 en el Eje cafetero, una joven nacida en Armenia me confesó, con lágrimas en los ojos, que lo más grave no había sido la caída de unas casas o unos edificios, sino la pérdida de todos los referentes urbanos que habían marcado su vida.
-En treinta segundos, quedaron borradas para siempre gran parte de mi infancia y de mi juventud”- aseguraba. Y tenía razón. El teatro al cual asistía los sábados o domingos, al matinal infantil. La heladería en donde recibía la generosa retribución de sus padres por el buen rendimiento académico. El añoso y entrañable colegio por el cual desfilaron sus primeras amigas, las travesuras y reconvenciones de los maestros. La fuente de soda del primer encuentro con el novio adolescente. De todos esos recuerdos, sólo quedaban escombros apilados, a lado y lado de las vías.
Esta semana recordé dicho testimonio, cuando publicaron en La Tarde las fotos de lo que fuera El Sacatín, sede de la destilería que después originó la Industria Licorera de Caldas y el registro de la demolición de la fachada, que se levantó altiva y con su estilo republicano durante 84 años.
Hace un par de semanas, una resolución de la Dirección Operativa de Prevención y Atención de Desastres del municipio de Pereira conceptuó “que la edificación estaba en ruina y en inminente riesgo”. De hecho, hace tres años, por el mismo estado de abandono, el inmueble fue excluido del inventario de bienes de interés patrimonial arquitectónico.
Lo más curioso es que dicho inmueble, que acaba de ser demolido por el estado lamentable en que se encontraba, estaba bajo el cuidado, manejo y responsabilidad directa del mismo municipio, que nunca tuvo interés ni destinó recursos para preservarlo, pero procedió con celeridad para excluirlo del patrimonio arquitectónico y recomendar su demolición.
Alguien decía que los pereiranos somos tan pragmáticos que adoptamos como propio aquel refrán de que “para atrás ni para tomar impulso”. El problema es que ni nos duele ni nos interesa ni nos preocupa acabar con esos referentes urbanos que marcaron momentos de la historia de la ciudad.
Hace algunos meses, en una reunión con el equipo de gobierno municipal, el ex alcalde Gustavo Orozco Restrepo, coordinador del proyecto aniversario de Pereira 150 años, se sorprendió cuando uno de los funcionarios del gabinete le dijo que querían vincularse a las actividades del Bicentenario de la ciudad. Cuándo Orozco, con su tradicional tacto le dijo que era “el sesquicentenario”, el testarudo personaje le pidió que no se preocupara que “al fin y al cabo, bicentenario o sesquicentenario eso es lo mismo”.
Y la realidad es que, para algunos funcionarios, las edificaciones y los ladrillos son lo mismo. No importan las historias, la memoria, las huellas que tengan impresas.
Por eso, tumbamos, por acción o por omisión, edificaciones que formaron parte de nuestro crecimiento como ciudad. Y, lo peor, autorizamos la construcción de cajones de concreto, monstruosas paredes -sin siquiera ventanas- y carentes de diseño, como la sede de Almacenes Flamingo y de un casino, al frente de la alcaldía municipal.
Estamos tan embriagados de progreso que, aunque caminemos para adelante, todavía no sabemos para donde vamos.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
La libertad a media asta
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Durante más de 200 años, Estados Unidos y Francia han sido modelo y referencia obligada para muchos países del mundo, en lo que respecta a sus conceptos filosóficos sobre democracia y libertades humanas.
En el preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, suscrita en Filadelfia, el 4 de julio de 1776, se establece el marco de los derechos fundamentales: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
A pesar de su espíritu libertario, las contradicciones han acompañado esos principios fundacionales de la democracia norteamericana. Ese mismo país que declaró “que todos los hombres son creados iguales” se demoró un siglo para abolir la esclavitud y prácticamente exterminó a las comunidades indígenas autóctonas. Esa misma nación, segregó y discriminó durante cien años más a las comunidades negras y ha participado como actor y protagonista en casi todas las guerras y conflictos mundiales en el último siglo y medio.
La imagen de la Estatua de la Libertad, emblema de la Unión Americana y la cual acogió bajo su abrigo a millones de inmigrantes de todo el mundo, resulta bastante maltratada, cuando manifestantes ultraconservadores se oponen a la construcción de una mezquita en pleno centro de Manhattan y cuando un pastor cristiano bautista de la Florida invita a quemar ejemplares del Corán, como desagravio por los atentados terroristas del 11 de septiembre, hace 9 años.
Y más grave aún, cuando la Casa Blanca, en lugar de rechazar la violación a la libertad religiosa y defender los derechos de las comunidades islámicas residentes de ese país, considera que “la amenaza de una iglesia cristiana en la Florida de quemar copias del Corán podría poner en peligro a las tropas estadounidenses en el extranjero” ya que “las imágenes del Corán quemándose serán usadas por grupos extremistas para incitar a actos violentos”.
Cruzando el Oceáno Atlántico el panorama tampoco es muy estimulante. En Francia, donde en 1789 se firmó la Declaración de los Derechos del Hombre, que sentencia: "Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos", y define las libertades de opinión, de prensa y de conciencia, el presidente Nicolas Sarkozy ordenó la expulsión de un millar de personas, de la etnia gitana, hacia Rumania y Bulgaria.
El país galo, que creció con la consigna de defender a toda costa la “libertad, la solidaridad y la fraternidad” de los ciudadanos, prepara una reforma legal que permita expulsar a los extranjeros en situación migratoria irregular y que planteen una "amenaza para el orden público”, que no tengan trabajo o que abusen “del derecho de libre circulación". Bastante difícil será evaluar quién y cómo abusa de dicho derecho.
Al paso que vamos, los que fueran referentes occidentales de democracia, libertad y respeto por la dignidad humana, se convertirán sólo en la añoranza de unos pocos y, como las ruinas del Coliseo Romano, en un atractivo -pero en desuso- gancho publicitario de las guías turísticas de Estados Unidos y Francia.
Durante más de 200 años, Estados Unidos y Francia han sido modelo y referencia obligada para muchos países del mundo, en lo que respecta a sus conceptos filosóficos sobre democracia y libertades humanas.
En el preámbulo de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, suscrita en Filadelfia, el 4 de julio de 1776, se establece el marco de los derechos fundamentales: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
A pesar de su espíritu libertario, las contradicciones han acompañado esos principios fundacionales de la democracia norteamericana. Ese mismo país que declaró “que todos los hombres son creados iguales” se demoró un siglo para abolir la esclavitud y prácticamente exterminó a las comunidades indígenas autóctonas. Esa misma nación, segregó y discriminó durante cien años más a las comunidades negras y ha participado como actor y protagonista en casi todas las guerras y conflictos mundiales en el último siglo y medio.
La imagen de la Estatua de la Libertad, emblema de la Unión Americana y la cual acogió bajo su abrigo a millones de inmigrantes de todo el mundo, resulta bastante maltratada, cuando manifestantes ultraconservadores se oponen a la construcción de una mezquita en pleno centro de Manhattan y cuando un pastor cristiano bautista de la Florida invita a quemar ejemplares del Corán, como desagravio por los atentados terroristas del 11 de septiembre, hace 9 años.
Y más grave aún, cuando la Casa Blanca, en lugar de rechazar la violación a la libertad religiosa y defender los derechos de las comunidades islámicas residentes de ese país, considera que “la amenaza de una iglesia cristiana en la Florida de quemar copias del Corán podría poner en peligro a las tropas estadounidenses en el extranjero” ya que “las imágenes del Corán quemándose serán usadas por grupos extremistas para incitar a actos violentos”.
Cruzando el Oceáno Atlántico el panorama tampoco es muy estimulante. En Francia, donde en 1789 se firmó la Declaración de los Derechos del Hombre, que sentencia: "Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos", y define las libertades de opinión, de prensa y de conciencia, el presidente Nicolas Sarkozy ordenó la expulsión de un millar de personas, de la etnia gitana, hacia Rumania y Bulgaria.
El país galo, que creció con la consigna de defender a toda costa la “libertad, la solidaridad y la fraternidad” de los ciudadanos, prepara una reforma legal que permita expulsar a los extranjeros en situación migratoria irregular y que planteen una "amenaza para el orden público”, que no tengan trabajo o que abusen “del derecho de libre circulación". Bastante difícil será evaluar quién y cómo abusa de dicho derecho.
Al paso que vamos, los que fueran referentes occidentales de democracia, libertad y respeto por la dignidad humana, se convertirán sólo en la añoranza de unos pocos y, como las ruinas del Coliseo Romano, en un atractivo -pero en desuso- gancho publicitario de las guías turísticas de Estados Unidos y Francia.
¿Al operador quién lo ronda?
Por Juan Antonio Ruiz Romero, septiembre 2 de 2010
Sin duda uno de los temas más interesantes para escribir y opinar cada año es el de las fiestas aniversarias de la ciudad.
El editorial del domingo de LA TARDE se me anticipó en algunos de esos puntos: “Las denominadas fiestas estuvieron desordenadas, excesivamente ruidosas y se centraron en el consumo de alcohol y no en la expresión de la llamada pereiranidad”.
“Fue evidente la desorganización de la empresa contratada para la realización de los diferentes eventos, muchos de los cuales fueron cancelados a última hora”.
“Salvo la presencia de un programa de la televisión nacional, que se realizó en Ciudad Victoria, las fiestas sólo fueron conocidas y referenciadas por los medios locales. Muy pocos colombianos supieron que aquí estaba pasando algo llamado fiestas de la cosecha, para celebrar nuestra cultura. Si se miden las fiestas por el número de borrachos que hubo en las calles, por el cierre de vías y por las horas perdidas de sueño, hay que decir que fueron un éxito.”
Para no volver sobre lo mismo, quisiera profundizar sobre algunos aspectos, quizás no tan públicos, pero que marcaron también la celebración. La contratación de un operador privado para que comercializara las fiestas fue un auténtico fiasco. Los únicos patrocinadores no oficiales fueron Bavaria, el distribuidor de Licores de Antioquia y Carrefour, o sea los mismos que han estado vinculados en los últimos años.
Se le apostó buena parte del esfuerzo promocional a eventos que fracasaron: Al Showbol solo fueron 600 personas. En la Carpa Cabaret, el primer día los asistentes se quedaron esperando la presentación de Hebert Vargas. Luego que no busquen otras explicaciones para la cancelación de las presentaciones de Pastor López y el Cuarteto Imperial. La corrida de toros, por la fecha, estaba condenada de antemano.
Ante la quiebra de Carpa Cabaret, el municipio tuvo que asumir los 110 millones de pesos de los costos del concierto de Willie Colón, tal vez el evento cumbre de las fiestas. Ni siquiera la lluvia espantó a los seguidores del salsero. Eso sí, los asistentes a la Plaza Cívica se dieron cuenta y pudieron diferenciar, en vivo y en directo, quién sabe cantar y quién, sin ser buen músico, es exitoso tarareando música popular.
Ojalá que la capacidad, talento y humildad demostrados por Willie Colón ante las 20 mil personas que desbordaron la Plaza Cívica fuera aprendido por otros personajes. El farandulero Padre Chucho, como si fuera una estrella del Hollywood celestial, exigió una escolta de 12 miembros de la Policía nacional. Ni que hubiera venido a Pereira a reunirse con el secretariado de las Farc. Y es que en eso, a los organizadores de las Fiestas y a la Policía se les fue la mano: el domingo 22 de agosto, recibieron a Jota Mario Valencia y a sus compañeros de Muy Buenos Días, como si fueran jefes de Estado y los trasladaron al hotel con escoltas motorizados.
Si la precaria labor adelantada por “el comercializador de las fiestas”, fue recibir los dineros del Instituto de Cultura, las secretarías de despacho y las empresas de servicios, el mismo municipio podía efectuar dicha tarea. ¿O sería que deseaban eludir la acción de los organismos de control sobre el destino final de esos dineros públicos?
Sin duda uno de los temas más interesantes para escribir y opinar cada año es el de las fiestas aniversarias de la ciudad.
El editorial del domingo de LA TARDE se me anticipó en algunos de esos puntos: “Las denominadas fiestas estuvieron desordenadas, excesivamente ruidosas y se centraron en el consumo de alcohol y no en la expresión de la llamada pereiranidad”.
“Fue evidente la desorganización de la empresa contratada para la realización de los diferentes eventos, muchos de los cuales fueron cancelados a última hora”.
“Salvo la presencia de un programa de la televisión nacional, que se realizó en Ciudad Victoria, las fiestas sólo fueron conocidas y referenciadas por los medios locales. Muy pocos colombianos supieron que aquí estaba pasando algo llamado fiestas de la cosecha, para celebrar nuestra cultura. Si se miden las fiestas por el número de borrachos que hubo en las calles, por el cierre de vías y por las horas perdidas de sueño, hay que decir que fueron un éxito.”
Para no volver sobre lo mismo, quisiera profundizar sobre algunos aspectos, quizás no tan públicos, pero que marcaron también la celebración. La contratación de un operador privado para que comercializara las fiestas fue un auténtico fiasco. Los únicos patrocinadores no oficiales fueron Bavaria, el distribuidor de Licores de Antioquia y Carrefour, o sea los mismos que han estado vinculados en los últimos años.
Se le apostó buena parte del esfuerzo promocional a eventos que fracasaron: Al Showbol solo fueron 600 personas. En la Carpa Cabaret, el primer día los asistentes se quedaron esperando la presentación de Hebert Vargas. Luego que no busquen otras explicaciones para la cancelación de las presentaciones de Pastor López y el Cuarteto Imperial. La corrida de toros, por la fecha, estaba condenada de antemano.
Ante la quiebra de Carpa Cabaret, el municipio tuvo que asumir los 110 millones de pesos de los costos del concierto de Willie Colón, tal vez el evento cumbre de las fiestas. Ni siquiera la lluvia espantó a los seguidores del salsero. Eso sí, los asistentes a la Plaza Cívica se dieron cuenta y pudieron diferenciar, en vivo y en directo, quién sabe cantar y quién, sin ser buen músico, es exitoso tarareando música popular.
Ojalá que la capacidad, talento y humildad demostrados por Willie Colón ante las 20 mil personas que desbordaron la Plaza Cívica fuera aprendido por otros personajes. El farandulero Padre Chucho, como si fuera una estrella del Hollywood celestial, exigió una escolta de 12 miembros de la Policía nacional. Ni que hubiera venido a Pereira a reunirse con el secretariado de las Farc. Y es que en eso, a los organizadores de las Fiestas y a la Policía se les fue la mano: el domingo 22 de agosto, recibieron a Jota Mario Valencia y a sus compañeros de Muy Buenos Días, como si fueran jefes de Estado y los trasladaron al hotel con escoltas motorizados.
Si la precaria labor adelantada por “el comercializador de las fiestas”, fue recibir los dineros del Instituto de Cultura, las secretarías de despacho y las empresas de servicios, el mismo municipio podía efectuar dicha tarea. ¿O sería que deseaban eludir la acción de los organismos de control sobre el destino final de esos dineros públicos?
De microtráfico y miopías
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 26 de agosto 2010
Desde mediados de la década de los 80, el director de noticias de Caracol Pereira Herney Ocampo Cardona acuñó una frase, que repite con cierta periodicidad y sigue vigente hoy en día: “Dosquebradas es una bomba social”.
En su corta historia, el que fuera un corregimiento de Santa Rosa de Cabal ha tenido un accidentado camino. Desde la misma aprobación de la ordenanza que le dio vida administrativa -según reconoció uno de los promotores- las irregularidades han marcado el sino de Dosquebradas.
Un municipio que- también en concepto del doctor Herney- estuvo más de 20 años “ en obra negra”. Un territorio, sin ningún tipo de planificación urbana, que fue creciendo en forma desordenada y caótica, a lo largo de la Avenida Simón Bolívar.
Sucesivos gobernantes, que con alguna honrosa excepción, se caracterizaron por su falta de preparación y mediocridad. Alcaldes que solo demostraron capacidad de administrar para sus amigos y de beneficiarse con los dineros públicos.
Con los millones de pesos que se destinaron a lo largo de muchos años para el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de Dosquebradas, se habría podido dotar de agua potable a los demás municipios de Risaralda, diferentes a Pereira. Y del manejo de dichos recursos, nadie rindió cuentas.
Dosquebradas, a lo largo de su historia, se ha manejado a la ligera. Con unos concejales, que cobraban sesiones a las que nunca asistieron y que, aunque fueron destituidos por la Procuraduría y suspendidos para ejercer cargos públicos, regresan triunfales, como si nada, para seguir explotando las arcas municipales.
Por eso, no debe extrañar la compleja situación de zozobra e inseguridad que se está viviendo en varios sectores de Dosquebradas -similar a los que ocurre en sitios de Pereira, Santa Rosa de Cabal y La Virginia-, en donde la presencia de organizaciones delictivas, vinculadas al microtráfico de drogas y a la extorsión, han ocasionado enfrentamientos armados y la muerte de numerosas personas.
Ante los hechos violentos ocurridos en julio pasado en el barrio Buenos Aires, la administración municipal se demoró 11 días para convocar un Consejo Extraordinario de Seguridad. El martes en la noche, hecho similares sacudieron a los barrios Las Violetas y El Japón, dejando un saldo de tres muertos y cuatro heridos.
El gobierno dosquebradense habla de ampliación del pie de fuerza policial, de indagación sobre los responsables de los crímenes, de resocialización de pandilleros, de centros de Convivencia, de plan Desarme en los colegios, de mantener la restricción del parrillero para las motocicletas. Pero se le olvida lo básico: la intervención social.
El problema radica en la miopía y falta de grandeza de un gobierno, como el de Luz Ensueño Betancur, el cual considera que pierde autonomía y capacidad de acción si trabaja de la mano con los alcaldes del Área Metropolitana y la Gobernación.
Sin duda, la alcaldesa de Dosquebradas tiene ojos bonitos, pero le falta visión.
Desde mediados de la década de los 80, el director de noticias de Caracol Pereira Herney Ocampo Cardona acuñó una frase, que repite con cierta periodicidad y sigue vigente hoy en día: “Dosquebradas es una bomba social”.
En su corta historia, el que fuera un corregimiento de Santa Rosa de Cabal ha tenido un accidentado camino. Desde la misma aprobación de la ordenanza que le dio vida administrativa -según reconoció uno de los promotores- las irregularidades han marcado el sino de Dosquebradas.
Un municipio que- también en concepto del doctor Herney- estuvo más de 20 años “ en obra negra”. Un territorio, sin ningún tipo de planificación urbana, que fue creciendo en forma desordenada y caótica, a lo largo de la Avenida Simón Bolívar.
Sucesivos gobernantes, que con alguna honrosa excepción, se caracterizaron por su falta de preparación y mediocridad. Alcaldes que solo demostraron capacidad de administrar para sus amigos y de beneficiarse con los dineros públicos.
Con los millones de pesos que se destinaron a lo largo de muchos años para el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de Dosquebradas, se habría podido dotar de agua potable a los demás municipios de Risaralda, diferentes a Pereira. Y del manejo de dichos recursos, nadie rindió cuentas.
Dosquebradas, a lo largo de su historia, se ha manejado a la ligera. Con unos concejales, que cobraban sesiones a las que nunca asistieron y que, aunque fueron destituidos por la Procuraduría y suspendidos para ejercer cargos públicos, regresan triunfales, como si nada, para seguir explotando las arcas municipales.
Por eso, no debe extrañar la compleja situación de zozobra e inseguridad que se está viviendo en varios sectores de Dosquebradas -similar a los que ocurre en sitios de Pereira, Santa Rosa de Cabal y La Virginia-, en donde la presencia de organizaciones delictivas, vinculadas al microtráfico de drogas y a la extorsión, han ocasionado enfrentamientos armados y la muerte de numerosas personas.
Ante los hechos violentos ocurridos en julio pasado en el barrio Buenos Aires, la administración municipal se demoró 11 días para convocar un Consejo Extraordinario de Seguridad. El martes en la noche, hecho similares sacudieron a los barrios Las Violetas y El Japón, dejando un saldo de tres muertos y cuatro heridos.
El gobierno dosquebradense habla de ampliación del pie de fuerza policial, de indagación sobre los responsables de los crímenes, de resocialización de pandilleros, de centros de Convivencia, de plan Desarme en los colegios, de mantener la restricción del parrillero para las motocicletas. Pero se le olvida lo básico: la intervención social.
El problema radica en la miopía y falta de grandeza de un gobierno, como el de Luz Ensueño Betancur, el cual considera que pierde autonomía y capacidad de acción si trabaja de la mano con los alcaldes del Área Metropolitana y la Gobernación.
Sin duda, la alcaldesa de Dosquebradas tiene ojos bonitos, pero le falta visión.
miércoles, 18 de agosto de 2010
El estrés post-vacaciones
Por Juan Antonio Ruiz Romero, agosto 12 de 2010
Tienen razón quienes aseguran que las vacaciones son, ante todo, un ejercicio de salud mental. Esos mismos personajes indican que no hay ningún dinero que pague el merecido descanso de un ser humano y cuestionan la costumbre de aquellos que prefieren las vacaciones en dinero, para atender deudas y compromisos. Y aunque se deben respetar las razones de cada uno, no hay nada como ese tiempo para usted mismo.
Durante el periodo vacacional no hay horarios ni relojes ni rutinas. Usted se levanta, y se acuesta, a su antojo. Se puede actualizar con los libros y música, que tenía pendiente. Sale con su pareja, su familia y amigos, sin estar pendiente de la hora del noticiero, de los titulares de prensa ni de los hechos de última hora. Con el respeto de mis colegas, las vacaciones son un tiempo estupendo para desconectarse de las noticias. Lo importante no es el último nombramiento o que dijo o que hizo Chávez, sino el estado del tiempo, para programar el día: en casa o al aire libre.
El problema más complejo reside en escoger a cuál de los estrenos cinematográficos se debe asistir o si lo más conveniente es volver a ver esa película inolvidable, que llevamos guardada en los estantes de la memoria y el corazón.
Hay otro componente que parece menor, pero que diferencia las vacaciones de cualquier otro momento del año. Allí no hay dietas, ni hábitos de comida saludable. Es cómo “alzarse la bata” en materia alimenticia. Usted puede comer frituras, harinas, tortas, postres y helados, sin ninguna clase de remordimientos, ni los pesados cargos de conciencia que nos muestra la balanza.
Después de ser puntuales, rigurosos, exigentes y dedicados durante las 50 semanas restantes del año, durante la temporada vacacional disfrutamos de una especie de irresponsabilidad paga. No hay citas, reuniones interminables ni invitaciones por compromiso. Solo la absoluta plenitud que ofrecen una hamaca, una mecedora o un colchón inflable dentro de una piscina.
Además, sino uno sale de la ciudad, parece que esa relación, a veces tirante, a veces difícil con nuestro entorno, se suavizara y regresáramos con ojos enamorados. La bulla, el desorden vial, la congestión de las calles, se convierten, con una mirada afectuosa, en parte de nuestra acogedora -aunque caótica- identidad. Eso sí, el encanto se desvanece con el paso de los días y una semana después, la refrescante catarsis mental de las vacaciones, queda sepultada por las avalanchas de la cotidianidad.
Por eso, presento excusas esta semana a mis lectores, pero es que sentía la necesidad de escribir una columna de transición, que me permitiera, aunque fuera de a poquitos, reconectarme con el día a día, ya que me siento incapaz de asumir, de un solo tirón, los ires y venires de nuestra realidad. Tal vez estoy agotado, susceptible, impactado. O quizás estoy cansado y mi cuerpo me exige unas vacaciones.
Tienen razón quienes aseguran que las vacaciones son, ante todo, un ejercicio de salud mental. Esos mismos personajes indican que no hay ningún dinero que pague el merecido descanso de un ser humano y cuestionan la costumbre de aquellos que prefieren las vacaciones en dinero, para atender deudas y compromisos. Y aunque se deben respetar las razones de cada uno, no hay nada como ese tiempo para usted mismo.
Durante el periodo vacacional no hay horarios ni relojes ni rutinas. Usted se levanta, y se acuesta, a su antojo. Se puede actualizar con los libros y música, que tenía pendiente. Sale con su pareja, su familia y amigos, sin estar pendiente de la hora del noticiero, de los titulares de prensa ni de los hechos de última hora. Con el respeto de mis colegas, las vacaciones son un tiempo estupendo para desconectarse de las noticias. Lo importante no es el último nombramiento o que dijo o que hizo Chávez, sino el estado del tiempo, para programar el día: en casa o al aire libre.
El problema más complejo reside en escoger a cuál de los estrenos cinematográficos se debe asistir o si lo más conveniente es volver a ver esa película inolvidable, que llevamos guardada en los estantes de la memoria y el corazón.
Hay otro componente que parece menor, pero que diferencia las vacaciones de cualquier otro momento del año. Allí no hay dietas, ni hábitos de comida saludable. Es cómo “alzarse la bata” en materia alimenticia. Usted puede comer frituras, harinas, tortas, postres y helados, sin ninguna clase de remordimientos, ni los pesados cargos de conciencia que nos muestra la balanza.
Después de ser puntuales, rigurosos, exigentes y dedicados durante las 50 semanas restantes del año, durante la temporada vacacional disfrutamos de una especie de irresponsabilidad paga. No hay citas, reuniones interminables ni invitaciones por compromiso. Solo la absoluta plenitud que ofrecen una hamaca, una mecedora o un colchón inflable dentro de una piscina.
Además, sino uno sale de la ciudad, parece que esa relación, a veces tirante, a veces difícil con nuestro entorno, se suavizara y regresáramos con ojos enamorados. La bulla, el desorden vial, la congestión de las calles, se convierten, con una mirada afectuosa, en parte de nuestra acogedora -aunque caótica- identidad. Eso sí, el encanto se desvanece con el paso de los días y una semana después, la refrescante catarsis mental de las vacaciones, queda sepultada por las avalanchas de la cotidianidad.
Por eso, presento excusas esta semana a mis lectores, pero es que sentía la necesidad de escribir una columna de transición, que me permitiera, aunque fuera de a poquitos, reconectarme con el día a día, ya que me siento incapaz de asumir, de un solo tirón, los ires y venires de nuestra realidad. Tal vez estoy agotado, susceptible, impactado. O quizás estoy cansado y mi cuerpo me exige unas vacaciones.
domingo, 11 de julio de 2010
Las lecciones de Suráfrica
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 8 de julio de 2010
Después de seguir durante un mes, a veces por gusto, a veces por obligación, el desarrollo del Mundial de Suráfrica 2010, quedan sin duda numerosos aprendizajes, tanto para los fanáticos del fútbol como para los demás ciudadanos.
El primero de ellos es la demostración de la importancia de pensar en grande y de atreverse. Suráfrica lo hizo y no solo para el evento futbolero. Más allá de la adecuación de los estadios y del monumental Centro Internacional de Prensa, la Copa Mundo fue la excusa apropiada para la construcción y mejoramiento de infraestructura aeroportuaria, férrea, vial, de transporte masivo, telecomunicaciones, servicios públicos y hasta para la implementación de un nuevo sistema de “justicia express”, basado en la oralidad y que busca una mayor eficiencia y eficacia del aparato judicial.
Parece increíble, pero como resultado del “apartheid”, en pleno siglo XXI, Suráfrica era una nación en donde no existía un Sistema de Transporte Masivo. Los blancos, en su gran mayoría, contaban con vehículo propio, lo mismo que los mestizos con mayores ingresos. Para el resto de surafricanos, que son el 79% de la población y en su mayoría negros, existían microbuses bastante precarios, manejados por una mafia que no quería ceder el control del negocio.
Uno de los retos que asumió el presidente Nelson Mandela para recomponer la unidad nacional y convertir a Suráfrica en “el país del arco iris”, donde hubiera espacio y derechos para todos, fue el diseño y construcción de un Sistema Integrado de transporte, que uniera los servicios de Tren de Alta velocidad, con buses por carril exclusivo, similares a Trasmilenio y Megabús.
En esos escenarios de la cotidianidad; en deportes como el rugby y el fútbol; y con las políticas de Verdad y Reconciliación, Suráfrica avanza en un complejo proceso de reorganización social, en donde todavía hay altos índices de pobreza, inseguridad y profundas desigualdades, ya que el 80% de la tierra productiva está en manos de las minorías blancas.
Otra de las enseñanzas que deja Suráfrica 2010, es la importancia de planificar, pensar y actuar en equipo. Desde la primera ronda del torneo futbolero fueron quedando eliminadas las selecciones que le apostaron al talento, la sorpresa y la capacidad de las individualidades. Uruguay, Holanda, Alemania y España llegaron hasta la ronda de definiciones porque lograron cohesionar una estructura colectiva, en donde las calidades e inspiración personal son para el beneficio conjunto y no para el brillo de una sola persona.
Y una última lección. Los británicos, con miras a los Juegos Olímpicos de 2012, ya prohibieron las ruidosas “vuvuzelas” de Suráfrica, por el daño auditivo que causan.
Nosotros, en Pereira y en Colombia, debemos adoptar un acuerdo municipal, avalado
por la alcaldía, la Secretaría de Salud y el Instituto de Audiología, en donde basados en los niveles de contaminación auditiva de esas cornetas se adopte una restricción similar.
No quisiera imaginarme que en el Mundial de Fútbol Sub 20 del año entrante en Colombia, lo único que podamos copiarle a los surafricanos sea su estruendosa forma de asistir a los estadios.
Después de seguir durante un mes, a veces por gusto, a veces por obligación, el desarrollo del Mundial de Suráfrica 2010, quedan sin duda numerosos aprendizajes, tanto para los fanáticos del fútbol como para los demás ciudadanos.
El primero de ellos es la demostración de la importancia de pensar en grande y de atreverse. Suráfrica lo hizo y no solo para el evento futbolero. Más allá de la adecuación de los estadios y del monumental Centro Internacional de Prensa, la Copa Mundo fue la excusa apropiada para la construcción y mejoramiento de infraestructura aeroportuaria, férrea, vial, de transporte masivo, telecomunicaciones, servicios públicos y hasta para la implementación de un nuevo sistema de “justicia express”, basado en la oralidad y que busca una mayor eficiencia y eficacia del aparato judicial.
Parece increíble, pero como resultado del “apartheid”, en pleno siglo XXI, Suráfrica era una nación en donde no existía un Sistema de Transporte Masivo. Los blancos, en su gran mayoría, contaban con vehículo propio, lo mismo que los mestizos con mayores ingresos. Para el resto de surafricanos, que son el 79% de la población y en su mayoría negros, existían microbuses bastante precarios, manejados por una mafia que no quería ceder el control del negocio.
Uno de los retos que asumió el presidente Nelson Mandela para recomponer la unidad nacional y convertir a Suráfrica en “el país del arco iris”, donde hubiera espacio y derechos para todos, fue el diseño y construcción de un Sistema Integrado de transporte, que uniera los servicios de Tren de Alta velocidad, con buses por carril exclusivo, similares a Trasmilenio y Megabús.
En esos escenarios de la cotidianidad; en deportes como el rugby y el fútbol; y con las políticas de Verdad y Reconciliación, Suráfrica avanza en un complejo proceso de reorganización social, en donde todavía hay altos índices de pobreza, inseguridad y profundas desigualdades, ya que el 80% de la tierra productiva está en manos de las minorías blancas.
Otra de las enseñanzas que deja Suráfrica 2010, es la importancia de planificar, pensar y actuar en equipo. Desde la primera ronda del torneo futbolero fueron quedando eliminadas las selecciones que le apostaron al talento, la sorpresa y la capacidad de las individualidades. Uruguay, Holanda, Alemania y España llegaron hasta la ronda de definiciones porque lograron cohesionar una estructura colectiva, en donde las calidades e inspiración personal son para el beneficio conjunto y no para el brillo de una sola persona.
Y una última lección. Los británicos, con miras a los Juegos Olímpicos de 2012, ya prohibieron las ruidosas “vuvuzelas” de Suráfrica, por el daño auditivo que causan.
Nosotros, en Pereira y en Colombia, debemos adoptar un acuerdo municipal, avalado
por la alcaldía, la Secretaría de Salud y el Instituto de Audiología, en donde basados en los niveles de contaminación auditiva de esas cornetas se adopte una restricción similar.
No quisiera imaginarme que en el Mundial de Fútbol Sub 20 del año entrante en Colombia, lo único que podamos copiarle a los surafricanos sea su estruendosa forma de asistir a los estadios.
Los enroques de Israel
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 1 de julio de 2010
Cada gobernante tiene su estilo. Eso hay que tratar de entenderlo y respetarlo. Lo que pasa es que, a veces, los mandatarios son tercos y les brindan el respaldo a personas que no dan la talla para desempeñar un puesto.
Los casos de los Ministros de Protección Social Diego Palacio y de Transporte Andrés Uriel Gallego son contundentes. A pesar de su incompetencia manifiesta, de los problemas irresolutos en sus carteras y su displicencia frente a la crítica, el presidente Uribe se la jugó con ellos, a pesar de que restaban más que sumaban a la imagen del gobierno nacional.
En Pereira sucede algo similar. A pesar del consenso sobre la debilidad y evidentes carencias del equipo de colaboradores inmediatos del alcalde Israel Londoño, el jefe del gobierno municipal ha desaprovechado sucesivas oportunidades para conseguir un gabinete más competente y efectivo.
Como si fuera un ajedrecista de trayectoria, el alcalde Israel nos ha demostrado en dos años y medio de gestión, su habilidad para hacer enroques y, a la vez, un gran temor de efectuar cambios estructurales. En su ánimo de tener contentos a todos, en especial a sus socios y aliados políticos, el mandatario cree, a ciegas, que quien no sirvió en un cargo, puede, por obra y gracia del Espíritu Santo, “hacer el oficio” en otro.
En treinta meses, los cambios más trascendentales en la administración municipal son el paso de un gris secretario de Gobierno como Jhon Diego Molina a la Asesoría privada; del Asesor Privado Omar Alonso Toro a Gobierno; el cambio de Jairo Ordilio Torres de la Secretaría de Hacienda a Planeación; de la Secretaría Jurídica Liliana Valencia a la gerencia de Multiservicios; del comando de Bomberos a la Dirección operativa de Control Físico y viceversa y, según se dice en octubre próximo, el enroque largo: la designación de Diana Milena Pulgarín, quien fuera asesora privada y hoy gerente del Aeropuerto, en la gerencia de Aguas y Aguas.
Los enroques, que se hacen con el beneplácito de los jefes políticos, también incluyen cambios en doble vía de funcionarios del gobierno municipal al departamental.
Aunque desde hace varias semanas se habla de la necesidad de ajustes en el equipo del alcalde para emprender la recta final de su mandato, todo parece indicar que, como en las anteriores ocasiones, los cambios de estos días serán cosméticos y los aspirantes a la alcaldía y al Concejo que trabajan en la administración van a seguir devengando hasta octubre y aprovechando su cargo para beneficio electoral.
Con esas decisiones, el alcalde no tiene mayor capacidad de maniobra ni de exigir demasiados resultados. Su margen de operación es bastante estrecho. Tal parece que aplica el viejo adagio “Preferir malo conocido (desde que tenga buen respaldo político) a bueno por conocer”.
Cada gobernante tiene su estilo. Eso hay que tratar de entenderlo y respetarlo. Lo que pasa es que, a veces, los mandatarios son tercos y les brindan el respaldo a personas que no dan la talla para desempeñar un puesto.
Los casos de los Ministros de Protección Social Diego Palacio y de Transporte Andrés Uriel Gallego son contundentes. A pesar de su incompetencia manifiesta, de los problemas irresolutos en sus carteras y su displicencia frente a la crítica, el presidente Uribe se la jugó con ellos, a pesar de que restaban más que sumaban a la imagen del gobierno nacional.
En Pereira sucede algo similar. A pesar del consenso sobre la debilidad y evidentes carencias del equipo de colaboradores inmediatos del alcalde Israel Londoño, el jefe del gobierno municipal ha desaprovechado sucesivas oportunidades para conseguir un gabinete más competente y efectivo.
Como si fuera un ajedrecista de trayectoria, el alcalde Israel nos ha demostrado en dos años y medio de gestión, su habilidad para hacer enroques y, a la vez, un gran temor de efectuar cambios estructurales. En su ánimo de tener contentos a todos, en especial a sus socios y aliados políticos, el mandatario cree, a ciegas, que quien no sirvió en un cargo, puede, por obra y gracia del Espíritu Santo, “hacer el oficio” en otro.
En treinta meses, los cambios más trascendentales en la administración municipal son el paso de un gris secretario de Gobierno como Jhon Diego Molina a la Asesoría privada; del Asesor Privado Omar Alonso Toro a Gobierno; el cambio de Jairo Ordilio Torres de la Secretaría de Hacienda a Planeación; de la Secretaría Jurídica Liliana Valencia a la gerencia de Multiservicios; del comando de Bomberos a la Dirección operativa de Control Físico y viceversa y, según se dice en octubre próximo, el enroque largo: la designación de Diana Milena Pulgarín, quien fuera asesora privada y hoy gerente del Aeropuerto, en la gerencia de Aguas y Aguas.
Los enroques, que se hacen con el beneplácito de los jefes políticos, también incluyen cambios en doble vía de funcionarios del gobierno municipal al departamental.
Aunque desde hace varias semanas se habla de la necesidad de ajustes en el equipo del alcalde para emprender la recta final de su mandato, todo parece indicar que, como en las anteriores ocasiones, los cambios de estos días serán cosméticos y los aspirantes a la alcaldía y al Concejo que trabajan en la administración van a seguir devengando hasta octubre y aprovechando su cargo para beneficio electoral.
Con esas decisiones, el alcalde no tiene mayor capacidad de maniobra ni de exigir demasiados resultados. Su margen de operación es bastante estrecho. Tal parece que aplica el viejo adagio “Preferir malo conocido (desde que tenga buen respaldo político) a bueno por conocer”.
El difícil camino para ser un ex
Por Juan Antonio Ruiz Romero, 24 de junio de 2010
Con ese trazo demoledor que tienen los caricaturistas, Matador aseguraba hace unos días que el mal genio y las actitudes destempladas del señor presidente Uribe con la Corte Suprema, los jueces, el ex presidente Gaviria, la oposición, en fin, con quienes no considera uribistas, eran porque se le estaba acabando el periodo.
A los colombianos nos queda difícil imaginarnos que va a ser del ilustre mandatario, cuando en agosto próximo, no sea el centro de atención, de aplausos, de reconocimiento o de crítica, y los focos se trasladen hacia su sucesor.
Durante la reciente campaña fue evidente que el mandatario titular hasta el 7 de agosto, se resistió a quedar desplazado por quienes aspiraban a la Casa de Nariño. Con sus distintas declaraciones, sus mensajes de Twiter, la parábola de la gallinita y los huevitos y las reuniones con la bancada de gobierno, Uribe quería seguir siendo protagonista activo, aún a costa de transgredir la Constitución, en la cual se prohíbe al presidente, como símbolo de unidad nacional, participar en política a favor de un candidato o de un partido.
Quizás, como alguna vez lo confesó el señor presidente saliente: “ a veces se nos sale el gamín que todos llevamos dentro”.
Incluso, ante los cuestionamientos surgidos desde distintos sectores académicos, políticos y en medios informativos por el desafiante comportamiento del primer mandatario en la campaña política, Uribe tuvo la respuesta: "Siempre es mejor decir las cosas de frente y enfrentar los problemas de fondo, que darse palmaditas de hipocresía".
Y ante la aseveración del ex presidente César Gaviria según la cual confía que “el Gobierno de Unidad Nacional no solo significará el fin de la polarización sino que el nuevo presidente, recogerá algunas de nuestras banderas de estricto respeto por los derechos humanos, de respeto al poder judicial, descentralización y de uso de la inteligencia del estado solo para perseguir a los criminales", el Jefe del Estado, cual boxeador acosado, ripostó: “la polarización es un invento de los enemigos de la seguridad democrática”.
Como dice el analista y politólogo chileno Luis Oro Tapia:“No faltan los adjetivos para calificar los placeres que suscita el ejercicio del poder. Algunos sostienen que tiene algo de adictivo. No solamente por el deleite que genera, sino que también por las distorsiones que produce en la percepción de la realidad. Es un hecho que el poderoso en su momento de éxtasis se eleva por sobre el orden establecido y desafía las convenciones. Pero como todo deleite el del poderoso también es breve, a pesar de sus promesas de eternidad”.
Por ello, nadie cree que Uribe "El 7 de agosto, regrese al bello oficio de simple ciudadano de Colombia…”. El hombre del pulso firme y el corazón grande, estoy seguro que no se resignará a ser solo un ex.
Con ese trazo demoledor que tienen los caricaturistas, Matador aseguraba hace unos días que el mal genio y las actitudes destempladas del señor presidente Uribe con la Corte Suprema, los jueces, el ex presidente Gaviria, la oposición, en fin, con quienes no considera uribistas, eran porque se le estaba acabando el periodo.
A los colombianos nos queda difícil imaginarnos que va a ser del ilustre mandatario, cuando en agosto próximo, no sea el centro de atención, de aplausos, de reconocimiento o de crítica, y los focos se trasladen hacia su sucesor.
Durante la reciente campaña fue evidente que el mandatario titular hasta el 7 de agosto, se resistió a quedar desplazado por quienes aspiraban a la Casa de Nariño. Con sus distintas declaraciones, sus mensajes de Twiter, la parábola de la gallinita y los huevitos y las reuniones con la bancada de gobierno, Uribe quería seguir siendo protagonista activo, aún a costa de transgredir la Constitución, en la cual se prohíbe al presidente, como símbolo de unidad nacional, participar en política a favor de un candidato o de un partido.
Quizás, como alguna vez lo confesó el señor presidente saliente: “ a veces se nos sale el gamín que todos llevamos dentro”.
Incluso, ante los cuestionamientos surgidos desde distintos sectores académicos, políticos y en medios informativos por el desafiante comportamiento del primer mandatario en la campaña política, Uribe tuvo la respuesta: "Siempre es mejor decir las cosas de frente y enfrentar los problemas de fondo, que darse palmaditas de hipocresía".
Y ante la aseveración del ex presidente César Gaviria según la cual confía que “el Gobierno de Unidad Nacional no solo significará el fin de la polarización sino que el nuevo presidente, recogerá algunas de nuestras banderas de estricto respeto por los derechos humanos, de respeto al poder judicial, descentralización y de uso de la inteligencia del estado solo para perseguir a los criminales", el Jefe del Estado, cual boxeador acosado, ripostó: “la polarización es un invento de los enemigos de la seguridad democrática”.
Como dice el analista y politólogo chileno Luis Oro Tapia:“No faltan los adjetivos para calificar los placeres que suscita el ejercicio del poder. Algunos sostienen que tiene algo de adictivo. No solamente por el deleite que genera, sino que también por las distorsiones que produce en la percepción de la realidad. Es un hecho que el poderoso en su momento de éxtasis se eleva por sobre el orden establecido y desafía las convenciones. Pero como todo deleite el del poderoso también es breve, a pesar de sus promesas de eternidad”.
Por ello, nadie cree que Uribe "El 7 de agosto, regrese al bello oficio de simple ciudadano de Colombia…”. El hombre del pulso firme y el corazón grande, estoy seguro que no se resignará a ser solo un ex.
¿Quién será el camaleón?
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 17 de junio 2010.
Por segunda vez en los últimos 24 meses, las Fuerzas Especiales del Ejército colombiano consiguieron un contundente golpe de mano sobre la guerrilla de las Farc. En esta ocasión, tres oficiales de la Policía y un sargento del Ejército que llevaban casi 12 años como rehenes regresaron con sus familias y se sumaron a los 15 liberados en la Operación Jaque, en julio de 2008.
Me llamó mucho la atención el nombre escogido para esa exitosa acción militar: la Operación Camaleón. Es que en Colombia, además de la gran biodiversidad de reptiles, tenemos grandes camaleones en la política, en el gobierno, en el sector gremial, en los medios de comunicación.
Camaleones que cambian de color y se mimetizan de acuerdo con el entorno y las circunstancias. De esos que, un día, dicen que respetan y acatan las decisiones de los jueces y magistrados y al otro, salen en alocución radiotelevisada, escoltados por el ministro de Defensa y los comandantes de las Fuerzas Militares, en declaraciones que son un abierto desafío a las decisiones de la autoridad judicial.
Camaleones que, según se mueva la opinión de los colombianos en las encuestas, pueden terminar designando como “Gestora de Paz” a una persona como la jefe guerrillera Karina, responsable de delitos de lesa humanidad en los territorios de Caldas y Antioquia y dejando en libertad, a cambio de nada, al denominado canciller de las Farc Rodrigo Granda.
Camaleones que privilegian a los victimarios sobre las víctimas del paramilitarismo y que al extraditarlos a los Estados Unidos, consideran más graves los cargos de narcotráfico y concierto para delinquir, que las masacres y el desplazamiento forzado en nuestro territorio.
Camaleones que como el vicepresidente Francisco Santos, en su reciente visita a Pereira, dan por cerrado el doloroso capítulo de los “falsos positivos”; mientras que las familias de más de 2 mil jóvenes esperan que se juzgue y castigue a los responsables, muchos de los cuales aún están libres por vencimiento de términos.
Camaleones azules, rojos, verdes y anaranjados, como el ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, quién insiste en que para la reactivación del agro, los recursos del estado deben ser para los grandes terratenientes, contribuyentes de la campaña uribista, y no para los grupos asociativos, cooperativas de productores y pequeños campesinos.
Camaleones que fueron elegidos congresistas por la parapolítica y desde la cárcel crearon el partido PIN para seguir manteniendo poder burocrático y contractual. Camaleones triunfalistas, de diversos orígenes y con todo tipo de antecedentes que llegaron a la campaña de Santos, luego de la amplia victoria en primera vuelta.
Camaleones liberales y conservadores que se arroparon bajo el cómodo y amplio paraguas de la Unidad Nacional, en lugar de trabajar por organizar, fortalecer y recuperar a esos partidos tradicionales para convertirlos de nuevo en una opción de poder.
Definitivamente, las Fuerzas Especiales nos recordaron que el camaleón está de moda.
Por segunda vez en los últimos 24 meses, las Fuerzas Especiales del Ejército colombiano consiguieron un contundente golpe de mano sobre la guerrilla de las Farc. En esta ocasión, tres oficiales de la Policía y un sargento del Ejército que llevaban casi 12 años como rehenes regresaron con sus familias y se sumaron a los 15 liberados en la Operación Jaque, en julio de 2008.
Me llamó mucho la atención el nombre escogido para esa exitosa acción militar: la Operación Camaleón. Es que en Colombia, además de la gran biodiversidad de reptiles, tenemos grandes camaleones en la política, en el gobierno, en el sector gremial, en los medios de comunicación.
Camaleones que cambian de color y se mimetizan de acuerdo con el entorno y las circunstancias. De esos que, un día, dicen que respetan y acatan las decisiones de los jueces y magistrados y al otro, salen en alocución radiotelevisada, escoltados por el ministro de Defensa y los comandantes de las Fuerzas Militares, en declaraciones que son un abierto desafío a las decisiones de la autoridad judicial.
Camaleones que, según se mueva la opinión de los colombianos en las encuestas, pueden terminar designando como “Gestora de Paz” a una persona como la jefe guerrillera Karina, responsable de delitos de lesa humanidad en los territorios de Caldas y Antioquia y dejando en libertad, a cambio de nada, al denominado canciller de las Farc Rodrigo Granda.
Camaleones que privilegian a los victimarios sobre las víctimas del paramilitarismo y que al extraditarlos a los Estados Unidos, consideran más graves los cargos de narcotráfico y concierto para delinquir, que las masacres y el desplazamiento forzado en nuestro territorio.
Camaleones que como el vicepresidente Francisco Santos, en su reciente visita a Pereira, dan por cerrado el doloroso capítulo de los “falsos positivos”; mientras que las familias de más de 2 mil jóvenes esperan que se juzgue y castigue a los responsables, muchos de los cuales aún están libres por vencimiento de términos.
Camaleones azules, rojos, verdes y anaranjados, como el ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, quién insiste en que para la reactivación del agro, los recursos del estado deben ser para los grandes terratenientes, contribuyentes de la campaña uribista, y no para los grupos asociativos, cooperativas de productores y pequeños campesinos.
Camaleones que fueron elegidos congresistas por la parapolítica y desde la cárcel crearon el partido PIN para seguir manteniendo poder burocrático y contractual. Camaleones triunfalistas, de diversos orígenes y con todo tipo de antecedentes que llegaron a la campaña de Santos, luego de la amplia victoria en primera vuelta.
Camaleones liberales y conservadores que se arroparon bajo el cómodo y amplio paraguas de la Unidad Nacional, en lugar de trabajar por organizar, fortalecer y recuperar a esos partidos tradicionales para convertirlos de nuevo en una opción de poder.
Definitivamente, las Fuerzas Especiales nos recordaron que el camaleón está de moda.
miércoles, 9 de junio de 2010
Los recursos públicos no son sagrados
Por Juan Antonio Ruiz Romero
La escena, sin lugar a duda, formará parte de la historia patria contemporánea. En uno de los salones de la Casa de Nariño, 170 congresistas de la bancada de gobierno y de recién llegados de otras fuerzas se reunieron con el presidente Uribe para celebrar la victoria del candidato oficial Juan Manuel Santos en la primera vuelta. El emocionado anfitrión los recibió con desayuno a todo dar. Lo que se les olvidó a todos, incluyendo al inquilino de Palacio, es que la cuenta por el servicio alimenticio prestado, no la pagaron el partido de La U., ni los congresistas, sino los contribuyentes colombianos.
Para ser más claros, una reunión política, a la cual por Constitución no podía participar el presidente de la República, fue celebrada en la misma casa de gobierno y la atención a los visitantes, todos santistas, fue pagada con recursos públicos. Y lo peor, nadie dijo nada. Fue tan evidente, tan directa, tan poco disimulada la participación del mandatario Álvaro Uribe en la campaña presidencial, que se consideró normal el balance de la votación con los congresistas, la invitación a cerrar filas para la segunda vuelta y el cargo del desayuno al Presupuesto Nacional.
Ese mensaje de parcialidad, de preferencia, de participación indebida en política del presidente, símbolo de la unidad nacional, termina generando un mensaje contradictorio de “todo vale”; del “poder es para poder” y “los recursos públicos son para beneficiar a los amigos, los socios políticos y los financiadores de las campañas”.
Es tan ligera, desequilibrada y manifiesta la forma como se manejan los dineros del Estado, son tan evidentes las mafias de los contratistas; las redes de concesionarios e intermediarios, que una campaña y un candidato tuvieron que recordarles a los ciudadanos que los recursos públicos son sagrados y que la buena inversión del presupuesto debe revertir en riqueza social.
Son tan poco sagrados los recursos públicos, que los gobernadores, alcaldes y funcionarios los terminan utilizando como cuota inicial para apuntalar sus futuras aspiraciones. Es habitual encontrar revistas, plegables, cuñas radiales y programas televisivos, en dónde el mandatario, por obra y gracia de sus asesores publicitarios, se convierte en la única imagen para mostrar del departamento o del municipio.
En el reciente informe de gestión de la Gobernación de Risaralda en 2009, el mandatario seccional Víctor Manuel Tamayo aparece en 43 fotografías; con lo cual supera ampliamente las 32 apariciones impresas del ex gobernador Carlos Alberto Botero, en su balance del 2007.
Son tan poco sagrados los recursos públicos que, por ejemplo en nuestra ciudad, la empresa Aguas y Aguas se gasta más de cinco millones de pesos, en un aviso publicitario de una página completa en el periódico, full color, con una foto de la gerente Maria Irma Noreña, para mostrar que “su compromiso con Pereira es transparente”.
Y son tan poco sagrados los recursos públicos que el ex secretario de gobierno de Pereira John Diego Molina, hoy asesor privado y precandidato a la alcaldía, utilizó el año pasado - para atender diferentes compromisos políticos- 400 millones de pesos del presupuesto destinado originalmente a la construcción de los módulos para la reubicación de los vendedores informales de la zona céntrica de la ciudad.
Hoy aún no hay módulos, pero si una campaña en marcha.
La escena, sin lugar a duda, formará parte de la historia patria contemporánea. En uno de los salones de la Casa de Nariño, 170 congresistas de la bancada de gobierno y de recién llegados de otras fuerzas se reunieron con el presidente Uribe para celebrar la victoria del candidato oficial Juan Manuel Santos en la primera vuelta. El emocionado anfitrión los recibió con desayuno a todo dar. Lo que se les olvidó a todos, incluyendo al inquilino de Palacio, es que la cuenta por el servicio alimenticio prestado, no la pagaron el partido de La U., ni los congresistas, sino los contribuyentes colombianos.
Para ser más claros, una reunión política, a la cual por Constitución no podía participar el presidente de la República, fue celebrada en la misma casa de gobierno y la atención a los visitantes, todos santistas, fue pagada con recursos públicos. Y lo peor, nadie dijo nada. Fue tan evidente, tan directa, tan poco disimulada la participación del mandatario Álvaro Uribe en la campaña presidencial, que se consideró normal el balance de la votación con los congresistas, la invitación a cerrar filas para la segunda vuelta y el cargo del desayuno al Presupuesto Nacional.
Ese mensaje de parcialidad, de preferencia, de participación indebida en política del presidente, símbolo de la unidad nacional, termina generando un mensaje contradictorio de “todo vale”; del “poder es para poder” y “los recursos públicos son para beneficiar a los amigos, los socios políticos y los financiadores de las campañas”.
Es tan ligera, desequilibrada y manifiesta la forma como se manejan los dineros del Estado, son tan evidentes las mafias de los contratistas; las redes de concesionarios e intermediarios, que una campaña y un candidato tuvieron que recordarles a los ciudadanos que los recursos públicos son sagrados y que la buena inversión del presupuesto debe revertir en riqueza social.
Son tan poco sagrados los recursos públicos, que los gobernadores, alcaldes y funcionarios los terminan utilizando como cuota inicial para apuntalar sus futuras aspiraciones. Es habitual encontrar revistas, plegables, cuñas radiales y programas televisivos, en dónde el mandatario, por obra y gracia de sus asesores publicitarios, se convierte en la única imagen para mostrar del departamento o del municipio.
En el reciente informe de gestión de la Gobernación de Risaralda en 2009, el mandatario seccional Víctor Manuel Tamayo aparece en 43 fotografías; con lo cual supera ampliamente las 32 apariciones impresas del ex gobernador Carlos Alberto Botero, en su balance del 2007.
Son tan poco sagrados los recursos públicos que, por ejemplo en nuestra ciudad, la empresa Aguas y Aguas se gasta más de cinco millones de pesos, en un aviso publicitario de una página completa en el periódico, full color, con una foto de la gerente Maria Irma Noreña, para mostrar que “su compromiso con Pereira es transparente”.
Y son tan poco sagrados los recursos públicos que el ex secretario de gobierno de Pereira John Diego Molina, hoy asesor privado y precandidato a la alcaldía, utilizó el año pasado - para atender diferentes compromisos políticos- 400 millones de pesos del presupuesto destinado originalmente a la construcción de los módulos para la reubicación de los vendedores informales de la zona céntrica de la ciudad.
Hoy aún no hay módulos, pero si una campaña en marcha.
miércoles, 2 de junio de 2010
Lo que cuesta tener un ministro
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En los medios de comunicación no lo quieren. En Bogotá se ha ganado un espacio en ese mundo cerrado y peligroso que se conoce como la alta política. En Pereira, tanto los que lo conocen de tiempo atrás como los que no, han denigrado de sus decisiones, las cuales consideran más cercanas al trapecismo que a la ortodoxia liberal.
Quedan muy pocas trazas del que fuera joven seguidor de Luis Carlos Galán; impúber, pero valeroso columnista de La Tarde y El Espectador; brillante concejal del Nuevo Liberalismo; juicioso constitucionalista; el hombre de mostrar de la nueva generación política pereirana; el heredero de César Gaviria; el que como presidente de la Cámara votó en contra de la absolución de Samper; el inquieto precandidato presidencial de 2006.
Desde que se rasuró el bigote, que en su juventud le permitió parecer mucho más maduro; el ex senador Rodrigo Rivera Salazar se transformó. Quizás su permanencia de un año en los Estados Unidos, lo convirtió en un ser pragmático, menos idealista, que piensa más en su proyección y en sus metas personales.
A su regreso al país, el abogado unilibrista, se dedicó a promover la tesis obduliana del “estado de Opinión” para justificar el referendo reeleccionista, en abierta contradicción con lo que aprendió de sus profesores de Derecho Constitucional.
Durante una visita a finales de 2009 a Pereira, el recién graduado en locuacidad uribista aseguró que “era necesario encontrar al responsable político de los falsos positivos” y cuando le preguntaron si era el Presidente Uribe, Rivera dijo que “No, sino el Ministro de Defensa Juan Manuel Santos.”
Para cualquier otra persona ese hubiera sido un paso al vacío. Para Rivera no. Conocido el fallo de inexequibilidad del referendo reeleccionista por parte de la Corte Constitucional y una vez en firme la candidatura presidencial de Juan Manuel Santos por el Partido de La U. el dirigente pereirano fue designado Director Político de la campaña. Ni siquiera el ofrecimiento de ser candidato presidencial del Partido de Integración Nacional, PIN, lo iba a desviar de su objetivo principal.
Con pulso de relojero y toda su sapiencia de 12 años como congresista, Rivera se dedicó a aceitar la maquinaria del uribismo, acercando a los viejos conocidos del liberalismo, entre ellos sus ex compañeros Germán Aguirre, Juan Carlos Valencia y Diego Patiño; así como a congresistas, diputados y concejales de todo el país.
En las huestes victoriosas de La U. se da como un hecho la designación de Rodrigo Rivera Salazar como Ministro del Interior y Justicia, apenas se cumpla el partido de trámite de la segunda vuelta, y como reconocimiento a la “actitud seria, comprometida y desinteresada con la campaña de Santos”.
Con cierto sarcasmo, un amigo me decía que se imaginaba en agosto próximo, a todos los que hablaron mal de Rivera durante el último año, haciendo cola para saludarlo y brindarle sus respetos, cuando lo nombren ministro del despacho. No importa cómo. Al fin, un ministro pereirano.
En los medios de comunicación no lo quieren. En Bogotá se ha ganado un espacio en ese mundo cerrado y peligroso que se conoce como la alta política. En Pereira, tanto los que lo conocen de tiempo atrás como los que no, han denigrado de sus decisiones, las cuales consideran más cercanas al trapecismo que a la ortodoxia liberal.
Quedan muy pocas trazas del que fuera joven seguidor de Luis Carlos Galán; impúber, pero valeroso columnista de La Tarde y El Espectador; brillante concejal del Nuevo Liberalismo; juicioso constitucionalista; el hombre de mostrar de la nueva generación política pereirana; el heredero de César Gaviria; el que como presidente de la Cámara votó en contra de la absolución de Samper; el inquieto precandidato presidencial de 2006.
Desde que se rasuró el bigote, que en su juventud le permitió parecer mucho más maduro; el ex senador Rodrigo Rivera Salazar se transformó. Quizás su permanencia de un año en los Estados Unidos, lo convirtió en un ser pragmático, menos idealista, que piensa más en su proyección y en sus metas personales.
A su regreso al país, el abogado unilibrista, se dedicó a promover la tesis obduliana del “estado de Opinión” para justificar el referendo reeleccionista, en abierta contradicción con lo que aprendió de sus profesores de Derecho Constitucional.
Durante una visita a finales de 2009 a Pereira, el recién graduado en locuacidad uribista aseguró que “era necesario encontrar al responsable político de los falsos positivos” y cuando le preguntaron si era el Presidente Uribe, Rivera dijo que “No, sino el Ministro de Defensa Juan Manuel Santos.”
Para cualquier otra persona ese hubiera sido un paso al vacío. Para Rivera no. Conocido el fallo de inexequibilidad del referendo reeleccionista por parte de la Corte Constitucional y una vez en firme la candidatura presidencial de Juan Manuel Santos por el Partido de La U. el dirigente pereirano fue designado Director Político de la campaña. Ni siquiera el ofrecimiento de ser candidato presidencial del Partido de Integración Nacional, PIN, lo iba a desviar de su objetivo principal.
Con pulso de relojero y toda su sapiencia de 12 años como congresista, Rivera se dedicó a aceitar la maquinaria del uribismo, acercando a los viejos conocidos del liberalismo, entre ellos sus ex compañeros Germán Aguirre, Juan Carlos Valencia y Diego Patiño; así como a congresistas, diputados y concejales de todo el país.
En las huestes victoriosas de La U. se da como un hecho la designación de Rodrigo Rivera Salazar como Ministro del Interior y Justicia, apenas se cumpla el partido de trámite de la segunda vuelta, y como reconocimiento a la “actitud seria, comprometida y desinteresada con la campaña de Santos”.
Con cierto sarcasmo, un amigo me decía que se imaginaba en agosto próximo, a todos los que hablaron mal de Rivera durante el último año, haciendo cola para saludarlo y brindarle sus respetos, cuando lo nombren ministro del despacho. No importa cómo. Al fin, un ministro pereirano.
Yo quiero un presidente…
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 27 de mayo de 2010
Varias personas se preguntan si fueron las encuestas de intención de voto las que terminaron polarizando a los colombianos entre las candidaturas de Santos y Mockus; o si, es el país mismo, luego de ocho años de uribismo, el que experimenta esa radicalización de fuerzas, en donde no caben los puntos medios. Yo me inclinó más por lo segundo.
Pero, para no caer en el juego de los buenos y los malos; los partidarios del gobierno y la oposición y en los calificativos de “apátridas”, a quienes expresen opiniones diferentes, entregaré algunas de las características que, en mi concepto particular, deberá tener el nuevo presidente de Colombia.
Yo quiero un presidente inteligente, estructurado, conocedor de la realidad nacional y que se atreva a proponer soluciones creativas, a problemas de gran impacto social como la pobreza, el desempleo, la penetración del narcotráfico en la sociedad y la calidad de la salud, la educación y los servicios domiciliarios.
Yo quiero un presidente que cumpla la Constitución y las leyes y no termine adecuando las normas para beneficio personal, así cuente con altos niveles de popularidad.
Yo quiero un gobierno de mentes abiertas, en donde se construyan políticas públicas con la participación ciudadana y de las organizaciones de la sociedad civil.
Yo quiero un gobierno en donde la mujer no sea un adorno, sino un actor social con propuestas, inquietudes y responsabilidades.
Yo quiero un gobierno en donde los recursos públicos sean sagrados, en donde los impuestos y las inversiones se manejen con pulcritud y en donde se cierren las puertas a la corrupción.
Yo quiero un gobierno en donde se focalicen los dineros del Estado para superar las desigualdades sociales y no para aumentarlas con subsidios a los más ricos, en detrimento de los más pobres.
Yo quiero un Estado colombiano, con una justicia fuerte y un gobierno sensible con el dolor de las víctimas y no cómplice de los victimarios.
Yo quiero un presidente sin temor a la crítica, acostumbrado a escuchar a los demás, a trabajar en equipo y a tomar decisiones, por impopulares que ellas sean.
Yo quiero un presidente con ética pública, que diga la verdad, que acepte sus errores y sea capaz de corregirlos.
Yo quiero un presidente comprometido con la defensa de la vida de las personas y para quien los derechos humanos sean más importante que las recompensas para eliminar al enemigo.
Yo quiero un presidente con mirada y comportamientos transparentes.
¿Será mucho pedir?
Varias personas se preguntan si fueron las encuestas de intención de voto las que terminaron polarizando a los colombianos entre las candidaturas de Santos y Mockus; o si, es el país mismo, luego de ocho años de uribismo, el que experimenta esa radicalización de fuerzas, en donde no caben los puntos medios. Yo me inclinó más por lo segundo.
Pero, para no caer en el juego de los buenos y los malos; los partidarios del gobierno y la oposición y en los calificativos de “apátridas”, a quienes expresen opiniones diferentes, entregaré algunas de las características que, en mi concepto particular, deberá tener el nuevo presidente de Colombia.
Yo quiero un presidente inteligente, estructurado, conocedor de la realidad nacional y que se atreva a proponer soluciones creativas, a problemas de gran impacto social como la pobreza, el desempleo, la penetración del narcotráfico en la sociedad y la calidad de la salud, la educación y los servicios domiciliarios.
Yo quiero un presidente que cumpla la Constitución y las leyes y no termine adecuando las normas para beneficio personal, así cuente con altos niveles de popularidad.
Yo quiero un gobierno de mentes abiertas, en donde se construyan políticas públicas con la participación ciudadana y de las organizaciones de la sociedad civil.
Yo quiero un gobierno en donde la mujer no sea un adorno, sino un actor social con propuestas, inquietudes y responsabilidades.
Yo quiero un gobierno en donde los recursos públicos sean sagrados, en donde los impuestos y las inversiones se manejen con pulcritud y en donde se cierren las puertas a la corrupción.
Yo quiero un gobierno en donde se focalicen los dineros del Estado para superar las desigualdades sociales y no para aumentarlas con subsidios a los más ricos, en detrimento de los más pobres.
Yo quiero un Estado colombiano, con una justicia fuerte y un gobierno sensible con el dolor de las víctimas y no cómplice de los victimarios.
Yo quiero un presidente sin temor a la crítica, acostumbrado a escuchar a los demás, a trabajar en equipo y a tomar decisiones, por impopulares que ellas sean.
Yo quiero un presidente con ética pública, que diga la verdad, que acepte sus errores y sea capaz de corregirlos.
Yo quiero un presidente comprometido con la defensa de la vida de las personas y para quien los derechos humanos sean más importante que las recompensas para eliminar al enemigo.
Yo quiero un presidente con mirada y comportamientos transparentes.
¿Será mucho pedir?
miércoles, 19 de mayo de 2010
La fórmula del sabor
Por Juan Antonio Ruiz Romero
La historia comenzó el siglo pasado. Eran los años de la postguerra. De la Segunda Guerra mundial, toca aclarar, en este país, que lleva 200 años en conflictos de todo tipo. Un ciudadano suizo, andariego, llegó por estos lares y decidió asentarse durante una temporada en Pereira. Esa decisión de Max Jourdan Bidell, que se volvió permanente, le cambió la vida a él y le trajo medio siglo de nuevos sabores a una ciudad que empezaba a sacar la cabeza y a hacerse notoria.
Es increíble que iniciando los años 60, sin estudios de City Marketing ni agencias de publicidad: “El Bolívar Desnudo”, Camisas Jarcano, el ciclista Rubén Darío Gómez; los vestidos Valher y Pastelería Lucerna se convirtieran en la imagen de la que, poco tiempo después, se convertiría en la capital del nuevo departamento de Risaralda.
Y para quienes dudan aún que de los grandes problemas surgen las grandes soluciones, vale la pena recordar la historia de los primeros turrones de Lucerna. En los primeros años, la pastelería y los helados exigían gran cantidad de yemas de huevo como materia prima, pero sobraban las claras. Don Max hizo las consultas con su maestro pastelero y acordaron crear una línea de productos, basándose en viejas recetas españolas e italianas. Así, con la mezcla de claras de huevo, azúcares y maní, nació uno de los productos emblema de la empresa colombo-suiza.
Cada año, Lucerna fabrica alrededor de cien millones de turrones, tanto el tradicional de maní, como los cubiertos de chocolate o aquellos con sabor a café, vainilla, limón y otras variedades. Los mismos que se consiguen en cualquier ciudad colombiana, en Centroamérica y en los mercados para latinos de Estados Unidos, España y Francia.
Después de medio siglo en el mercado, con 145 empleos directos, tres centros de producción; dos salas de té en Pereira y Armenia; dos puntos de venta en Unicentro y el Aeropuerto Matecaña, Lucerna emprende un nuevo reto: incursionar en el apetecido sector de las golosinas, chocolates y caramelos, que vende más de 700 mil millones de pesos al año en Colombia.
Un año demoró la preparación, ajustes, registros y lanzamiento de las nuevas marcas de chocolates: Nuga Nuga, Nuga Blanc y Nuga Melt, en empaques personales de 40 gramos, con los cuales buscan atender un segmento más amplio, a través de una estrategia de comercialización tienda a tienda, con la cual esperan atender inicialmente al Triángulo del Café y luego a mercados locales de Cali, Medellín y Bogotá.
La experiencia de Lucerna es un ejemplo empresarial exitoso, que sirve como referencia para la ciudad. Un manejo administrativo serio, planificado, con un equipo competente, especializado, en donde los directivos no son cuota política y donde los empleados trabajan por la empresa y no solo pensando en su beneficio personal.
La historia comenzó el siglo pasado. Eran los años de la postguerra. De la Segunda Guerra mundial, toca aclarar, en este país, que lleva 200 años en conflictos de todo tipo. Un ciudadano suizo, andariego, llegó por estos lares y decidió asentarse durante una temporada en Pereira. Esa decisión de Max Jourdan Bidell, que se volvió permanente, le cambió la vida a él y le trajo medio siglo de nuevos sabores a una ciudad que empezaba a sacar la cabeza y a hacerse notoria.
Es increíble que iniciando los años 60, sin estudios de City Marketing ni agencias de publicidad: “El Bolívar Desnudo”, Camisas Jarcano, el ciclista Rubén Darío Gómez; los vestidos Valher y Pastelería Lucerna se convirtieran en la imagen de la que, poco tiempo después, se convertiría en la capital del nuevo departamento de Risaralda.
Y para quienes dudan aún que de los grandes problemas surgen las grandes soluciones, vale la pena recordar la historia de los primeros turrones de Lucerna. En los primeros años, la pastelería y los helados exigían gran cantidad de yemas de huevo como materia prima, pero sobraban las claras. Don Max hizo las consultas con su maestro pastelero y acordaron crear una línea de productos, basándose en viejas recetas españolas e italianas. Así, con la mezcla de claras de huevo, azúcares y maní, nació uno de los productos emblema de la empresa colombo-suiza.
Cada año, Lucerna fabrica alrededor de cien millones de turrones, tanto el tradicional de maní, como los cubiertos de chocolate o aquellos con sabor a café, vainilla, limón y otras variedades. Los mismos que se consiguen en cualquier ciudad colombiana, en Centroamérica y en los mercados para latinos de Estados Unidos, España y Francia.
Después de medio siglo en el mercado, con 145 empleos directos, tres centros de producción; dos salas de té en Pereira y Armenia; dos puntos de venta en Unicentro y el Aeropuerto Matecaña, Lucerna emprende un nuevo reto: incursionar en el apetecido sector de las golosinas, chocolates y caramelos, que vende más de 700 mil millones de pesos al año en Colombia.
Un año demoró la preparación, ajustes, registros y lanzamiento de las nuevas marcas de chocolates: Nuga Nuga, Nuga Blanc y Nuga Melt, en empaques personales de 40 gramos, con los cuales buscan atender un segmento más amplio, a través de una estrategia de comercialización tienda a tienda, con la cual esperan atender inicialmente al Triángulo del Café y luego a mercados locales de Cali, Medellín y Bogotá.
La experiencia de Lucerna es un ejemplo empresarial exitoso, que sirve como referencia para la ciudad. Un manejo administrativo serio, planificado, con un equipo competente, especializado, en donde los directivos no son cuota política y donde los empleados trabajan por la empresa y no solo pensando en su beneficio personal.
Una ciudad desteñida
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 13 de mayo
En los distintos sitios a los que uno asiste como periodista o como ciudadano, el tema de discusión es: ¿Qué está pasando con Pereira?
A diferencia de otros momentos, en los que los comentarios se referían a los nuevos proyectos en construcción, a las obras del Sistema de Transporte Masivo; a los componentes de renovación urbana; los alcances de la educación gratuita; lo que se percibe en las últimas semanas es un tono de preocupación y angustia. El mismo que han exteriorizado los editorialistas de La Tarde y de El Diario del Otún, dirigentes políticos y gremiales, e incluso, copartidarios del señor alcalde.
Cualquiera podría decir que en la actualidad se están ejecutando obras: La glorieta de la calle 50 con Avenida de las Américas; las vías por valorización; los colegios por concesión; la primera fase del anillo longitudinal; la Ciudadela El Remanso; la Avenida San Mateo, la ampliación del estadio Hernán Ramírez Villegas…
Pero, creo que los comentarios y la percepción, así sea parcial e incompleta, sobre la gestión de la administración municipal van más allá de las inversiones y las obras. Es una sensación de agotamiento, de desazón, de desesperanza…se perdió la confianza en quienes están al frente de nuestra ciudad. Una ciudad que vemos descolorida, sucia, descuidada, como si no tuviera dolientes. Y eso también, en parte, es culpa nuestra.
Nadie duda de la capacidad de convocatoria del alcalde. Lo que pasa es que no la aprovecha para potenciar soluciones a los temas de ciudad, sino solo para apagar incendios mediáticos y dolores de cabeza temporales. Como el del desempleo y los homicidios, que regresan cada mes recargados, con las cifras del Dane y del Consejo de Seguridad.
El gran problema y él lo sabe desde el principio, es que se encuentra muy solo. Un gabinete de muy bajo perfil, en donde varios están pensando más en su futuro personal que en el presente de la ciudad y unos asesores, más acostumbrados a elogiar que a corregir.
Hace unas semanas, el alcalde de Cali preguntó en un Consejo de Gobierno a sus colaboradores quienes se iban a postular para las elecciones del año entrante, con el fin de saber con quién cuenta hasta el final.
Aquí, el alcalde de Pereira debería hacer lo mismo. Pero, además, pedirles la renuncia lo más pronto posible y efectuar los ajustes para el año y medio de gobierno que queda, a ver si logran dar un “timonazo” a la administración y recobra la confianza que le brindaron los pereiranos en las urnas. Hay decisiones que pueden ser impopulares, pero hay que tomarlas y pronto.
El líder, y mucho más cuando es político, tiene que saber escuchar, pedir consejo, construir soluciones y ante todo, aplicar correctivos. Yo quisiera seguir creyendo en el alcalde de Pereira, a pesar de que el tiempo se le está acabando.
En los distintos sitios a los que uno asiste como periodista o como ciudadano, el tema de discusión es: ¿Qué está pasando con Pereira?
A diferencia de otros momentos, en los que los comentarios se referían a los nuevos proyectos en construcción, a las obras del Sistema de Transporte Masivo; a los componentes de renovación urbana; los alcances de la educación gratuita; lo que se percibe en las últimas semanas es un tono de preocupación y angustia. El mismo que han exteriorizado los editorialistas de La Tarde y de El Diario del Otún, dirigentes políticos y gremiales, e incluso, copartidarios del señor alcalde.
Cualquiera podría decir que en la actualidad se están ejecutando obras: La glorieta de la calle 50 con Avenida de las Américas; las vías por valorización; los colegios por concesión; la primera fase del anillo longitudinal; la Ciudadela El Remanso; la Avenida San Mateo, la ampliación del estadio Hernán Ramírez Villegas…
Pero, creo que los comentarios y la percepción, así sea parcial e incompleta, sobre la gestión de la administración municipal van más allá de las inversiones y las obras. Es una sensación de agotamiento, de desazón, de desesperanza…se perdió la confianza en quienes están al frente de nuestra ciudad. Una ciudad que vemos descolorida, sucia, descuidada, como si no tuviera dolientes. Y eso también, en parte, es culpa nuestra.
Nadie duda de la capacidad de convocatoria del alcalde. Lo que pasa es que no la aprovecha para potenciar soluciones a los temas de ciudad, sino solo para apagar incendios mediáticos y dolores de cabeza temporales. Como el del desempleo y los homicidios, que regresan cada mes recargados, con las cifras del Dane y del Consejo de Seguridad.
El gran problema y él lo sabe desde el principio, es que se encuentra muy solo. Un gabinete de muy bajo perfil, en donde varios están pensando más en su futuro personal que en el presente de la ciudad y unos asesores, más acostumbrados a elogiar que a corregir.
Hace unas semanas, el alcalde de Cali preguntó en un Consejo de Gobierno a sus colaboradores quienes se iban a postular para las elecciones del año entrante, con el fin de saber con quién cuenta hasta el final.
Aquí, el alcalde de Pereira debería hacer lo mismo. Pero, además, pedirles la renuncia lo más pronto posible y efectuar los ajustes para el año y medio de gobierno que queda, a ver si logran dar un “timonazo” a la administración y recobra la confianza que le brindaron los pereiranos en las urnas. Hay decisiones que pueden ser impopulares, pero hay que tomarlas y pronto.
El líder, y mucho más cuando es político, tiene que saber escuchar, pedir consejo, construir soluciones y ante todo, aplicar correctivos. Yo quisiera seguir creyendo en el alcalde de Pereira, a pesar de que el tiempo se le está acabando.
miércoles, 5 de mayo de 2010
No podemos equivocarnos
Por Juan Antonio Ruiz Romero
En una columna reciente asegurábamos que, en el caso de los candidatos presidenciales colombianos: “Si hay con quién”, teniendo en cuenta su formación, estilo, trayectoria y propuestas políticas, en dónde hay para todos los gustos.
Más allá de cualquier consideración partidista o de las mismas encuestas, nadie niega el brillo intelectual de Rafael Pardo; la claridad conceptual de Gustavo Petro; la preparación de Germán Vargas Lleras; el entusiasmo de Noemí Sanín; la honestidad e inteligencia de Antanas Mockus y la formación académica de Juan Manuel Santos.
La decisión de los votantes sobre quién será el nuevo presidente o presidenta, implicará desde los ejercicios mentales y muy racionales, hasta los emocionales, en donde primarán las simpatías, los desafectos y lo que los analistas llaman “el voto útil”, entre quienes encabezan los sondeos de opinión. Algunos compararán entre lo hecho y lo dejado de hacer por los aspirantes. La conformación de sus equipos de trabajo y las sombras en su pasado de figuras públicas. Unos votarán por la continuidad de la guerra y otros le apostarán a la educación y a la cultura ciudadana, como fórmula para reconstruir la esperanza.
Y mientras avanza la campaña presidencial, empiezan, en forma paralela, los preparativos, visitas y acercamientos de quienes aspiran a suceder a Israel Londoño en la alcaldía de Pereira. A uno le podría parecer un poco prematuro, teniendo en cuenta que las elecciones son en octubre del año entrante. Pero si tenemos en cuenta que la mayoría de aspirantes son funcionarios públicos que deben renunciar, y que en febrero o marzo del año entrante deberán efectuarse consultas internas de los partidos para elegir sus candidatos, entendemos los cronogramas tan anticipados.
Por ello, apenas acabe la contienda presidencial, tendremos que abrir un debate en Pereira para analizar cuál es el tipo de mandatarios que esperamos para los primeros cargos del municipio y del departamento. Si es suficiente para un candidato ser el ahijado del senador o del representante a la Cámara; si queremos un alcalde, manejado a control remoto, desde un directorio político o desde el exterior; si la capacidad de una persona como administrador se mide por los cargos que ocupó en nombre de su jefe político o si seguimos creyendo que el alcalde debe ser un todero, que se encargue de todos los problemas del municipio, desde la pobreza y el desempleo hasta la tapada de huecos, el traslado de un maestro, el estímulo al emprendimiento y la construcción de unas huellas veredales. O incluso, si a esos cargos debe volver un repitente.
Lo primero que deben hacer los interesados en postularse a la Alcaldía de Pereira y a la Gobernación y que son funcionarios públicos es renunciar. Nos parece que no tiene presentación que secretarios de despacho y asesores, vayan por ahí, en ejercicio de sus cargos, ambientando sus candidaturas y buscando respaldos. Todos tienen derecho a aspirar, pero también tienen que ponerse la mano en el corazón y preguntarse, con toda sinceridad, si están lo suficientemente calificados para asumir el manejo de la ciudad.
En Pereira, necesitamos un alcalde que no solo tenga respaldo político, sino sobre todo reconocimiento y respeto ciudadano. Y eso no se compra, sino se gana. Por eso, aún estamos a tiempo, ya que no podemos equivocarnos.
En una columna reciente asegurábamos que, en el caso de los candidatos presidenciales colombianos: “Si hay con quién”, teniendo en cuenta su formación, estilo, trayectoria y propuestas políticas, en dónde hay para todos los gustos.
Más allá de cualquier consideración partidista o de las mismas encuestas, nadie niega el brillo intelectual de Rafael Pardo; la claridad conceptual de Gustavo Petro; la preparación de Germán Vargas Lleras; el entusiasmo de Noemí Sanín; la honestidad e inteligencia de Antanas Mockus y la formación académica de Juan Manuel Santos.
La decisión de los votantes sobre quién será el nuevo presidente o presidenta, implicará desde los ejercicios mentales y muy racionales, hasta los emocionales, en donde primarán las simpatías, los desafectos y lo que los analistas llaman “el voto útil”, entre quienes encabezan los sondeos de opinión. Algunos compararán entre lo hecho y lo dejado de hacer por los aspirantes. La conformación de sus equipos de trabajo y las sombras en su pasado de figuras públicas. Unos votarán por la continuidad de la guerra y otros le apostarán a la educación y a la cultura ciudadana, como fórmula para reconstruir la esperanza.
Y mientras avanza la campaña presidencial, empiezan, en forma paralela, los preparativos, visitas y acercamientos de quienes aspiran a suceder a Israel Londoño en la alcaldía de Pereira. A uno le podría parecer un poco prematuro, teniendo en cuenta que las elecciones son en octubre del año entrante. Pero si tenemos en cuenta que la mayoría de aspirantes son funcionarios públicos que deben renunciar, y que en febrero o marzo del año entrante deberán efectuarse consultas internas de los partidos para elegir sus candidatos, entendemos los cronogramas tan anticipados.
Por ello, apenas acabe la contienda presidencial, tendremos que abrir un debate en Pereira para analizar cuál es el tipo de mandatarios que esperamos para los primeros cargos del municipio y del departamento. Si es suficiente para un candidato ser el ahijado del senador o del representante a la Cámara; si queremos un alcalde, manejado a control remoto, desde un directorio político o desde el exterior; si la capacidad de una persona como administrador se mide por los cargos que ocupó en nombre de su jefe político o si seguimos creyendo que el alcalde debe ser un todero, que se encargue de todos los problemas del municipio, desde la pobreza y el desempleo hasta la tapada de huecos, el traslado de un maestro, el estímulo al emprendimiento y la construcción de unas huellas veredales. O incluso, si a esos cargos debe volver un repitente.
Lo primero que deben hacer los interesados en postularse a la Alcaldía de Pereira y a la Gobernación y que son funcionarios públicos es renunciar. Nos parece que no tiene presentación que secretarios de despacho y asesores, vayan por ahí, en ejercicio de sus cargos, ambientando sus candidaturas y buscando respaldos. Todos tienen derecho a aspirar, pero también tienen que ponerse la mano en el corazón y preguntarse, con toda sinceridad, si están lo suficientemente calificados para asumir el manejo de la ciudad.
En Pereira, necesitamos un alcalde que no solo tenga respaldo político, sino sobre todo reconocimiento y respeto ciudadano. Y eso no se compra, sino se gana. Por eso, aún estamos a tiempo, ya que no podemos equivocarnos.
miércoles, 28 de abril de 2010
¿Qué será lo que tenemos?
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Sin duda debe ser un encanto especial. Algo vibrante, único, genético. Pereira tiene una atracción infinita, tentadora, absorbente. Estamos de moda. El problema es que no fue como resultado de la estrategia de City Marketing y de los esfuerzos entre sectores público y privado. Nos pusieron en boca de todos, a las malas, a empellones, aprovechándose de lo amables y acogedores que somos.
Cero y van tres. La primera fue la columnista colombo española Salud Hernández, quién, luego de una visita relámpago de dos días, se atrevió a aseverar con un facilismo irresponsable que Pereira era la cuna de la prostitución, por encima de Las Vegas, Bangkok, Amsterdam o La Habana. Cuando conoció la reacción de las autoridades, en ese momento encabezadas por una gobernadora y una alcaldesa, la periodista dio por terminado el debate en forma unilateral.
Unos años más tarde, el escritor Gustavo Bolívar, aunque nació en Girardot y creció en Bogotá, le pareció atractivo incluir a Pereira como sede de la historia de la novela de ficción que lo consagró en el mundo de la narcoliteratura y del éxito de ventas, basado en el dolor ajeno. Revisemos lo que dice Wikipedia sobre el particular: “Sin tetas no hay paraíso” generó todo tipo de polémicas en el país, por su lenguaje descarnado y real y por haber desarrollado su trama en Pereira, una ciudad estigmatizada por el narcotráfico y la prostitución donde se produjeron algunas protestas contra el libro y la serie, encabezadas por el alcalde de la ciudad.”
En mayo de 2006, la revista Semana publica un informe titulado Baby Sicario, sobre un joven de 13 años, acusado de homicidio y quién fue rescatado por sus compañeros del Centro de Reeducación Marceliano Ossa. En febrero de 2008, la misma revista vuelve a abordar el tema de las pandillas y el microtráfico de drogas en Pereira y Dosquebradas y, con gran originalidad, lo bautiza: “Los Baby Sicarios”.
Por eso, lo que hizo el programa de televisión REC Reporteros Cuatro del canal 4 del grupo Prisa de España fue retomar la idea y venir a construirla, a como diera lugar. Vale la pena recordar que ese espacio de “periodismo investigativo” se estaba lanzando el viernes pasado 23 de abril y necesitaba “ganar audiencia a como diera lugar”. De acuerdo con lo demostrado por la periodista Angela María Villegas en el canal Une, las entrevistas con los muchachos del Marceliano Ossa fueron un montaje, amarillista, de testimonios ficticios, en donde le pidieron a los muchachos que contaran “historias escabrosas y extremas”. Las órdenes de ingreso al Centro de Reeducación de los tres entrevistados son por hurto agravado, extorsión y complicidad en un homicidio. Ninguno de los tres es un “baby sicario”.
Generalizar es demasiado fácil y puede ocasionar injustos señalamientos. En Pereira, como en muchos sitios del país y del mundo, hay marginalidad, pobreza, crimen organizado, mujeres prepago y jóvenes delincuentes.
Pero decir que nuestra ciudad es cuna de la prostitución, el narcotráfico y los niños sicarios sería como afirmar que todos los españoles no se bañan, son xenófobos, machistas, maltratadores, ventajosos, borrachines y promiscuos.
Sin duda debe ser un encanto especial. Algo vibrante, único, genético. Pereira tiene una atracción infinita, tentadora, absorbente. Estamos de moda. El problema es que no fue como resultado de la estrategia de City Marketing y de los esfuerzos entre sectores público y privado. Nos pusieron en boca de todos, a las malas, a empellones, aprovechándose de lo amables y acogedores que somos.
Cero y van tres. La primera fue la columnista colombo española Salud Hernández, quién, luego de una visita relámpago de dos días, se atrevió a aseverar con un facilismo irresponsable que Pereira era la cuna de la prostitución, por encima de Las Vegas, Bangkok, Amsterdam o La Habana. Cuando conoció la reacción de las autoridades, en ese momento encabezadas por una gobernadora y una alcaldesa, la periodista dio por terminado el debate en forma unilateral.
Unos años más tarde, el escritor Gustavo Bolívar, aunque nació en Girardot y creció en Bogotá, le pareció atractivo incluir a Pereira como sede de la historia de la novela de ficción que lo consagró en el mundo de la narcoliteratura y del éxito de ventas, basado en el dolor ajeno. Revisemos lo que dice Wikipedia sobre el particular: “Sin tetas no hay paraíso” generó todo tipo de polémicas en el país, por su lenguaje descarnado y real y por haber desarrollado su trama en Pereira, una ciudad estigmatizada por el narcotráfico y la prostitución donde se produjeron algunas protestas contra el libro y la serie, encabezadas por el alcalde de la ciudad.”
En mayo de 2006, la revista Semana publica un informe titulado Baby Sicario, sobre un joven de 13 años, acusado de homicidio y quién fue rescatado por sus compañeros del Centro de Reeducación Marceliano Ossa. En febrero de 2008, la misma revista vuelve a abordar el tema de las pandillas y el microtráfico de drogas en Pereira y Dosquebradas y, con gran originalidad, lo bautiza: “Los Baby Sicarios”.
Por eso, lo que hizo el programa de televisión REC Reporteros Cuatro del canal 4 del grupo Prisa de España fue retomar la idea y venir a construirla, a como diera lugar. Vale la pena recordar que ese espacio de “periodismo investigativo” se estaba lanzando el viernes pasado 23 de abril y necesitaba “ganar audiencia a como diera lugar”. De acuerdo con lo demostrado por la periodista Angela María Villegas en el canal Une, las entrevistas con los muchachos del Marceliano Ossa fueron un montaje, amarillista, de testimonios ficticios, en donde le pidieron a los muchachos que contaran “historias escabrosas y extremas”. Las órdenes de ingreso al Centro de Reeducación de los tres entrevistados son por hurto agravado, extorsión y complicidad en un homicidio. Ninguno de los tres es un “baby sicario”.
Generalizar es demasiado fácil y puede ocasionar injustos señalamientos. En Pereira, como en muchos sitios del país y del mundo, hay marginalidad, pobreza, crimen organizado, mujeres prepago y jóvenes delincuentes.
Pero decir que nuestra ciudad es cuna de la prostitución, el narcotráfico y los niños sicarios sería como afirmar que todos los españoles no se bañan, son xenófobos, machistas, maltratadores, ventajosos, borrachines y promiscuos.
El Top de los mal queridos
Por Juan Antonio Ruiz Romero, jueves 22 de abril
Hay situaciones, que por donde uno las mire, carecen de una explicación lógica. El ejercicio de la política, con las simpatías y desafectos que genera, es una de ellas. Me explico. La gran mayoría de los ciudadanos tiene un mal concepto de los dirigentes políticos, habla “pestes” de ellos, dice que “no los quiere ver ni en pintura”, pero cuándo se los encuentra, todo el discurso se silencia, se acerca, les sonríe, les saluda y, si alcanza, les da palmaditas en la espalda.
De alguna manera, quiénes escogen la política como una opción de vida saben a qué atenerse. Conocen que es una profesión desprestigiada, con muchas sombras y sospechas. Pero algo tendrá como retribución, directa o indirecta, en la medida en que se mantienen por ese camino.
En el caso de la dirigencia política risaraldense hay tres casos en la actualidad, tal vez los más visibles, en donde los odios y resentimientos que acumulan son proporcionales al poder que alcanzan.
El Top de los Mal queridos lo encabeza por estrecho margen, el ex congresista revocado Octavio Carmona Salazar. Sagaz, con profundo olfato, hábil en la componenda. Aunque ni él ni su esposa trabajan, la política les genera ingresos para vivir y para invertir millonarias sumas en campañas. Hoy, la sociedad con el gobernador Tamayo y un buen número de alcaldes, mantiene a Carmona vigente, aunque muchos le hagan el feo y quieran, desde tiempo atrás, sacarlo del escenario político regional.
En la segunda casilla, aparece el reelegido representante a la Cámara Diego Patiño Amariles, a quién la virulencia de la pasada campaña electoral, de seguro también le aumentó el número de no simpatizantes. Aunque el dirigente liberal, de recordada trayectoria como gobernante no convence como congresista, tiene el reto de reorganizar su partido en Risaralda, fracturado por los personalismos y sin yeso a la vista. En sus manos de ingeniero, está la oportunidad de ser constructor de unidad o ser recordado, simplemente, como el “Rey de los Escombros”.
El tercer clasificado en el Top de los Mal queridos es el senador electo Carlos Enrique Soto Jaramillo. Él, que siendo el presidente departamental del Partido de La U., tuvo que luchar contra encopetados pereiranos que, a sus espaldas en Bogotá, trataron de moverle la silla y buscar candidatos alternos “más representativos”. A Soto le coquetean, lo buscan para alianzas y se lo aguantan por el poder político y burocrático que acumula, pero no lo quieren con sinceridad.
Las razones del podio de los Mal queridos pueden ser muchas. Una puede ser sin duda el agotamiento de los votantes con los nombres de Carmona, Patiño y Soto que desde hace 20 años son protagonistas de la vida política regional. Otra, el origen popular de los tres dirigentes, que, desde luego, genera algunas prevenciones en los tradicionales círculos de poder.
Y la tercera explicación, podría ser que, con excepción de Patiño, los otros dos miembros del ranking, a pesar de su falta de estudios profesionales, se convirtieron en “doctores” de la política y alcanzaron curules en el Congreso, meta vedada a muchos no tan hábiles, pero si más preparados.
A diferencia del maestro Echandía que se preguntaba: ¿El Poder para qué?, Carmona, Patiño y Soto si conocen la respuesta: para repartirlo con sus amigos, aunque tengan que cantar a dúo con Javier Solís: “Ay que agonía, pobre de mi ser malquerido, aun asi de noche y día (la política) vive conmigo”.
Hay situaciones, que por donde uno las mire, carecen de una explicación lógica. El ejercicio de la política, con las simpatías y desafectos que genera, es una de ellas. Me explico. La gran mayoría de los ciudadanos tiene un mal concepto de los dirigentes políticos, habla “pestes” de ellos, dice que “no los quiere ver ni en pintura”, pero cuándo se los encuentra, todo el discurso se silencia, se acerca, les sonríe, les saluda y, si alcanza, les da palmaditas en la espalda.
De alguna manera, quiénes escogen la política como una opción de vida saben a qué atenerse. Conocen que es una profesión desprestigiada, con muchas sombras y sospechas. Pero algo tendrá como retribución, directa o indirecta, en la medida en que se mantienen por ese camino.
En el caso de la dirigencia política risaraldense hay tres casos en la actualidad, tal vez los más visibles, en donde los odios y resentimientos que acumulan son proporcionales al poder que alcanzan.
El Top de los Mal queridos lo encabeza por estrecho margen, el ex congresista revocado Octavio Carmona Salazar. Sagaz, con profundo olfato, hábil en la componenda. Aunque ni él ni su esposa trabajan, la política les genera ingresos para vivir y para invertir millonarias sumas en campañas. Hoy, la sociedad con el gobernador Tamayo y un buen número de alcaldes, mantiene a Carmona vigente, aunque muchos le hagan el feo y quieran, desde tiempo atrás, sacarlo del escenario político regional.
En la segunda casilla, aparece el reelegido representante a la Cámara Diego Patiño Amariles, a quién la virulencia de la pasada campaña electoral, de seguro también le aumentó el número de no simpatizantes. Aunque el dirigente liberal, de recordada trayectoria como gobernante no convence como congresista, tiene el reto de reorganizar su partido en Risaralda, fracturado por los personalismos y sin yeso a la vista. En sus manos de ingeniero, está la oportunidad de ser constructor de unidad o ser recordado, simplemente, como el “Rey de los Escombros”.
El tercer clasificado en el Top de los Mal queridos es el senador electo Carlos Enrique Soto Jaramillo. Él, que siendo el presidente departamental del Partido de La U., tuvo que luchar contra encopetados pereiranos que, a sus espaldas en Bogotá, trataron de moverle la silla y buscar candidatos alternos “más representativos”. A Soto le coquetean, lo buscan para alianzas y se lo aguantan por el poder político y burocrático que acumula, pero no lo quieren con sinceridad.
Las razones del podio de los Mal queridos pueden ser muchas. Una puede ser sin duda el agotamiento de los votantes con los nombres de Carmona, Patiño y Soto que desde hace 20 años son protagonistas de la vida política regional. Otra, el origen popular de los tres dirigentes, que, desde luego, genera algunas prevenciones en los tradicionales círculos de poder.
Y la tercera explicación, podría ser que, con excepción de Patiño, los otros dos miembros del ranking, a pesar de su falta de estudios profesionales, se convirtieron en “doctores” de la política y alcanzaron curules en el Congreso, meta vedada a muchos no tan hábiles, pero si más preparados.
A diferencia del maestro Echandía que se preguntaba: ¿El Poder para qué?, Carmona, Patiño y Soto si conocen la respuesta: para repartirlo con sus amigos, aunque tengan que cantar a dúo con Javier Solís: “Ay que agonía, pobre de mi ser malquerido, aun asi de noche y día (la política) vive conmigo”.
miércoles, 14 de abril de 2010
Hacia la legalidad democrática
Por Juan Antonio Ruiz Romero
Más allá de las frases cortas, llamativas y efectistas que marcan la actual campaña electoral, una de las reflexiones más interesantes la hizo el profesor Antanas Mockus, al referirse al daño que el narcotráfico y la “cultura de la trampa” le están haciendo al país.
El ex alcalde de Bogotá considera que los colombianos debemos decantar una posición frente al narcotráfico. Mientras un porcentaje, así sea pequeño, de la población lo avala, lo justifica, lo encuentra razonable e incluso vota por personajes que han tenido vínculos con el crimen organizado, es claro que somos víctimas de una flexibilidad moral que afecta a la sociedad en su conjunto.
Al considerar que debemos pasar de la “seguridad democrática” a la legalidad democrática, Mockus asegura que esa política implica un no al crimen, a la corrupción, al atajo y a la trampa.
De acuerdo con Administrador Cultural de la Universidad Javeriana y magister en Estudios Culturales Oscar Hernández Salgar: “El narcotráfico ha potenciado en Colombia una cultura en la que es justificable salirse de la ley -por ejemplo usando la violencia- para adquirir poder. Esa cultura es algo que tienen en común los guerrilleros de las Farc, “Los Rastrojos”, los políticos del PIN, y algunos niños que desde las comunas de Medellín aspiran a ser otro Pablo Escobar, otro Chupeta, otro Don Berna. Pero la cultura del narcotráfico no se ha limitado a los círculos cercanos de los narcotraficantes. La cultura mafiosa ha terminado haciendo cada vez más débiles los límites morales, legales y culturales de grandes sectores de la población. A muchos no les parece grave evadir uno que otro impuesto de vez en cuando, o saltarse la letra pequeña cada cierto tiempo - "¡Pero si yo no le hago daño a nadie. El estado no siente!"-. Estamos más acostumbrados que otras sociedades a darnos permisos, a forzar los límites y a usar atajos para "facilitar las cosas". No es que todo esto sea un fruto del narcotráfico, pero nadie puede desconocer que el narcotráfico ha logrado sacar lo peor de muchos colombianos. Y una de esas peores cosas es la cultura de la trampa y el atajo.”
Cuándo revisamos en la vida diaria esos conceptos son más cercanos para nosotros de lo que pensamos. Con la experiencia que le da su labor, el comandante de la Regional de la Policía Nacional en el Eje Cafetero, general José David Guzmán concluye que el microtráfico de drogas es un factor de gran incidencia en la seguridad ciudadana y el responsable de numerosas muertes violentas, por venganzas y ajustes de cuentas.
Esa situación se refleja, no solo en las cifras de homicidios, sino en hechos dolorosos vividos en Pereira en los últimos meses como balaceras en centros comerciales, en los barriosvías y hasta en el campus de la principal universidad pública de la ciudad. Es cierto que durante 2009, se lograron reducir de 734 a 591 los homicidios en el departamento de Risaralda y que en Pereira se bajó de 400 muertes violentas a 297. El problema es que la causa estructural se mantiene, se muta y se transforma.
Quizás, tras ocho años de multimillonarios presupuestos para la guerra, es el momento de redireccionar la visión de país y regresar a lo básico: pensar que en Colombia todos tengamos derecho a la vida, porque es sagrada.
Más allá de las frases cortas, llamativas y efectistas que marcan la actual campaña electoral, una de las reflexiones más interesantes la hizo el profesor Antanas Mockus, al referirse al daño que el narcotráfico y la “cultura de la trampa” le están haciendo al país.
El ex alcalde de Bogotá considera que los colombianos debemos decantar una posición frente al narcotráfico. Mientras un porcentaje, así sea pequeño, de la población lo avala, lo justifica, lo encuentra razonable e incluso vota por personajes que han tenido vínculos con el crimen organizado, es claro que somos víctimas de una flexibilidad moral que afecta a la sociedad en su conjunto.
Al considerar que debemos pasar de la “seguridad democrática” a la legalidad democrática, Mockus asegura que esa política implica un no al crimen, a la corrupción, al atajo y a la trampa.
De acuerdo con Administrador Cultural de la Universidad Javeriana y magister en Estudios Culturales Oscar Hernández Salgar: “El narcotráfico ha potenciado en Colombia una cultura en la que es justificable salirse de la ley -por ejemplo usando la violencia- para adquirir poder. Esa cultura es algo que tienen en común los guerrilleros de las Farc, “Los Rastrojos”, los políticos del PIN, y algunos niños que desde las comunas de Medellín aspiran a ser otro Pablo Escobar, otro Chupeta, otro Don Berna. Pero la cultura del narcotráfico no se ha limitado a los círculos cercanos de los narcotraficantes. La cultura mafiosa ha terminado haciendo cada vez más débiles los límites morales, legales y culturales de grandes sectores de la población. A muchos no les parece grave evadir uno que otro impuesto de vez en cuando, o saltarse la letra pequeña cada cierto tiempo - "¡Pero si yo no le hago daño a nadie. El estado no siente!"-. Estamos más acostumbrados que otras sociedades a darnos permisos, a forzar los límites y a usar atajos para "facilitar las cosas". No es que todo esto sea un fruto del narcotráfico, pero nadie puede desconocer que el narcotráfico ha logrado sacar lo peor de muchos colombianos. Y una de esas peores cosas es la cultura de la trampa y el atajo.”
Cuándo revisamos en la vida diaria esos conceptos son más cercanos para nosotros de lo que pensamos. Con la experiencia que le da su labor, el comandante de la Regional de la Policía Nacional en el Eje Cafetero, general José David Guzmán concluye que el microtráfico de drogas es un factor de gran incidencia en la seguridad ciudadana y el responsable de numerosas muertes violentas, por venganzas y ajustes de cuentas.
Esa situación se refleja, no solo en las cifras de homicidios, sino en hechos dolorosos vividos en Pereira en los últimos meses como balaceras en centros comerciales, en los barriosvías y hasta en el campus de la principal universidad pública de la ciudad. Es cierto que durante 2009, se lograron reducir de 734 a 591 los homicidios en el departamento de Risaralda y que en Pereira se bajó de 400 muertes violentas a 297. El problema es que la causa estructural se mantiene, se muta y se transforma.
Quizás, tras ocho años de multimillonarios presupuestos para la guerra, es el momento de redireccionar la visión de país y regresar a lo básico: pensar que en Colombia todos tengamos derecho a la vida, porque es sagrada.
Si hay con quién…
Por Juan Antonio Ruiz Romero, 24 de marzo de 2010
Más allá de las consideraciones jurídicas, uno de los más valiosos aportes del fallo de la Corte Constitucional sobre el referendo reeleccionista fue que, por fin, permitió visibilizar a las personas, que desean suceder al presidente Uribe.
El primer debate televisivo de esta semana, a pesar de las restricciones de tiempo, de temas y a la dificultad de profundizar sobre las propuestas de cada uno, nos permitió a los colombianos trasnochadores formarnos una idea más clara de lo que son y lo que representan los distintos aspirantes presidenciales.
La oferta es variada: desde académicos que incursionaron en la política como Mockus y Fajardo; veteranos del servicio público como Santos y Noemí y exitosos políticos de carrera como Vargas Lleras, Pardo y Petro.
Es claro que unos son más telegénicos (atractivos ante la pantalla televisiva) que otros: Fajardo registra bien, es desenvuelto, con poder de síntesis y sabe manejar el tiempo a la perfección. Noemí resplandece ante las cámaras y proyecta simpatía, aunque se le notan vacíos conceptuales, producto de sus años en las embajadas de Colombia en Europa. Pardo, tan gris y poco carismático con la gente, lució seguro, claro y espontáneo. Mockus, haciendo un gran esfuerzo intelectual, trató de condensar en un minuto, tesis sobre lo que deben ser políticas públicas y consensos nacionales frente al narcotráfico, la presencia norteamericana en bases colombianas y la necesidad de darle valor agregado de conocimiento y tecnología a las exportaciones colombianas.
Vargas Lleras, que trató de ser simpático, a pesar de su rostro adusto, demuestra dominio de los temas, ganas y deseo de gustar. Petro logró lo imposible: que los televidentes, antes de fijarse en el cuello desarreglado de su camisa, se concentraran en sus tesis sobre equidad social, soberanía y redistribución de tierras, como requisito para superar el conflicto armado. Santos cumpliendo su libreto: “Uribe fue muy bueno y yo puedo reemplazarlo porque fui periodista, fui Ministro de Comercio Exterior, Ministro de Hacienda, Ministro de Defensa, fui, fui, fui…”
Aunque el debate demoró más de dos horas, vale la pena destacar el ambiente tranquilo y de respeto que caracterizó la jornada, en donde, incluso, hubo tiempo para el humor: Noemí confesó que era muy creyente, pero Santos no era de su devoción. Pardo le dijo “anticuado” a Vargas Lleras por entregarle un portafolio impreso y no digital. A propósito de la pregunta de si le habían “chuzado” sus conversaciones, Petro dijo que “habría que preguntarle a Juan Manuel”. Fajardo confundió referendo con consulta Caribe y el candidato de La U. aseguró que cuando estuvo en la Armada, los costeños le enseñaron a bailar.
Luego de este primer cara a cara entre los aspirantes presidenciales, uno como ciudadano, quisiera que cada semana o cada quince días, durante los dos meses que restan para las elecciones, se repitieran este tipo de debates televisados, para conocer en detalle la propuesta programática de cada partido y cada candidato, ya que por tiempo, horarios y desplazamientos va a ser muy difícil verlos a todos en persona.
Por lo pronto, y aunque la sombra del presidente Uribe sigue gravitando sobre la actual campaña electoral, los televidentes vimos que en quienes aspiran a sucederlo hay inteligencia, criterio, compromiso, formación académica, experiencia e ideas, para emprender el camino hacia un nuevo Bicentenario.
Más allá de las consideraciones jurídicas, uno de los más valiosos aportes del fallo de la Corte Constitucional sobre el referendo reeleccionista fue que, por fin, permitió visibilizar a las personas, que desean suceder al presidente Uribe.
El primer debate televisivo de esta semana, a pesar de las restricciones de tiempo, de temas y a la dificultad de profundizar sobre las propuestas de cada uno, nos permitió a los colombianos trasnochadores formarnos una idea más clara de lo que son y lo que representan los distintos aspirantes presidenciales.
La oferta es variada: desde académicos que incursionaron en la política como Mockus y Fajardo; veteranos del servicio público como Santos y Noemí y exitosos políticos de carrera como Vargas Lleras, Pardo y Petro.
Es claro que unos son más telegénicos (atractivos ante la pantalla televisiva) que otros: Fajardo registra bien, es desenvuelto, con poder de síntesis y sabe manejar el tiempo a la perfección. Noemí resplandece ante las cámaras y proyecta simpatía, aunque se le notan vacíos conceptuales, producto de sus años en las embajadas de Colombia en Europa. Pardo, tan gris y poco carismático con la gente, lució seguro, claro y espontáneo. Mockus, haciendo un gran esfuerzo intelectual, trató de condensar en un minuto, tesis sobre lo que deben ser políticas públicas y consensos nacionales frente al narcotráfico, la presencia norteamericana en bases colombianas y la necesidad de darle valor agregado de conocimiento y tecnología a las exportaciones colombianas.
Vargas Lleras, que trató de ser simpático, a pesar de su rostro adusto, demuestra dominio de los temas, ganas y deseo de gustar. Petro logró lo imposible: que los televidentes, antes de fijarse en el cuello desarreglado de su camisa, se concentraran en sus tesis sobre equidad social, soberanía y redistribución de tierras, como requisito para superar el conflicto armado. Santos cumpliendo su libreto: “Uribe fue muy bueno y yo puedo reemplazarlo porque fui periodista, fui Ministro de Comercio Exterior, Ministro de Hacienda, Ministro de Defensa, fui, fui, fui…”
Aunque el debate demoró más de dos horas, vale la pena destacar el ambiente tranquilo y de respeto que caracterizó la jornada, en donde, incluso, hubo tiempo para el humor: Noemí confesó que era muy creyente, pero Santos no era de su devoción. Pardo le dijo “anticuado” a Vargas Lleras por entregarle un portafolio impreso y no digital. A propósito de la pregunta de si le habían “chuzado” sus conversaciones, Petro dijo que “habría que preguntarle a Juan Manuel”. Fajardo confundió referendo con consulta Caribe y el candidato de La U. aseguró que cuando estuvo en la Armada, los costeños le enseñaron a bailar.
Luego de este primer cara a cara entre los aspirantes presidenciales, uno como ciudadano, quisiera que cada semana o cada quince días, durante los dos meses que restan para las elecciones, se repitieran este tipo de debates televisados, para conocer en detalle la propuesta programática de cada partido y cada candidato, ya que por tiempo, horarios y desplazamientos va a ser muy difícil verlos a todos en persona.
Por lo pronto, y aunque la sombra del presidente Uribe sigue gravitando sobre la actual campaña electoral, los televidentes vimos que en quienes aspiran a sucederlo hay inteligencia, criterio, compromiso, formación académica, experiencia e ideas, para emprender el camino hacia un nuevo Bicentenario.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
